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Dime a cuál deportista admiras...

CAROLINA GÓMEZ-ÁVILA |  EL UNIVERSAL
miércoles 23 de enero de 2013  12:00 AM
¿Cómo saber que un político, es corrupto?

Difícilmente obtenga pruebas, pero le ha visto cambiar de estilo de vida. Gente cercana o no, le narra el derroche: ropa, carros, viajes, viviendas, fiestas, escoltas. Alguna foto, pública o no, sirve para afirmar: ese político es corrupto y merece condena. Se indigna. Lo dice en su casa, trabajo, sitios de esparcimiento, redes sociales. Usted está asqueado porque "esto no cambia". "Todos son unos corruptos", se dice.  Así que para relajarse se sienta a ver su deporte favorito.

Los deportistas son la casta idolatrada de la humanidad. Muchos crecieron en la miseria y, por el deporte, tuvieron fama y fortuna. Su gloria, vindica la falta de oportunidades de millones. Son los ídolos de una nueva religión en la que la eterna juventud está en manos de quienes mejoran su genética con un sano estilo de vida y disciplina.

Como Juvenal dijo "mens sana in corpore sano", suponemos que la excelencia en el deporte debe demostrar la excelencia física, amén de favorecer algunas condiciones de orden ético. Por algo, las multinacionales escogen a esos excelentes como imagen de sus productos, con lo cual impulsan el deseo de imitarlos.

A veces, los convierten en atracciones de un circo, a lo Barnum: allí, como la mujer que corre más rápido tiene aspecto de hombre, tiene que demostrar su sexo en humillante estudio de su biología; por allá, aquel maratonista descalzo;  más acá, el hombre con prótesis en la carrera de relevos. Pero solo por ellos sentimos admiración ante el cuerpo humano, que parece no tener límites.

Y llegamos a Armstrong, quien -me temo- confesó para ahorrarse varios millones de dólares en demandas y negociar su regreso algún día. El ciclista hizo mucho daño a la generación de niños y jóvenes que lo apoyó y admiró, puesto que se nos ofreció héroe de la vida y del deporte, mientras violaba las reglas y nos hacía trampa para que creyéramos que era un ejemplo de voluntad y control físico.

Ojalá lo ocurrido sirva para que piense de nuevo, antes de que le dé risa un gol marcado con la mano, cuando recuerde al que apostó contra su equipo o al que intentó matar a sus empleados; hágalo, cuando el que golpea a su pareja tenga turno al bate o le toque cerrar un apretado partido; o cuando lea que investigan a uno, por pederasta; o cuando el alcohólico o drogadicto batan algún record. Da igual.

Pero, sobre todo, mire bien a quién aplauden sus hijos.

Y pida a los equipos y anunciantes, que también lo piensen mejor. Porque esos hombres no son un ejemplo del tipo de seres humanos que deberíamos ser, sino la razón por la cual se confunden valores y nos hundimos como nación, aplaudiendo barro.

Y te diré quién eres.

@cgomezavila


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