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Vieja y nueva política

RICARDO COMBELLAS |  EL UNIVERSAL
sábado 26 de enero de 2013  12:00 AM
Tema trajinado este de la vieja y nueva política. Diríase que hasta pavoso es. Ya en los días aurorales de la república inaugurada en 1830, Antonio Leocadio Guzmán hablaba de la necesidad de "nuevos hombres", los que posteriormente fundarían el Partido Liberal. Terminamos con los "nuevos hombres" en lo que todos ya sabemos: la sustitución de una oligarquía por otra, pues pasamos de la oligarquía conservadora a la oligarquía liberal. El tema se repite a lo largo del siglo 19, continua en el 20 y se prolonga a estos comienzos del siglo 21. Todavía se recuerda el pomposo lema, que pasó de victorioso a tenebroso, con el que Cipriano Castro y los andinos llegaron al poder: "nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos", pero como lo apunta Augusto Mijares, no como lo esperaba el país. Aparentemente pareciera que la historia se repite.

Para mí lo viejo no se identifica con la edad cronológica. La historia nos muestra grandes estadistas que revelaron toda su inteligencia, astucia, grandeza y sentido del deber en los años otoñales de su vida: allí están Churchill, Adenauer y De Gaulle, para solo citar tres que me vienen inmediatamente a la mente, para comprobarlo. Más bien, identifico lo viejo con lo periclitado, lo que se niega a morir pese a su disfuncionalidad, su culmen es el reaccionario. En ese sentido, se puede ser viejo pese a la juventud. Por el contrario, identifico lo nuevo con las  ideas frescas y renovadoras, la creatividad en la construcción de plataformas políticas, en ser virtuoso y por ende despreciar el vicio, la corrupción, la burocratización y las oligarquías que anidan fecundas e intentan perpetuarse orondas detrás del poder.

Parafraseando a Gramsci, las épocas críticas se identifican con lo viejo que se niega a morir y lo nuevo que no acaba de surgir. Vivimos en este sentido en Venezuela un momento singular, y es que nuestra actual época es una época crítica que se ha prolongado demasiado en el tiempo, pues abarca por lo menos  los últimos cuatro lustros de la mal llamada "IV República", y estos tres lustros de la "V República". No quiero parecer irreverente, pues a mi modesto entender, en los años señalados lo viejo ha predominado sobre lo nuevo, es más lo viejo, la decadencia de la República, si es que Venezuela merece todavía ese nombre, se ha prolongado demasiado en el tiempo, parece no tener fin.

Se me dirá, sobre todo por los cultores de la "revolución bolivariana" que soy un "desfachatado", un descarado que se ufana cínicamente en escandalizar a sus lectores. No lo pienso ni lo siento así, además de que mi espíritu no resiente el más mínimo dejo de amargura. Solo pretendo ser realista, y a lo más se me puede arrostrar el calificativo de pesimista. Para mí la "revolución bolivariana" y su farragoso "ideario", si es que merece tal nombre, no es otra cosa que lo llamado por Gaetano Mosca, una "fórmula política", un manto ideológico que cubre la dominación de la nueva "clase política", lo que llamamos el "chavismo", los hombres y mujeres que usan, gozan y disfrutan actualmente del poder.

ricardojcombellas@gmail.com



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Comentarios (1)
Por José R Pirela
26.01.2013
9:49 AM
No se elimina el pecado sin apartar la tentación. La historia será la misma aunque cambien los actores. No hemos salido del viejo pecado: PODER PARA MANDAR. Así concebimos la República y Bolívar nuestro símbolo. Por eso todos los presidentes se creen la reencarnación del héroe libertador. Y el pueblo espera por su nuevo salvador, redentor de las injusticias del anterior, por el PAPÁ comprensivo, permisivo, justo, pero a la vez, duro, bravo, que iguale a todas las personas, que nadie sobresalga más que otra. Es la historia del PODER PRESIDENCIALISTA. Ese es el pecado que impide salir del infierno.
 
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