Hacia arriba
Venezuela enfrenta un dilema: seguir por el camino del fracaso o tomar una vía hacia la prosperidad
MICHAEL ROWAN
| EL UNIVERSAL
martes 8 de enero de 2013 12:00 AM
El fracaso de Venezuela es producto del gasto de arriba hacia abajo en el sector consumo, mientras que en el mundo triunfa la inversión de abajo hacia arriba en el sector consumo. Históricamente, las economías de planificación centralizada, típicas de los Estados petroleros, resultan en baja productividad, alta inflación y corrupción desenfrenada. Los incentivos del capitalismo clientelar, el robo y las dádivas políticas empujan la sociedad hacia los "negocios" y la alejan del trabajo. La dependencia de los monopolios estatales desestimula el emprendimiento y la inversión.
Venezuela giró en este tornado de autoderrotismo por mucho tiempo, hasta que Chávez perfeccionó el remolino y lo llamó revolución. Las víctimas de las políticas son la mitad inferior de la pirámide económica: obtienen más limosnas y consumen más, pero se hacen más pobres por la inflación.
Venezuela enfrenta un dilema: seguir por el camino del fracaso o tomar una vía nueva, hacia la prosperidad. La decisión, aunque parece fácil, no lo es. Las elites del poder se benefician enormemente del despilfarro, corrupción y desigualdad. Venezuela es uno de los países más desiguales del mundo: el Estado manejó 1 millón de millones de dólares desde 1999, mientras los principales líderes políticos terminaron con más riqueza que muchos millones de familias de los estratos inferiores.
En 2006, en mi libro "Superar a Chávez y la pobreza", mostré que las familias venezolanas de escasos recursos podrían convertirse en clase media con una inversión de $48 millardos en equipos productivos, pequeñas empresas, créditos hipotecarios y educación. La clave para crear riqueza de abajo hacia arriba es que el crédito, los equipos, los negocios, la vivienda y la educación estén en las manos privadas de las familias, no del Estado. Las familias deben asumir la tarea independiente de hacer que las inversiones den frutos para sus hijos. Como resultado, se vuelven actores autosuficientes, de clase media e independientes que el Estado no puede atropellar a voluntad. Esto se logró en Alaska, Noruega y ahora en Brasil, donde el petróleo se sembró en el sector de menores recursos para liberarlo. Por qué esta solución de sentido común nunca ha sido intentada en Venezuela sigue siendo un misterio.
michaelrowan22@gmail.com
Traducción: Maryflor Suárez R.
Venezuela giró en este tornado de autoderrotismo por mucho tiempo, hasta que Chávez perfeccionó el remolino y lo llamó revolución. Las víctimas de las políticas son la mitad inferior de la pirámide económica: obtienen más limosnas y consumen más, pero se hacen más pobres por la inflación.
Venezuela enfrenta un dilema: seguir por el camino del fracaso o tomar una vía nueva, hacia la prosperidad. La decisión, aunque parece fácil, no lo es. Las elites del poder se benefician enormemente del despilfarro, corrupción y desigualdad. Venezuela es uno de los países más desiguales del mundo: el Estado manejó 1 millón de millones de dólares desde 1999, mientras los principales líderes políticos terminaron con más riqueza que muchos millones de familias de los estratos inferiores.
En 2006, en mi libro "Superar a Chávez y la pobreza", mostré que las familias venezolanas de escasos recursos podrían convertirse en clase media con una inversión de $48 millardos en equipos productivos, pequeñas empresas, créditos hipotecarios y educación. La clave para crear riqueza de abajo hacia arriba es que el crédito, los equipos, los negocios, la vivienda y la educación estén en las manos privadas de las familias, no del Estado. Las familias deben asumir la tarea independiente de hacer que las inversiones den frutos para sus hijos. Como resultado, se vuelven actores autosuficientes, de clase media e independientes que el Estado no puede atropellar a voluntad. Esto se logró en Alaska, Noruega y ahora en Brasil, donde el petróleo se sembró en el sector de menores recursos para liberarlo. Por qué esta solución de sentido común nunca ha sido intentada en Venezuela sigue siendo un misterio.
michaelrowan22@gmail.com
Traducción: Maryflor Suárez R.
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Comentarios (1)
Por José R Pirela
08.01.2013
10:21 AM
La idílica Siembra del Petróleo sembró odio, egoísmo y división entre los venezolanos, y el caudillismo militarista se convirtió en despotismo comunista. Sin embargo, aun seguimos aferrados a la idea de un Estado que transmuta humanos en deidades capaces de cambiar a los habitantes dependientes en ciudadanos productivos, y a la patria, en la Isla de la Felicidad eterna. El misterio está en el presidencialismo soberano que descabeza a todas las instituciones. ¿Qué estoy fuera del perol? ¿Qué estamos viendo? ¿Qué hacen las supuestas instituciones? ¿Importa lo que dice la Constitución o lo que dice el presidente? Ahora que no dice nada, las instituciones andan al garete.
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