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Don Blas Bruni Celli

MARIANO NAVA CONTRERAS |  EL UNIVERSAL
viernes 25 de enero de 2013  12:00 AM
Tuve el honor de conocer a Blas Bruni Celli gracias a nuestro buen y común amigo Francisco Javier Pérez, quien entonces era secretario de la Academia Venezolana de la Lengua, y don Blas su presidente. Francisco Javier sabía de mis trabajos en el campo de la filosofía griega, así como de la vocación con que don Blas se dedicaba al estudio de los pensadores antiguos, de modo que me hizo el inmenso regalo de ponernos en contacto. De inmediato se estableció entre nosotros la relación que puede establecerse entre dos personas que comparten una misma devoción, más que pasión. En efecto, fueron muchas las veces que tuve la oportunidad de disfrutar de su generoso magisterio. Algunas veces fui invitado a sus seminarios de Filosofía Antigua en la UCV, donde admiré el juvenil entusiasmo con el que se abocaba a la enseñanza del griego antiguo, así como a la lectura de aquellos filósofos helenos en su lengua original. El colmo de su generosidad llegó cuando aceptó prologar mis Estudios sobre pensamiento antiguo, por el año 2006. Las correcciones y sugerencias que entonces me hizo hicieron percatarme de que estaba ante un filólogo y un pensador cuya profundidad, erudición y rigurosidad no desmerecían en nada la de aquellos maestros con los que yo me había formado en Europa.

Don Blas, en efecto, fue una de las mentes más brillantes del siglo XX venezolano. De hecho, constituye el único caso en que un solo hombre haya sido miembro de cuatro academias en la historia de nuestro país. Como médico y científico desarrolló una fructífera y pionera labor en el campo de la anatomía patológica, especialidad en la que se formó en Londres y cuya cátedra fundó y ejerció en la UCV durante décadas. Como ministro de Sanidad en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, adelantó una breve pero intensa política de salud pública que en su momento no fue debidamente valorada. Sin embargo, estoy convencido de que fue en el campo de la historia del pensamiento donde Don Blas hizo indiscutiblemente sus mayores aportes. Médico y filólogo, conocedor de la lengua griega, no debía extrañarme el que don Blas fuera un reconocido hipocratista. Lo que sí me sorprendió fue constatar la fama y el respeto de que gozaba, entre los que en Europa estudian la obra del médico de Cos, el reputado autor de una de las más completas bibliografías hipocráticas que fue nuestro amigo. Lo más conspicuo de su talento lo consagró don Blas empero al rescate y valoración del pensamiento venezolano. Organizó y editó el archivo de la Colección Villanueva, fundamental para conocer la mentalidad de finales del XIX en nuestro país, y fue editor asimismo de las obras completas de otros que como él fueron a la vez científicos y humanistas: José María Vargas, Lisandro Alvarado y Adolfo Ernst. Tal vez su obra más admirada, su edición del Arca de letras y teatro universal del padre Navarrete, es imprescindible a la hora de conocer el pensamiento de la Ilustración venezolana, así como su monumental Venezuela en 5 siglos de imprenta, donde hace un rastreo exhaustivo de las obras impresas que durante medio milenio han estudiado a nuestro país.

La última vez que lo vi me regañó porque estaba poniéndole azúcar al café, mientras buscaba en su biblioteca personal algunos libros útiles para mis investigaciones. Me contó, entre orgulloso y divertido, que en el gimnasio donde practicaba "pilates" lo habían elegido "miembro del mes", y que ese era el secreto por el que se conservaba, a sus 87 años, en estupenda forma. Lejos estaba yo de imaginar que no volvería a ver al querido maestro. De Blas Bruni Celli, en efecto, aprendimos muchas buenas cosas. Aprendimos que el secreto de la juventud y el entusiasmo consiste en el inagotable deseo de aprender, que el secreto de la generosidad está en querer enseñar, y el de la alegría en compartir lo que sabemos. Aprendimos que el saber y el obrar no están para nada reñidos, sino que más bien se complementan. Aprendimos también que ambas alas del saber, las ciencias y las humanidades, son útiles por igual cuando de verdad se quiere ayudar a construir un país. Como ocurre con los hombres sabios, al final de sus años volvió a la fuente de donde todo brota: el pensamiento de aquellos antiguos griegos. A la preservación de su estudio en nuestra tierra dedicó lo mejor de su entusiasmo y magisterio postremos. Los que amamos a aquellos viejos filósofos, los que amamos la filosofía y los que amamos a Venezuela estamos en deuda con él.

marianonava@gmail.com


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Comentarios (1)
Por Emil Cabello
25.01.2013
2:04 PM
EXCELENTE ARTÍCULO...GRACIAS POR COMPARTIR ESTA HISTORIA CON NOSOTROS, OJALA ALGÚN DÍA EN NUESTRO PAÍS SE VALORE A LAS CIUDADANOS TALENTOSOS Y VALIOSOS QUE SI SE HAN PREOCUPADO POR CONSTRUIR UN MEJOR PAÍS...
 
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