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La tomaba de las manos

RICARDO GIL OTAIZA |  EL UNIVERSAL
viernes 1 de febrero de 2013  12:00 AM
Casi todas las culturas asumen como una realidad que el paso de los años suele traer consigo sabiduría e iluminación. El transcurrir del tiempo deja en cada ser una estela de experiencias (vivencias) que suelen implicar -en muchos- crecimiento personal y la ansiada autorrealización, de la que tanto nos hablaron Maslow y otros investigadores sociales. Soy de los que piensan que los viejos (como los llamo por cariño) representan lo más depurado de nuestra sociedad: están más allá del bien y del mal y a su regreso de los caminos de la existencia traen consigo estupendas enseñanzas, que deberíamos atesorar para romper con el permanente karma del error genésico que tanto impacto causa en nuestra vidas.

En lo particular conocí sólo a mi abuela materna y la amé profundamente, y ella correspondió también con creces a ese amor. Mis mejores recuerdos de la infancia necesariamente están asociados a ella, y representan en mi vida una dulce paz, un alegría sutil que me llena de un no sé qué metafísico. Recuerdo que pasaba horas y horas con ella, escuchando sus historias, absorbiendo impávido toda aquella maravilla que hoy reconozco como sabiduría. Mi abuela llenó mi cabeza infantil de bellas historias, de alegres anécdotas de su vida; de imágenes de esa Mérida bucólica que en su mente lúcida se resistía a morir.

A través de mi abuela Teresa conocí -antes que en los libros- a Cipriano Castro, a Juan Vicente Gómez, a Tulio Febres Cordero; a las viejas leyendas y tradiciones andinas, en las que la vida de Gregorio Rivera, Jacinto Plaza, La pata de clavo, La llorona y muchos otros personajes (sobre todo, historias sobre muertos y aparecidos), hacían las delicias de los niños durante el día, y el terror nocturno que nos desvelaba casi hasta el amanecer en una suerte de pánico mórbido y de delicia a la vez. Mi abuela azuzó mi imaginación, enriqueció con sus historias transmitidas desde la oralidad mi vena literaria, hasta el punto de llegar a recrear futuros personajes de mis libros sobre la base de su figura y de su recia personalidad.

La nonagenaria Elodia Carolina Pérez Bonalde, personaje central de mi novela Una línea indecisa (Monte Ávila Editores Latinoamericana-Universidad de Los Andes, 1999), cuya dedicatoria no vacilé en ofrendársela a mi abuela, es un vivo ejemplo de esta correspondencia, y tal vez no hubiese alcanzado en su caracterización la precisión y la hondura necesarias sin las vivencias de mi infancia y sin el influjo ancestral que me llegó por la vía materna. 

Con mi abuela conocí -sin saberlo ella, y mucho menos quien esto escribe- el primer referente a la ética, en cuyas palabras no era otra cosa sino "el arte del saber vivir", que leí décadas después en pomposos libros de filosofía, y que ella enarbolaba a cada momento como estandarte de una existencia sencilla, aunque afanosa, sufrida a más no poder, regida por estrictas normas tribales y sociales (atrabiliarias, sin lugar a dudas), que hacían de la mujer de antaño una esclava silente puesta al servicio de su esposo, y de la numerosa parentela.

Todavía recuerdo sus ojos nublados y sus tenues suspiros cuando recordaba a su primer amor (que no fue mi abuelo, dicho sea de paso) y su gran asombro frente a los inexorables cambios de la vida moderna, que establecieron con ella y con todos los de su generación un abismo imposible de salvar. Yo la tomaba de sus suaves manos (en las que ya era casi imposible detectar huellas dactilares), y un profundo silencio caía sobre nosotros, como el peso de una "extraña" complicidad establecida entre los dos, y así permanecíamos callados, perplejos, ensimismados, hasta que ella se quedaba dormida en su sillón, y yo velaba con el corazón comprimido sus sueños. 

rigilo99@hotmail.com

@GilOtaiza


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Comentarios (11)
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Por Aura Castillo
04.02.2013
9:33 AM
Excelente artículo... muy pocas personas logran tener esa conexión que va más allá de las palabras, que se basa en un nexo netamente espiritual, con los Abuelos. Personas que marcan la vida de una manera tan impresionante, que junto a sus anécdotas, sonrisas, regaños, y un sin fin de emociones... logran tomar un trozo gigante de nuestro corazón... tuve los mejores abuelos del mundo... están conmigo en otro plano.. pero siguen acá... siguen tan vivos como siempre... amándolos eternamente... hermoso artículo...
 
