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Poder servir

JOSÉ ANTONIO GÁMEZ E. |  EL UNIVERSAL
viernes 15 de febrero de 2013  12:00 AM
Hoy termina una semana que comenzó con unas de las noticias más impactantes de los últimos años: la renuncia del Papa Benedicto XVI a la sede de Pedro. Un hecho que conmovió a todo el mundo, y muy especialmente a los que nos confesamos católicos. Un acontecimiento además, totalmente inédito en la historia de la Santa Iglesia Romana, donde ningún Papa en 2000 años de historia había renunciado libremente, sin presiones externas de ningún tipo y bajo el mandato exclusivo de la propia conciencia.

Más allá de la posibilidad de analizar el hecho en sí mismo, que requiere un conocimiento del dogma católico y de la historia de la Iglesia que no poseo, vale la pena analizar las circunstancias en que Benedicto XVI toma esta decisión. Circunstancias que aunque se pueden mostrar como singulares, parece que se repetirán de ahora en adelante.

En un mundo signado por el afán de poder, la voluntad de renunciar a toda responsabilidad sobre el mando supremo de la Iglesia es un hecho indudable de humildad. Una gran mayoría de los más importantes líderes religiosos, sociales y políticos mundiales, han reconocido públicamente la humildad y el desprendimiento que significa renunciar a todo honor y a todo reconocimiento público. Solo este hecho podría valer para dar por muy buena la decisión de Benedicto XVI.

La visión materialista que domina la conducta de una gran mayoría de los habitantes del planeta es removida en sus fundamentos. Cuando el Papa reconoce la necesidad de las fuerzas físicas para llevar adelante su misión, no está sometiendo lo espiritual a lo físico, sino haciendo un llamado de atención sobre la unidad de estas dos dimensiones fundamentales en la vida del ser humano. Hay una relación tan profunda entre lo físico y lo espiritual en el hombre, que no es posible reconocer la afección de una dimensión al margen de la salud de la otra.

El Papa descubre además que el paso que se dispone a dar proviene de una profunda revisión de su conciencia frente a Dios. Y este reconocimiento del primado de la propia conciencia, por encima de cualquier otra ley, norma, tradición o compromiso externo es un testimonio de libertad que pocos hombres, y muchos menos gobernantes, pueden mostrar en la sociedad actual. La más plena libertad proviene siempre de la actuación bajo la guía de una conciencia bien conformada por la verdad de Dios.

La trayectoria de este hombre Joseph Ratzinger, que la Providencia llevó a ser Benedicto XVI ha sido un servicio constante y permanente a la Verdad. Una Verdad que considera como el único referente de su conducta y la única guía para su actuación. Un ejemplo de servicio que ha significado una renuncia continuada a los propios planes y proyectos, con el único afán de servir a la institución a la que entregó su vida.

El deseo profundo, la convicción plena de que solo se posee el poder en función del servicio a todos los hombres es el núcleo que unifica todas las motivaciones que llevan al Papa a separarse de la sede apostólica. Únicamente desde una profunda convicción de servicio, es posible llevar adelante el pontificado. Las pruebas sobre su afán de servir que durante los pasados 8 años dejó Benedicto XVI, son más que elocuentes de su absoluta rectitud.

Poder servir, es una condición que cualquier gobernante honesto debería considerar a priori. Gobernar para mandar, controlar, dominar y manipular, se considera, muchas veces, como lo normal dentro de la dinámica política. La realidad de servir queda relegada a una posibilidad posterior, después de haber asegurado la permanencia en el poder. Una conducta que siempre termina quedando en evidencia,  generando desconfianza en la población.

La dignidad de servir que ha mostrado el Siervo de los siervos de Dios, como se llama al Papa según una antigua tradición, nos debe llenar de esperanza a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. A pesar de las deformaciones que en la conciencia colectiva pueda ocasionar el afán desmedido de poder, sigue existiendo la posibilidad de dar un testimonio sincero, pleno y contundente de que el poder es posibilidad de servir o no es nada.

jgamez@alumni.unav.es

@vidavibra


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