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Literatura, ciudad y memoria

MARIANO NAVA CONTRERAS |  EL UNIVERSAL
viernes 15 de febrero de 2013  12:00 AM
Quién puede negarlo, las reputaciones se construyen a lo largo del tiempo. Se trata de procesos largos, edificaciones que se nutren con años de verdad y obra, con el decantar de los hechos destilados en palabras que se repiten y se repiten. Construir una reputación, buena o mala, más las buenas que las malas, es cuestión de tiempo y de paciencia, pero también de mucha tenacidad, bastante tozudez, mucha fe en el hecho que se repite una y otra vez para crear el surco de la fama, aquello en que  ciegamente se cree. Y a quién se le puede ocultar, Mérida tiene una muy bien ganada fama de ciudad literaria, una legítima reputación de lugar para el cultivo de las letras, ese trabajoso y a veces improbable oficio al que llamamos literatura.

Indagar el porqué en un lugar y no en otro se inocula el espíritu de las letras equivale a preguntarse la razón por la que se da la literatura, el hecho misterioso, nunca explicado del todo, por el que un hombre, lo mismo que un colectivo, siente el irreprimible impulso de decir. Yo mismo no lo sé, ni menos podría intentar explicarlo ahora, pero puedo dar fe de que existe. Lo cierto es que parece que hay lugares que convocan, espacios que concitan a las personas unidas por una misma pasión, a gentes hermanadas por la misma inquietud del buen decir, del bien escribir. Porque, habrá que estar claros, si muchos han nacido aquí, otros tantos hemos venido. Ciudades hay muchas, pero el porqué los escritores quieren venir a Mérida es un misterio constatable.

Porque es cierto que la fundación de una universidad fue decisiva en la formación del carácter de aquella recoleta villa, pero mucho antes era ya Mérida propicio refugio para libros y lectores, desde el viejo Colegio de los Jesuitas que concitó a renombrados latinistas españoles e italianos, e incluso años atrás. Es verdad que en los adustos anaqueles de la Biblioteca Central de la ULA pueden aún observarse los viejos ejemplares de Plinio, Cicerón y Ovidio enfundados en añejo pergamino, preciosos volúmenes del XVI y el XVII, cuidadosamente anotados en prolijos escolia de concisos y elegantes latines por aquellos primeros estudiantes venidos a Mérida. Jóvenes que ya venían a estudiar a la pequeña ciudad por allá por el mil seiscientos y poquito, cuando la villa cumplía recién unos 70 años de fundada. Siglos después, cuando la ciudad y la universidad desbordaron los angostos predios de la angosta meseta, la vocación por los libros y el pensamiento se mantuvo, y las aulas merideñas siguieron formando a muchos de los más ilustres protagonistas de la literatura en nuestro continente.

Entonces, ¿qué es lo que hace que una ciudad muestre desde siempre una inconfundible vocación para las letras y para el estudio?, ¿qué es lo que hace que una pequeña villa destaque de entre otras, tal vez más grandes y poderosas, por su especial inclinación al pensamiento y la reflexión? Hermosas ciudades, rodeadas de bellos y singulares paisajes, bendecidas por un bondadoso clima y por aguas salubres que riegan sus felices campiñas las hubo y las hay, sin que ello las decante forzosamente por los libros. ¿Entonces qué es? Tal vez si convenga traer a recuerdo las palabras de un viejo poeta griego, Alceo de Lesbos, quien decía en un singular y olvidado fragmento que no son los altos muros, ni sus casas bien techadas, ni sus calles empedradas lo que hace verdaderamente a la ciudad, sino más bien el espíritu de sus hombres. Yo diría, pues, que no es a causa de su imponente entorno ni su clima innegablemente grato que esta ciudad ostenta su bien ganada fama de lugar para las letras, sino más bien gracias al espíritu de su gente, de sus maestros y estudiantes que un día llegaron a ser también maestros, sus escritores que desde siempre quisieron cultivar el gusto sabroso de la palabra bien dicha, la alquimia singular del texto sabiamente forjado, del verso calibrado entre pasión y razón, el trabajoso labrar de la memoria escrita. Yo diría, recordando al viejo Alceo, que ha sido gracias a ellos y a los que han sido como ellos que Mérida se ha labrado una larga y genuina reputación de ciudad para las letras.

marianonava@gmail.com


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