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Copenhague, martes en la noche

SAUL GODOY GÓMEZ |  EL UNIVERSAL
sábado 9 de febrero de 2013  12:00 AM
En septiembre de 1941, se dio uno de los encuentros entre el físico danés Neils Böhr y el joven científico alemán, premio Nobel de Física, Werner Heisenberg, una reunión casi familiar entre profesor y pupilo en casa del primero. ¿El propósito? Retomar las conversaciones sobre la mecánica cuántica y el Principio de Incertidumbre que Werner había desarrollado. Eran de los pocos científicos en el mundo con el conocimiento para avanzar en el desarrollo de la bomba atómica, de hecho, Werner era el científico designado por los nazis para tal propósito, una reunión que no pasó inadvertida para los espías aliados quienes ya tenían un plan para asesinarlo.

Dos años antes, Heisenberg había viajado a EEUU para dictar algunas conferencias, Hitler lo habían tratado mal, al punto de impedirle que tomara posesión del cargo de catedrático de física de la Universidad de Münich pues para los nazis, la mecánica cuántica y las teorías de la relatividad eran consideradas físicas y matemáticas "judías", y aunque Werner no era semita, su especialidad estaba dentro de las "ciencias degeneradas"; a pesar de la oferta de quedarse en América, decidió regresar, convirtiéndose así, en un blanco para los asesinos de la Oficina de Servicios Estratégicos, su jefe, el implacable Bill Donovan, se tomaba muy en serio la amenaza que el profesor Albert Einstein develó al gobierno de EEUU, en cuanto la factibilidad de que un arma atómica pudiera ser construida en Alemania.

Le escribiría Werner a su joven esposa Elizabeth Shumacher de su visita a Copenhague: "Esta mañana estuve en el muelle con Weizsäcker... Ahora se pueden ver barcos de guerra alemanes anclados, botes torpederos, cruceros auxiliares y cosas por el estilo. Fue el primer día cálido... En el pabellón de el Langelinie comimos, a nuestro alrededor había gente contenta, gente bulliciosa, o por lo menos eso parecían. En general, la gente se ve feliz aquí. En la noche, en las calles, solo se ven parejas jóvenes radiantes y felices aparentemente saliendo a bailar, sin pensar en nada más...".

 
Las cartas describen sus actividades con Böhr y la comunidad científica danesa, pero dejaba en una nota de misterio las largas conversaciones que sostuvo con su maestro, de esas que tanto gustaban a ambos, rompiendo los paradigmas del universo conocido.

Estaban en guerra y sus trabajos tenían un giro sombrío, para algunos políticos el esfuerzo de décadas en la física pura y las matemáticas complejas, solo tenía utilidad si lograban desatar la furia del sol en la tierra... fue la misión de Böhr tratar de convencer a su pupilo de que el uso bélico de sus investigaciones era inmoral, sabía de lo que el joven físico era capaz y de lo que la maquinaria de guerra nazi podía lograr con aquellas ideas.

Escribió Werner ese martes en la noche: "... Böhr y su familia están bien; él ha envejecido poco... La conversación pronto versó sobre los asuntos humanos y los tristes eventos de nuestros días; en temas de política me sorprende que un hombre tan extraordinario como Böhr, no pueda separar de su pensamiento sentimientos y odios. Pero probablemente uno no deba separarlos nunca". 

Algunas investigaciones sugieren que fue el mismo Heisenberg quien se encargó de retrasar y entorpecer los esfuerzos por conseguir la bomba, de hecho, el programa atómico nazi fue de segundo orden para las prioridades de Hitler.

Al final de la guerra Heisenberg estuvo confinado en Inglaterra, en la prisión se enteró del lanzamiento de las bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki que sus colegas del Proyecto Manhattan, habían logrado fabricar. Se le siguió juicio y salió libre, sin cargos. Regresó a su patria y siguió con sus investigaciones sobre las teorías de la hidrodinámica de las turbulencias, rayos cósmicos y partículas subatómicas.

Nunca se enteró de que el plan para asesinarlo falló en Zurich, cuando su verdugo no tuvo el valor de dispararle durante una conferencia en 1944. Años más tarde, en 1963, en su libro Física y Filosofía relata: "Recuerdo las discusiones con Böhr que duraban muchas horas hasta muy tarde en la noche y terminaban en el desespero; y cuando al final de la discusión me iba a caminar a un parque vecino, me repetía la pregunta una y otra vez: ¿Puede la naturaleza ser tan absurda como aparecía en nuestros experimentos atómicos?".

Fueron quizás las conversaciones más importantes de su siglo, extrañas, sobre una física que solo un puñado de hombres podía comprender, y de unas consecuencias aterradoras si se le daba el uso bélico que a Werner le habían ordenado conseguir.  Se han escrito varias obras de teatro sobre el tema, igualmente se rodaron algunas películas siendo la última, protagonizada por Daniel Craig (James Bond) en una magnífica interpretación de Heisenberg, atormentado por dudas de carácter moral. Los nazis no contaban con el viejo Böhr, el apasionado danés, que abogó, esas estrelladas noches en Copenhague, por la vida.

saulgodoy@gmailcom 


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Comentarios (1)
Por Miguel Montaño
09.02.2013
9:37 AM
Como físico, sé que el estudio de las ciencias exactas no debe seguir caminos de egoismo. La historia de Heisenberg es, de hecho, mucho más interesante y humana que todas las teorías formuladas por él.
 
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