¿Dónde está el piloto?
Cuando el gobierno encara situaciones que no sabe arreglar, convoca una manifestación
DOMINGO FONTIVEROS
| EL UNIVERSAL
domingo 13 de enero de 2013 12:00 AM
Para el chavismo se presenta complicado evitar caer en enredos políticos y jurídicos autoinflingidos, sin contar con la orientación y la capacidad decisoria de su líder fundamental, tal como está ocurriendo con el tema de la juramentación del presidente electo. Era innecesario incurrir en este enredo constitucional anudado por el oficialismo cuando bastaba aplicar soluciones previstas en el texto de la Carta Magna.
Sin embargo, era esencial que el oficialismo programara previamente los movimientos imprescindibles para que quien resultase elegido como presidente de la Asamblea Nacional en su nueva junta directiva, contara con respaldo suficiente para asumir transitoriamente la presidencia de la República en caso de no ser posible la juramentación del Presidente electo en la fecha pautada. Aparentemente, este detalle fue pasado por alto, y se le enrolló el papagayo a quienes venían aguardando la tranquila prolongación del status quo, abriendo así el camino para quienes en la oposición tomaron la defensa del procedimiento constitucional como argumento, irrebatible en lógica legal, y descartando las señas que el mismo jefe de Estado dejó claras para una eventual ausencia suya al concluir su preexistente período.
El desarrollo de los eventos hacia futuro es imprevisible aparte del inevitable incremento de la conflictividad política y las implicaciones que tenga esta nueva lesión a la claridad constitucional. Cabe esperar, sin embargo, que con su regreso, mientras más pronto mejor, el Presidente electo pueda aplacar las incertidumbres, restablecer al menos parte del orden perdido y haga las correcciones pertinentes.
No obstante, lo político es apenas un aspecto de la turbulencia que sacude a Venezuela. Y sin una dirección que canalice las energías nacionales hacia fines constructivos, sin un piloto que organice, como director de orquesta, a la multiplicidad de talentos y capacidades que pululan en nuestro espacio geográfico, las tendencias no apuntan bien.
La criminalidad sigue imbatible; la educación se degrada, al igual que la infraestructura física, hospitales y centros de recreación, por mencionar algunos ámbitos cruciales de la convivencia social. La reservas internacionales se han depletado, la deuda pública sigue expandiendo su carga sobre el ingreso nacional, las empresas básicas se encuentran en mínimos históricos, el empleo formal y los salarios siguen en deterioro; ni qué hablar de la inversión nueva, o de la inflación o del tipo de cambio.
Si esta dirección política que en forma indefinida gobierna semi-provisionalmente no ha sabido posicionarse sobre bases constitucionales menos endebles, qué puede esperarse de la misma respecto a los otros asuntos más cercanos a la vida cotidiana y no menos complicados de resolver. Hace años se decía, con algo de exageración, que cuando los argentinos enfrentaban un problema inmenso, componían un tango. Ahora en Venezuela, cuando el gobierno encara situaciones extremas que no sabe arreglar, convoca una manifestación popular.
No es esto lo que necesita el país. Y sin embargo hay que esperar a que las aguas vuelvan a su curso y la conciencia nacional mejore para separar al grano de la paja al momento de reconocer las acciones de tirios y troyanos que intentan captar la voluntad popular.
dfontiveros@cantv.net
Sin embargo, era esencial que el oficialismo programara previamente los movimientos imprescindibles para que quien resultase elegido como presidente de la Asamblea Nacional en su nueva junta directiva, contara con respaldo suficiente para asumir transitoriamente la presidencia de la República en caso de no ser posible la juramentación del Presidente electo en la fecha pautada. Aparentemente, este detalle fue pasado por alto, y se le enrolló el papagayo a quienes venían aguardando la tranquila prolongación del status quo, abriendo así el camino para quienes en la oposición tomaron la defensa del procedimiento constitucional como argumento, irrebatible en lógica legal, y descartando las señas que el mismo jefe de Estado dejó claras para una eventual ausencia suya al concluir su preexistente período.
El desarrollo de los eventos hacia futuro es imprevisible aparte del inevitable incremento de la conflictividad política y las implicaciones que tenga esta nueva lesión a la claridad constitucional. Cabe esperar, sin embargo, que con su regreso, mientras más pronto mejor, el Presidente electo pueda aplacar las incertidumbres, restablecer al menos parte del orden perdido y haga las correcciones pertinentes.
No obstante, lo político es apenas un aspecto de la turbulencia que sacude a Venezuela. Y sin una dirección que canalice las energías nacionales hacia fines constructivos, sin un piloto que organice, como director de orquesta, a la multiplicidad de talentos y capacidades que pululan en nuestro espacio geográfico, las tendencias no apuntan bien.
La criminalidad sigue imbatible; la educación se degrada, al igual que la infraestructura física, hospitales y centros de recreación, por mencionar algunos ámbitos cruciales de la convivencia social. La reservas internacionales se han depletado, la deuda pública sigue expandiendo su carga sobre el ingreso nacional, las empresas básicas se encuentran en mínimos históricos, el empleo formal y los salarios siguen en deterioro; ni qué hablar de la inversión nueva, o de la inflación o del tipo de cambio.
Si esta dirección política que en forma indefinida gobierna semi-provisionalmente no ha sabido posicionarse sobre bases constitucionales menos endebles, qué puede esperarse de la misma respecto a los otros asuntos más cercanos a la vida cotidiana y no menos complicados de resolver. Hace años se decía, con algo de exageración, que cuando los argentinos enfrentaban un problema inmenso, componían un tango. Ahora en Venezuela, cuando el gobierno encara situaciones extremas que no sabe arreglar, convoca una manifestación popular.
No es esto lo que necesita el país. Y sin embargo hay que esperar a que las aguas vuelvan a su curso y la conciencia nacional mejore para separar al grano de la paja al momento de reconocer las acciones de tirios y troyanos que intentan captar la voluntad popular.
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