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Pedaleó

Al ver mancar jugadores, sueltan los tontos útiles la perla de que fue "involuntario"

ALEJANDRO ANGULO FONTIVEROS |  EL UNIVERSAL
jueves 24 de enero de 2013  12:00 AM
Para de 1999 a 2005 ganar siete Tours de Francia, tuvo que haberle dado mucho al pedal. Y "pedalear" bastante, en la coloquial acepción criolla, para el continuo delinquir con su dopaje con EPO y sangre: Lance Armstrong. Lo admitió por TV para preludiar su probable confesión judicial para evadir la cárcel e implicar a la Unión Ciclista Internacional (UCI).

No han querido desmontar la trama de dopaje y, para decirlo en plata y deletreado, es lícito sospechar que hay complicidad de "autoridades" del ciclismo: resulta incomprensible que Armstrong -quien además hacía cuantiosas donaciones a la UCI- se dopara por años y jamás diera positivo. El tejano se instaló en España, cuya ley antidopaje, vaya coincidencia, es harto defectuosa. Doce ciclistas del extinto Rabobank admitieron en carta pública que de 1996 a 2012 se doparon. Uno de ellos, Dekker, dijo que creyó un éxito las transfusiones pues "Todos los grandes corredores lo hicieron". Pese a que el ciclismo no implica lucha directa, Del Vecchio dio ha mucho una opinión que entonces me pareció extravagante -y visto lo visto hoy no parece tan excedida- porque lo clasificó "entre los deportes criminales".

El Estado autoriza y promueve el deporte por ser salutífero y educativo al través de ejemplos éticos; pero deviene factor criminógeno directo (basta ver la tunda de palos de la competición y el doloroso cortejo de lesionados ex profeso) e indirecto por el tan maligno cuan ultravisto modelo de conducta, que habrá de repercutir en la sociedad y máxime en niños y jóvenes. Hay el grave problema de la impunidad de los delitos en el deporte. No se castigan de acuerdo con la ley penal y ni siquiera con los reglamentos pese a que prohíben p.ej. bolazos (la más letal arma del deporte es el "bean ball" o pitcheo intencional a la cabeza del bateador) y patadas de mala fe; pero no hacen nada las "autoridades" cuando se propinan adrede. Tampoco los delitos de drogas y estafas. Sirva como paradigma invertido ese caso del ciclismo. Los delitos más evidentes son los violentos. ¿Por qué no se castigan? No tanto por incapacidad de penar sino -mucho más grave aún- porque la violencia interesa al fin crematístico del deporte al hacerlo mucho más atractivo. Por eso Di Stéfano (quien, sin cometerse herejía, sí puede ser comparado con Pelé aunque prevalezca el brasilero) me dijo en 1982 que los partidos amistosos no interesan.

Ante tal problema irresoluble, a los padres no les queda sino advertir con énfasis a niños y adolescentes sobre el mal que las innúmeras lesiones y otros delitos representan en el deporte. Y que los verdaderos ídolos son quienes trabajan con honradez, estudian y aun se sacrifican para sostener y educar familia e hijos...

aaf.yorga@gmail.com



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