Del Atari a Disney
GABRIEL VARGAS-ZAPATA
| EL UNIVERSAL
viernes 11 de enero de 2013 12:00 AM
Pocas veces en el cine se han rendido tan sentidos homenajes a los videojuegos como el que acaba de hacer Disney con Ralph El Demoledor, su más reciente propuesta y sin duda, una de las mejores cintas animadas del año. Un tributo a esos primeros juegos de Ataris y Nintendos, una mirada al pasado desde un presente estrepitoso en el que ya no hay espacio para las dos dimensiones y la imagen sin perspectiva.
Ralph... está repleta de personajes inquietantes y alegóricos, a algunos ya los conocíamos, otros han nacido con el film, pero en su conjunto, conforman un armónico grupo de disparatados razonamientos y corazones sensibles que, en buena medida, simulan a una sociedad en la que caben felicidad y frustración en iguales proporciones. Incluso hay reflexiones existencialistas que profundizan en temas como la personalidad y la autoestima; el argumento se encarga de convertirlas en pilares fundamentales de la trama. El film es, en resumen, un pastiche de tópicos que nos habla del paso del tiempo y de los cambios generacionales.
Propone además, un discurso relacionado con las formalidades empleadas en las técnicas de animación. La mezcla de la animación tradicional y el 3D, la manera en la que se pactan los movimientos de los personajes y alguna que otra de sus características físicas, no son más que artificiosidades que acentúan la comparación entre una generación de videojuegos y otra; y por defecto, parte de ese mismo discurso reflexivo. A pesar de todo ello, Ralph... es una cinta profundamente infantil, con una doble lectura que la convierte al mismo tiempo en una historia genuinamente adulta.
Por otra parte, El villano Rey dulce nos recuerda al Sombrerero Loco de 1951, el argumento base del film es idéntico al de Toy story (J. Lasseter, 1995) y la relación entre Ralph y Vanellope resulta extremadamente familiar, porque se asemeja muchísimo a la de Sulley y Boo de Monster Inc. (L. Unkrich, 2001). Rapl El Demoledor no es pues una película original ni mucho menos, ha tomado referencias clave para construir su propia alegación sobre el cine de animación, sobre la amistad y los valores occidentales. Además, es una película entretenida y desenfrenada, que controla la intriga en función de las emociones y llena el relato de incontables clímax y puntos de giros que la convierten en una auténtica montaña rusa con una ecléctica estructura de picos y valles. Una película límite, llena de precipicios por los que nunca nadie se cae. Excepto los malos.
Héroes, villanos, princesas e incluso una subtrama amorosa, son solo algunos de los elementos clásicos que en Ralph... se convierten, junto a los escenarios digitales, la animación, los colores vivos y flúor, los excelentes diálogos y la música, en una película para niños, cuya gran hazaña ha sido el poder tratar tan complejos asuntos sin desviar el lenguaje ni traicionar la magia tan característica de Disney. Una historia sencilla con un trasfondo brillante; dura, conmovedora y sutil al mismo tiempo. Forjada a punta de retazos argumentativos que cobran un sentido propio y que refrescan a la productora de Mickey Mouse, dejando en el paladar un sabor tierno y dulce de justicia y nostalgia.
@gvargaszapata
gvargaszapata@hotmail.com
gvargaszapata.blogspot.com
Ralph... está repleta de personajes inquietantes y alegóricos, a algunos ya los conocíamos, otros han nacido con el film, pero en su conjunto, conforman un armónico grupo de disparatados razonamientos y corazones sensibles que, en buena medida, simulan a una sociedad en la que caben felicidad y frustración en iguales proporciones. Incluso hay reflexiones existencialistas que profundizan en temas como la personalidad y la autoestima; el argumento se encarga de convertirlas en pilares fundamentales de la trama. El film es, en resumen, un pastiche de tópicos que nos habla del paso del tiempo y de los cambios generacionales.
Propone además, un discurso relacionado con las formalidades empleadas en las técnicas de animación. La mezcla de la animación tradicional y el 3D, la manera en la que se pactan los movimientos de los personajes y alguna que otra de sus características físicas, no son más que artificiosidades que acentúan la comparación entre una generación de videojuegos y otra; y por defecto, parte de ese mismo discurso reflexivo. A pesar de todo ello, Ralph... es una cinta profundamente infantil, con una doble lectura que la convierte al mismo tiempo en una historia genuinamente adulta.
Por otra parte, El villano Rey dulce nos recuerda al Sombrerero Loco de 1951, el argumento base del film es idéntico al de Toy story (J. Lasseter, 1995) y la relación entre Ralph y Vanellope resulta extremadamente familiar, porque se asemeja muchísimo a la de Sulley y Boo de Monster Inc. (L. Unkrich, 2001). Rapl El Demoledor no es pues una película original ni mucho menos, ha tomado referencias clave para construir su propia alegación sobre el cine de animación, sobre la amistad y los valores occidentales. Además, es una película entretenida y desenfrenada, que controla la intriga en función de las emociones y llena el relato de incontables clímax y puntos de giros que la convierten en una auténtica montaña rusa con una ecléctica estructura de picos y valles. Una película límite, llena de precipicios por los que nunca nadie se cae. Excepto los malos.
Héroes, villanos, princesas e incluso una subtrama amorosa, son solo algunos de los elementos clásicos que en Ralph... se convierten, junto a los escenarios digitales, la animación, los colores vivos y flúor, los excelentes diálogos y la música, en una película para niños, cuya gran hazaña ha sido el poder tratar tan complejos asuntos sin desviar el lenguaje ni traicionar la magia tan característica de Disney. Una historia sencilla con un trasfondo brillante; dura, conmovedora y sutil al mismo tiempo. Forjada a punta de retazos argumentativos que cobran un sentido propio y que refrescan a la productora de Mickey Mouse, dejando en el paladar un sabor tierno y dulce de justicia y nostalgia.
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