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"Viejo el viento y todavía sopla"

JOSÉ DOMINGO BLANCO (MINGO) |  EL UNIVERSAL
viernes 15 de febrero de 2013  12:00 AM
A propósito del Día de la Juventud, recientemente celebrado y en pleno martes de Carnaval, me dio por pensar en todo lo contrario: en los años dorados, la juventud prolongada, la tercera edad o como quieran llamar a esa etapa de la vida donde los cabellos se visten de blanco y la piel se llena de surcos. El Día de la Juventud me hizo además recordar mi infancia en Los Jardines del Valle. Cuando mi papá iba a salir yo le preguntaba: -papá ¿a dónde vas?  Y él me respondía siempre: - Pa' viejo.

Y gracias a Dios así ha sido: hace poco celebramos el cumpleaños  89 de mi papá; es decir, su presagio de que iba "pa' viejo" se ha ido cumpliendo, para dicha nuestra. Sin embargo, la vejez tiene sus aristas. Hay quienes dicen que actualmente los 40 son los nuevos 30, los 50 los nuevos 40 y los 60 los nuevos 50, por eso del terreno que se le ha ganado al envejecimiento y que ha permitido que, aun cuando lleguen las arrugas y las canas, la vitalidad y la energía estén en su apogeo como para seguir poniéndole empeño por un buen rato más.

Sin embargo, la víspera del 12 de Febrero nos sorprendió con la noticia –titular de primera página de todos los diarios del mundo– de que el Papa Benedicto XVI renunciaba a su cargo de Sumo Pontífice argumentando que "después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio Petrino".

En uno de los titulares que me tropecé en la prensa de ese día, leí que la decisión de Benedicto XVI se produjo luego de su visita a México y Cuba. Cuando el cuerpo ya no aguanta "los trotes" que algunos cargos exigen, es mejor ser honesto con uno mismo y con todos. Por eso supongo que, en medio de un acto de fe y humildad, Benedicto XVI se sinceró y escribió en su carta de renuncia que "para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu; vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado". Parafraseando en criollo: "hasta que el cuerpo aguante".

¡Conmoción total! Algo que no ocurría en la Iglesia desde más de 600 años. El almanaque es de papel; pero, de que pesa, ¡pesa! y más cuando se lleva a cuesta la responsabilidad de conducir e incrementar la fe de la Iglesia católica. Sin embargo, me pregunto ¿cuál será el secreto de quienes, aun cuando rondan los 80, se ven como de 60: con la energía, la vitalidad y las ganas de un sexagenario, en pleno uso de sus facultades y funciones?

El día que mi papá cumplió los 89, recibió la llamada de un amigo entrañable, compañero de faenas: Rafaelito, quien con sus 100 años bien llevados y vividos, le contó a mi papá que su secreto para llegar "al cupón completo" estaba en que todavía, ¡a sus cien años! Iba dos veces por semana a trabajar. Eso sí, ya no maneja. Lo lleva su hijo; pero, el trabajo le da el brío que lo ayuda a seguir guapeando y echándole piernas; aun cuando para caminar lo hace con la ayuda de un bastón. En ese espejo de Rafaelito deberíamos vernos todos los días los venezolanos.

No sé si es un asunto de ciencia, vitaminas, ejercicio,  actitud,  genes, o qué: pero, tendríamos que copiarnos los hábitos de quienes logran llegar a "su tercera edad" enteritos y gozando de una "razonable" buena salud. Si miramos a nuestro alrededor tenemos algunos ejemplos emblemáticos: Cecilia Martínez, Flor Isava, Jacinto Convit, Enrique Tejera Paris, Armando Scannone, Inocente Carreño... muchos de ellos, todavía dedicando horas de sus vidas a las actividades por las que se hicieron reconocidos.

Cuando tengo oportunidad de conversar con personas longevas, siempre me intereso en conocer cuál es su secreto: y la mayoría coincide en que mantenerse activos, llevando una  vida sin excesos y una alimentación sana es la clave. Hay quienes incluso aseguran que mentalmente se sienten unos chamos, con las ganas y el entusiasmo propios de los muchachos, aun cuando las rodillas o las caderas se empeñen en recordarles que son todo lo contrario.

Lo cierto es que hay mucha "tercera edad" demostrando todavía que tiene la vitalidad de un muchacho cincuentón, en cuyos planes no se incluye, ni remotamente, un ancianato o geriátrico. Conclusión: está bien y es inevitable, todos vamos pa'viejos; pero, lo que debemos aspirar es que el tránsito hacia la vejez sea con salud, porque sin salud no hay vida. O como reza el dicho que inspira a no dejarse vencer por los achaques propios del envejecimiento: "Viejo el viento y todavía sopla".

mingo.blanco@gmail.com

@mingo_1


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Comentarios (1)
Por carlos gabriel
15.02.2013
9:10 PM
Me aterra llegar a la tercera, no porque no quiera envejecer, sinó por la inmensa discriminación laboral que impone nuestro país a los adultos mayores. Aún, cuando muchas personas mayores son profesionales, de diferentes diciplinas, y acumulan una vasta experiencia laboral en muchas ramas del saber. Conozco casos de personas muy interesante, por sus conocimientos tanto prácticos como teoricos, cuya experiencia se pierde y en la mayoría de los casos no es por su propia voluntad (existen casos donde aún tienen responsabilidades económicas familiares que sufragar y en otros casos es la necesidad de mantenerse activos), sinó por la exclusión en todos los sectores, tanto público como privado, hacia estas personas.
 
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