El despotismo es un vals
CAROLINA GÓMEZ-ÁVILA
| EL UNIVERSAL
miércoles 16 de enero de 2013 12:00 AM
Es simple.
Usted no está de acuerdo con las cosas que están pasando. Se disgusta, se angustia, se ahoga. Vocifera, señala, acusa, insulta, amenaza, difama. Lo hace en casa, el trabajo; en la calle, no tanto; en las redes sociales, mucho más, particularmente si se siente protegido por el anonimato. Se toma algo, suspira, bosteza, se alivia, se duerme.
Es simple, mañana lo volverá a hacer.
Mientras tanto, otros –a quienes considera sus pares por estilo de vida y manera de pensar- le ponen un pequeño garfio invisible en la nariz y lo arrastran. Usted sabe poco de ellos, ni siquiera está seguro de si viven en nuestro país y comparten nuestra realidad. Pero no se ocupa de ello porque siente la cálida emoción de la pertenencia. Tanto que –falsamente- llega a considerarse mayoría.
Y no logra verlos cuando se frotan las manos. No está capacitado para identificar a cantidad de actores políticos, que –en tanto personas naturales- se disfrazan de usted, para convencerle a usted y manipularle a usted.
¿Cómo distinguirlos?
Solo antes de elecciones y de acciones contundentes de calle. Solo cuando necesitan convocar. Solo cuando multiplican por tres o por diez. Entonces notará que alguno, que permanecía sin radicalizar su posición, se decanta frenéticamente. Y le impulsa a que haga lo mismo.
Usted cree que ese es un ciudadano y lo asume como líder. Pero no piensa que está siendo usado. Subvierten sus ideas y sacan provecho de todo lo que usted no se ha cuestionado antes, para confundirle convenientemente a favor de una causa que usted no conoce bien ni sabe si le representa.
Le llaman convencer. Y es irreprochable.
El reprochable es usted, si no se ha informado debidamente antes y cae en la trampa del primero que quiera guiar sus acciones. ¿Quiere un país de ciudadanos? ¡Sea usted el primero! Infórmese. Mucho. Permanentemente. El tiempo que usted no invierte en ello, lo tienen a favor quienes quieren atentar contra su futuro, con su anuencia. Finalmente, ¿qué otra cosa ha pasado en Venezuela en los últimos 200 años?
Porque el despotismo es un vals que baila un tirano con un ignorante. Y en esta oportunidad, la apuesta a la sangre (a la ajena, eso sí) empieza a cotizarse al alza. Sopese bien lo que quiere y siga el dictado de su conciencia, pero de su conciencia informada.
De conocer a cabalidad los principios de la República, usted no caerá en manos de fascistas ni de anarquistas. Y me temo que nos tienen rodeados.
Por favor, comience ya. Le ruego que estudiemos de qué se trata el orden social, porque empieza a arder la pradera. Y no quiero quemarme junto a usted.
@cgomezavila
Usted no está de acuerdo con las cosas que están pasando. Se disgusta, se angustia, se ahoga. Vocifera, señala, acusa, insulta, amenaza, difama. Lo hace en casa, el trabajo; en la calle, no tanto; en las redes sociales, mucho más, particularmente si se siente protegido por el anonimato. Se toma algo, suspira, bosteza, se alivia, se duerme.
Es simple, mañana lo volverá a hacer.
Mientras tanto, otros –a quienes considera sus pares por estilo de vida y manera de pensar- le ponen un pequeño garfio invisible en la nariz y lo arrastran. Usted sabe poco de ellos, ni siquiera está seguro de si viven en nuestro país y comparten nuestra realidad. Pero no se ocupa de ello porque siente la cálida emoción de la pertenencia. Tanto que –falsamente- llega a considerarse mayoría.
Y no logra verlos cuando se frotan las manos. No está capacitado para identificar a cantidad de actores políticos, que –en tanto personas naturales- se disfrazan de usted, para convencerle a usted y manipularle a usted.
¿Cómo distinguirlos?
Solo antes de elecciones y de acciones contundentes de calle. Solo cuando necesitan convocar. Solo cuando multiplican por tres o por diez. Entonces notará que alguno, que permanecía sin radicalizar su posición, se decanta frenéticamente. Y le impulsa a que haga lo mismo.
Usted cree que ese es un ciudadano y lo asume como líder. Pero no piensa que está siendo usado. Subvierten sus ideas y sacan provecho de todo lo que usted no se ha cuestionado antes, para confundirle convenientemente a favor de una causa que usted no conoce bien ni sabe si le representa.
Le llaman convencer. Y es irreprochable.
El reprochable es usted, si no se ha informado debidamente antes y cae en la trampa del primero que quiera guiar sus acciones. ¿Quiere un país de ciudadanos? ¡Sea usted el primero! Infórmese. Mucho. Permanentemente. El tiempo que usted no invierte en ello, lo tienen a favor quienes quieren atentar contra su futuro, con su anuencia. Finalmente, ¿qué otra cosa ha pasado en Venezuela en los últimos 200 años?
Porque el despotismo es un vals que baila un tirano con un ignorante. Y en esta oportunidad, la apuesta a la sangre (a la ajena, eso sí) empieza a cotizarse al alza. Sopese bien lo que quiere y siga el dictado de su conciencia, pero de su conciencia informada.
De conocer a cabalidad los principios de la República, usted no caerá en manos de fascistas ni de anarquistas. Y me temo que nos tienen rodeados.
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