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Crónica de una intervención extranjera

La dictadura recién derrocada ha fomentado elementos capaces de partir a la sociedad en bloques...

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ELÍAS PINO ITURRIETA |  EL UNIVERSAL
domingo 20 de enero de 2013  12:00 AM
En 1854, después de una dominación nacida de violaciones constitucionales y de la represión del Congreso Nacional que desembocan en la imposición de un régimen nepótico y corrupto, se apaga la estrella de José Tadeo Monagas. El proceso de desconocimiento de la legalidad y de los hábitos republicanos se había iniciado en 1848 bajo la influencia del famoso soldado de Maturín, pero por fin topa con un movimiento armado, la "Revolución de Marzo", debido al cual se anuncia la posibilidad de volver a la convivencia ensayada a partir de 1830. La reacción encabezada por Julián Castro cuenta con el apoyo de los conservadores, pero también con el soporte de multitudes que reaccionan contra un gobierno arbitrario. El éxito del movimiento y las conductas de hostilidad frente al oficialismo, pero en especial contra su persona, aconsejan a Monagas la búsqueda de un atajo en el consulado de Francia. El titular del consulado, monsieur Léonce Levraud, es un cercano amigo con quien ha tenido, según se murmura, provechosos tratos de negocios. Lo alcanzan en la carrera el ministro Jacinto Gutiérrez y uno de los miembros de su parentela, Juan Giusseppe, quienes se acogen a la protección del representante extranjero mientras las turbas piden que el prófugo sea entregado a las autoridades del país. Debido al furor del pueblo que reclama la aplicación de la justicia para el dictador, los representantes diplomáticos de Inglaterra, España, Estados Unidos, Holanda y Brasil, hacen causa común con el colega Levraud y piden el respeto de la sede que puede ser invadida. Alzan sus banderas en las ventanas del Consulado, en demostración de apoyo ante lo que consideran como una conducta propia de barbáricos.

El ministro de Relaciones Exteriores, Wenceslao Urrutia, trata de encontrar rápido remedio. Después de hablar a solas con Julián Castro sobre la necesidad de una salida urgente, se reúne con los diplomáticos y llega a un acuerdo capaz de provocar mayores males. Suscribe un sigiloso convenio, llamado después Protocolo Urrutia, mediante el cual se compromete a seguir la opinión de los circunstantes que ponen condiciones inadmisibles para la soberanía nacional. El gobierno venezolano permitirá el traslado de José Tadeo Monagas a una casa particular, en la cual contará con la protección de las autoridades extranjeras y en la cual recibirá visitas de su familia y amistades sin que los policías las puedan evitar, acepta el sumiso Ministro. También garantiza que no se ejercerá violencia contra el perseguido ni contra sus compañeros guarecidos en el Consulado, porque así lo solicitan expresamente quienes suscriben el documento con él. Por último, para complacer a los participantes en la insólita reunión, garantiza la entrega de pasaporte y salvoconducto para que Monagas se marche del país junto con sus familiares en un plazo prudencial.

El protocolo se ha firmado con el apoyo de Julián Castro, pero sin que los miembros del Gabinete estén enterados de la situación. Dos ministros de renombre, Manuel Felipe de Tovar y Fermín Toro, renuncian de inmediato. No queda más remedio que echar a don Wenceslao del nuevo equipo y rogarle a los renunciantes que retornen a sus funciones para evitar la multiplicación de algaradas, sin que se logre el regreso a la tranquilidad. El secreto del protocolo se desvela para generar comprensibles respuestas de malestar. La prensa se llena de reproches. La Convención Nacional discute con ardor el tema y deplora la intromisión de poderes foráneos. La multitud insulta a monsieur Levraud y amenaza con el incendio de su casa, mientras las legaciones anuncian represalias. Solo voces sensatas, como la de Fermín Toro, impiden que la sangre llegue al río; o, más bien, la presencia de fuerzas capaces de provocar pánico. En mayo, una escuadra anglo-francesa bloquea el puerto de La Guaira para exigir el cumplimiento del protocolo, para llevarse a Monagas por las malas, si fuera necesario.

La Convención reunida en Valencia examina la difícil situación y teme una hostilidad de la que saldrá derrotada Venezuela. De allí el encuentro de una arreglo capaz de superar los escollos: si concluye el bloqueo armado, el Gobierno permitirá que Monagas y los suyos viajen a Martinica sin estorbo. Así sucede, para que cese el clima de preocupación que ha predominado desde marzo. Antes de que se marche la escuadra y con su complacencia, un grupo de liberales descontentos, bajo el influjo de Juan Crisóstomo Falcón, prepara un movimiento subversivo, La Galipanada, que no pasa de la intentona. Después de descubrir la intentona, cuya organización demostraba la presencia de factores internos que buscaban a toda costa la autoridad, incluyendo el auxilio de los invasores, el Gobierno apresura las conversaciones con la flota bloqueadora para llegar hasta el acuerdo que por fin se logra en torno a la salida expedita de José Tadeo. Se vive una atmósfera envenenada, la dictadura recién derrocada ha fomentado elementos capaces de partir a la sociedad en bloques y facciones que no se dan cuartel, hasta el punto de llevar a la descarada participación de naciones extranjeras en un conflicto que no debería traspasar los confines nacionales. Solo la prudencia que en ocasiones se impone, evita mayores sacrificios a Venezuela frente a las pretensiones de las potencias, pero se ha derramado suficiente combustible para que no tarde en provocarse un gran incendio. En breve comienza la Guerra Federal.

eliaspinoitu@hotmail.com



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Comentarios (2)
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1 |
Por Luis Fernando Gutierrez Clavijo
20.01.2013
2:38 PM
Si Elias, excelente recuento de esas tristes epocas, aun no superadas del todo. Esos sucesos de Enero del 1848, desconocidos por la mayoria de nuestros -venezolanos - son un triste espacio en nuestro tiempo y del cual no aprendimos NADA. Elli campearon los Carujo y otros especimenes de nuestra fauna. Alli rindieron su vida hombre prominentes de esa venezolanidad en formacion como el caso de Santos Michelen. Es el caso en que una poblada inpensante, facil de manejar, puede llegar inconscientemente, a grandes excesos. De eso debemos cuidarnos hoy en dia, conocidos, como son, los dirijentes que detentan el regimen.Hoy, se hace presente la triste frase de Monagas: LA CONSTITUCION SIRVE PARA TODO. Hoy, esa frase se hace ACTUAL. La misma inmoralidad, los mismos mesquinos intereses, las mismas traiciones, los mismos arribistas, los mismos apetitos, las mismas rivalidades. Si, hoy la CONSTIT. les sirve para TODO, lamentablemente parece que la Historia no nos ha servido de mucho.
 
Por Jose A. Fajardo Puertas
20.01.2013
9:20 AM
Los grandes desastres de Hugo Chávez conducen a los pensadores a consultar en la páginas negras de nuestra Historia buscando una época con clima de división e inestabilidad política similar al actuar. El comunismo sólo se escribe en la Historia negra de cada país donde han pasado dejando como herencia al pueblo la misería moral y económica, la ruina y muchos cadáveres.
 
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