Por Yonhny Osto
01.02.2013
8:51 PM
Buen ejemplo de compartir y aprender de nuestros abuelos. Ellos mantenían arraigados muchos principios, legados también por sus antecesores. Es lamentable como en la Venezuela actual,la juventud, viva "sumergida" en lenguaje lleno de antivalores, que deslastrados por algunos medios, siguen haciendo de la etica, aquella ética, un valor sin valor, valga la redundancia.
 
Por Marycarmen Reinoso M.
01.02.2013
6:00 PM
Precioso!!!!!!....ahhhh mundo mi abuela Catalina que nos amaba con locura a todos sus nietos!.....yo sé que algún día me encontraré con ella y de seguro al pedirle la bendición me dirá...Dios me la bendiga y la favorezca!....TE AMO ABUELA!
 
Por Francisco Guerrero
01.02.2013
1:04 PM
Que bueno, dentro de este zafarrancho en que vivimos, es leer un artículo que de manera inexorable nos transporta a esoas experiencia que tuvimos con nuestro abuelos y padres. Felicidades al autor y que Dios guarde en su hogar a quienes nos formaron y formaron a cientos de generaciones de buenos venezolanos.
 
Por antonio parada
01.02.2013
12:17 PM
Sr. Antonio Molina se ve su proposicion con apariencia de justicia, sin embargo porque no la extiende hasta los familiares de los asesinados en el golpe de 1992, quienes provocaron la muerte del vigilante de venezolana de television y 362 muertos mas que asesinaron; porque no indaga entre los familiares de esos muertos para que le suspendan los indultos a los asesinos que andan sueltos y libres y no pagaron sus culpas. Tambien tienen familiares como hijos, madres, hermanos que quedaron sufriendo por ese regero irresponsable de sangre, por ello le digo que la justicia es para todos por igual,sea justo o en su conciencia siempre recordara que no fue justo como fue su juramento para ejercer como abogado. Quiero recordarle que el exmagistrado aponte aponte manifesto que recibio ordenes para declarar la culpabilidad de estos señores sean o no culpables por ello pienso que debe buscar la verdad que os hara libre o sera esclavo de una mentira injusta
 
Por Norka Ramírez
01.02.2013
11:39 AM
Que hermoso su articulo; habla muy bien de usted y de sus sentimientos. Casi todo el mundo tiene abuelos, pero pocos saben acercarse a ello,apreciarlos, dedicarles algun tiempo y llenarse de su sabiduria.
 
Por Carmen Rubio
01.02.2013
10:18 AM
Los abuelos fueron y seran siempre la base fundamental para el equilibrio de la sociedad, solo con su paciencia y tranquilidad que yo vive con mi abuela materna, fue mi mejor maestra y consejera, ensenandome como comportarme y actuar, sus ensenanzas nunca las olvidare, creo que fue la etapa mas bella de mi infancia, gracias por refrescarnos nuestros recuerdos de ese ser que aporto tanto a nuestra sociedad.
 
Por Candy Garcia
01.02.2013
9:41 AM
La tomaba de las manos. Que artículo tan precioso, en verdad me hizo llorar.Yo no tengo la dicha de ser abuela, pese a qe tengo dos hijos.Pero es hermoso ver tanto sentimiento.
 
Por antonio castillo
01.02.2013
8:47 AM
Que artículo tan bonito, lleno de amor y vívidos recuerdos. Me hizo recordar a mis amadas abuelas, también llenas de sentidas historias. Gracias Ricardo por refrescar esos momentos...
 
Por Blasino yaselli
01.02.2013
8:41 AM
y que dijo
 
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