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La vacatura de la Sede Pontificia

Durante la vacatura no cabe ninguna clase de promoción papal, ni de apremio indebido por elegir

LUIS ENRIQUE OBERTO G. |  EL UNIVERSAL
miércoles 20 de febrero de 2013  12:00 AM
El día 28 de febrero de 2013 a las 20:00 -hora de Roma- terminará el pontificado del Papa Benedicto XVI, en concordancia con la renuncia de su investidura anunciada por el propio Papa al mundo católico y a toda la humanidad, a ser efectiva ese día a partir de dicha hora. En ese instante se iniciará la vacatura de la Sede Pontificia, que concluirá cuando el Cónclave de Cardenales convocado para escoger al nuevo Papa cumpla -en armonía con el querer de Dios- tan delicada y trascendente misión. Nada a ser visto como usual -ni ahora, ni después. Todo es extraordinario.

Una decisión como la adoptada por Benedicto XVI -transcurridos casi seis siglos desde el momento en el que un hecho similar ocurrió- tuvo que ser el resultado de una profunda, dilatada y dolorosa reflexión, como todos debemos comprender fue para un Papa con sus carismas y trayectoria de lucha por la evangelización de los pueblos y la afirmación de los valores intrínsecos a la persona humana y en contra del relativismo, que hoy amenaza con destruir todas las instituciones llamadas a ser preservadas. Consciente, con la mirada puesta en el bien de la Iglesia, vale decir de la humanidad.

Con alegría

Los que recibimos su elección como Papa con alegría y confianza en lo que sería su pontificado -de la mano de Dios-, aceptamos ahora con igual confianza su decisión, que no puede ser vista a la ligera y menos -como no pocos parecen mirarla- a la luz de como suelen resolverse las cuestiones del poder en las organizaciones mundanas, que no lo es nuestra Iglesia. Por eso, toda valoración bajo este sentido de lo que ocurre y del deber ser de lo que está por suceder -especialmente por parte de sus actores principales-, debe tenerse por una desviación de la misión por cumplir en esta hora difícil del acontecer católico.

Por ello, durante la vacatura no cabe ninguna clase de promoción papal, ni de apremio indebido por elegir. Tampoco señalamientos sobre cambios o tareas a realizar, carismas a poseer o representación regional a ejercer por el nuevo Papa, como si se tratara de una elección en cualquiera corporación civil.

En cuanto a Benedicto XVI, de aquí en adelante, cada día hacer presente sus prédicas -precisas y coherentes- sobre los valores que deben prevalecer en el seno y las relaciones de los pueblos, especialmente las que nos deja recogidas en sus encíclicas, homilías, discursos, conferencias, libros y otros escritos; y, su ejemplo de lucha por la libertad, la justicia, la paz y la dignidad de las personas, sin transacción de ninguna clase.

luisoberto@yahoo.com



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Comentarios (1)
Por jesus Montero Salazar
20.02.2013
9:53 AM
Viva Benedicto XVI, viva El Papa, Viva La Iglesia Católica, apostólica y romana; heredera y conservadora de la cultura Occidental, duelale a quien le duela.
 
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