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País incierto

DÁMASO JIMÉNEZ |  EL UNIVERSAL
martes 22 de enero de 2013  12:00 AM
Dicen que la tos y el dinero no pueden esconderse, yo diría que tampoco la fatalidad.

Desde la última aparición del presidente Chávez en esa sorpresiva cadena nacional de sábado por la noche del pasado 8 de diciembre, para anunciar una nueva y determinante intervención quirúrgica tras la aparición de células malignas en el área donde ya se había venido tratando un tumor reincidente, un manto de fatalidad se postró por el país.

El primer designio de esta fatalidad ha sido el manejo de la  información como si los ciudadanos fuéramos infiltrados enemigos potenciales.

Los venezolanos acostumbrados a seguir los desenlaces del país como si fueran seriados por capítulo, nunca asoman su cabeza para ver más allá de las consecuencias que terminará generando cada nuevo giro de la trama, cada suposición por falta de información veraz y concreta, cada media verdad mentirosa, o cada reacción nueva del paciente que sí merezca ser compartida con la plebe nacional.

Decisión que por cierto sólo es potestad de esta surgida oligarquía revolucionaria, una de las más rancias e hipócritas que puedan existir en el planeta, integrada por el  buró de unos cuantos "escogidos" del partido de gobierno, que para sumar mayor fatalidad al asunto son los que ahora deciden qué debemos saber o no sobre la salud del Presidente, quizás para que nadie se salte los capítulos y se adelante en la historia cumbre de esta magna telenovela política en la que han convertido parte de la realidad venezolana.

Así hemos pasado del supuesto entubamiento y reclusión en una cámara criogénica pasando por los estados estacionarios del paciente, las mejorías intermitentes en los comunicados del ministro Villegas y el vicepresidente Maduro, hasta algunos movimientos involuntarios en los que el paciente comienza a responder y quién sabe si hasta a firmar decretos de último momento.

No podrían faltar las reacciones propias del público por Twitter, las cuales predicen sentencias, dan por hecho nuevos pronósticos e informes médicos y hay algunas que hasta van narrando como en la película "viaje fantástico", cada movimiento de tropa de glóbulos blancos y linfocitos batallando contra la infección en el interior del cuerpo del Presidente, convertido en parte de nuestro territorio nacional extraviado en algún punto de La Habana.

No cabe duda que estos días aciagos en la que el país ha sobrellevado a ciegas la enfermedad del Presidente, dejaron al descubierto no sólo que no queremos afrontar otras realidades sino que nos aleja de otras fatalidades, como por ejemplo, que ni el propio gobierno ni la oposición,  ni los radicales, ni cualquier otro grupo que se preciara de serlo, tuvieran preparado un plan de emergencia para salirle al paso al gran atolladero en que nos encontramos atrapados, sin medidas, sin planes, sin proyectos y quién sabe si en un futuro más pronto que tarde sin país, porque son muchas las voces necias y agoreras dispuestas a violentar una patria pacífica y trabajadora como la venezolana, menospreciando al que piensa distinto y levantando trincheras que insisten en dividirnos más que a sumarnos.

No podemos seguir siendo ese país  incierto, dudoso, inseguro, problemático, ignorado, impreciso, en el que no se consiguen alimentos básicos y donde nadie responde por las difíciles decisiones a tomar con respecto a la devaluación,  los apagones, el aumento del combustible, el ajuste económico y otros escenarios difíciles que habrá que enfrentar tarde o temprano. Cerrar capítulos y seguir adelante todos juntos sería lo propio, pero hay factores que nos quieren cada vez más divididos.

www.biendateao.com

@damasojimenez


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