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¿Y ahora qué?

Están llegando los días en los que la vida de cada uno de nosotros depende de cada uno de nosotros

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UNAI AMENÁBAR |  EL UNIVERSAL
martes 8 de enero de 2013  12:00 AM
Si algo caracterizó el año 2012 en Venezuela fue la incertidumbre. Desde el punto de vista político el año comenzó con la expectativa de la elección de un candidato unitario en la oposición para que se pudiera enfrentar al constante candidato del oficialismo que no era otro que Hugo Chávez. Los deseos de unidad y el fantasma de la fractura de ese deseo estuvieron permanentemente presentes en el día a día de los venezolanos que no quieren que el equipo encabezado por el presidente Chávez siguiera dirigiendo los destinos del país. Un fantasma que, basado en las experiencias previas y alentado por los voceros del oficialismo, parecía que no permitiría a la oposición llegar a buen puerto. Sin embargo el 12 de febrero del año pasado se fue a un proceso inédito de elecciones primarias para escoger entre distintas opciones, que representaban a distintos partidos y hasta a distintas maneras de hacer su oferta electoral, a un candidato (a) que se enfrentara en octubre de ese año al más experimentado fenómeno electoral de los últimos años. Henrique Capriles Radonski resultó ser el favorecido por los votos de la inmensa mayoría de los opositores al gobierno central en Venezuela. Y entramos en una campaña llena de ventajismos a favor del candidato a la reelección que terminó con el proceso de las elecciones presidenciales pautadas para el 7 de octubre ante el cual también se abrió una inmensa incertidumbre por los cambios que vendrían en el país independientemente de quién resultara ganador. Si ganaba Henrique Capriles, una nueva manera de hacer política, una nueva manera de conducir la economía, una nueva forma de establecer las relaciones entre las instituciones (al menos eso era lo que ofrecía). Si ganaba (como en efecto ocurrió) Hugo Chávez, cambios para profundizar la revolución. Pero aún faltaba un proceso electoral más: el de los gobernadores de los estados. 23 puestos a elegir entre dos opciones diferentes. Los que recibían su apoyo de las manos de unas elecciones primarias (aquellas que se realizaron el 12 de febrero) o por consenso entre los partidos, y los que recibían la "gracia" de la mano del Jefe del Estado, de Gobierno y del partido. ¡El hombre del poder, pues! Llegó ese día con menos expectativa y ánimo que en los procesos comiciales anteriores y la gran nota a resaltar fue la ausencia de votantes en las mesas para expresar su opinión y su apoyo a una u otra opción. ¿Explicaciones? Muchas. Agotamiento electoral, cercanía con las Navidades y sus respectivas vacaciones, depresión entre los que perdieron la elección presidencial, exceso de confianza entre quienes la ganaron. ¿El resultado?, la mitad del país simplemente no fue a votar. Para algunos eso afectó el resultado e hizo que triunfara de manera aplastante la opción que apoya al Presidente de la República. Otros aseguran que esta abstención afectó por igual a uno y otro bando, y por lo tanto los resultados hubieran sido los mismos.

Vale todo

Y llegamos al final de 2012 cuando tras tres procesos electorales, se suponía que para bien o para mal ya el panorama del país estaría más o menos definido al menos por unos 4 años. Sin embargo se incorpora una variable interviniente que da al traste con todo lo previsto y pone sobre el tapete (una vez más) el término "incertidumbre", ese no saber qué va a pasar en las próximas horas y ante lo cual cualquier alternativa es válida. Estamos en el país donde, tal como el título de aquella novela brasileña de los 80´ "Vale todo".

El agravamiento de la enfermedad del Presidente, ese cáncer que tercamente vuelve a aparecer una y otra vez, aun cuando en plena campaña se nos aseguró (de su propia boca, por cierto) que estaba ya totalmente curado mientras saltaba de tarima en tarima en su recorrido por el país, hace que todo el juego se recomponga. Él mismo antes de salir por última vez hacia Cuba (última al menos hasta el momento de escribir estas líneas) dejaba abierta la puerta para considerar su ausencia como absoluta y tener que realizar unas nuevas elecciones presidenciales para lo cual nombró a Nicolás Maduro como su candidato y ordenaba a sus seguidores a votar por él, hasta ahora, Canciller y Vicepresidente.

Pero no todo queda allí. Frente a nosotros está otra interrogante. La Toma de Posesión. Esa fecha que regularmente pasa por debajo de la mesa para la cotidianidad de la mayoría de la población, porque se asume simplemente como la culminación de un acto administrativo, una fecha llena de discursos pomposos y actos protocolares donde todos los actores sacan a relucir sus mejores galas de piel de cordero, se nos presenta ahora con más vigor que aquella que marcaba el fin del mundo por parte del Calendario Maya, tan comentado en estos días. ¿Qué pasa si Chávez no está presente para ese momento? ¿Qué dice la Constitución al respecto? ¿Dice algo? ¿Importa acaso lo que diga?, o lo realmente importante es la interpretación que de ella haga los miembros de la Sala Constitucional del TSJ.

¿Y la oposición?

Para unos el camino está ya trazado. Si la enfermedad del Presidente en ejercicio y a la vez Presidente electo tiene un final trágico, pues la instrucción está dada: todos los seguidores de Hugo Chávez tienen la orden de votar por Nicolás Maduro. ¿Y entre la oposición? ¿Cómo está la cosa? Tal parece que el temor a que los llamen zamuros es superior a la imperiosa necesidad de dar los pasos necesarios para estar preparados en caso de que ese evento ocurra. Desde luego la tarea no es fácil. Pero resulta que por dejarla para después no va a suavizar la dificultad.

¿Estamos acaso como sociedad preparados para que en un país tan presidencialista y personalista como el que hemos vivido en los últimos 14 años, de pronto el Jefe de Estado deje de existir o que su salud esté tan comprometida como para no poder asumir la dirección firme del gobierno? Pienso que no. Y básicamente lo hago porque nos hemos venido acostumbrando a estar en una corredera permanente de arruga a fin de que sean "otros" (puede ser políticos, obreros, militares, jueces, estudiantes, medios de comunicación... ) los que se pongan a hacer el trabajo que por comodidad, ignorancia, apatía, indolencia o banalidad, nosotros preferimos no hacer.

Sin embargo, están llegando los días en los que la vida de cada uno de nosotros depende de cada uno de nosotros. Nos está llegando el momento de organizarnos, de aportar ideas (y no solamente criticar las de otros), de buscar la manera de que esas ideas se puedan convertir en hechos tangibles y prácticos. La crisis que se nos avecina no es fácil de resolver. Tampoco imposible.

En lo político y electoral ya la tenemos encima, pero viene por ahí la económica, la institucional, y sobre todo la social (seguramente la más complicada de procesar) que va a requerir de nosotros todos nuestras mejores capacidades y creatividad, poner en ejercicio manifestaciones de tolerancia que no pensábamos tener que utilizar y un nivel de comprensión nunca antes visto. Si algo hemos aprendido los venezolanos de estos tiempos ha sido a transitar por sendas llenas de obstáculos y peligros, y a sacar de cada inconveniente una lección para afrontar el próximo. Pero también estoy seguro de que en medio de toda esta incertidumbre angustiante se nos abre una nueva oportunidad de emprender un camino más claro, más firme y más seguro para todos. Deseo lo mejor para este año nuevo 2013.

unaiamenabar@hotmail.com

Twitter: @unaiamenabar



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