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Respetar las reglas

MARIANO NAVA CONTRERAS |  EL UNIVERSAL
viernes 4 de enero de 2013  12:00 AM
En un estudio reciente, se revelaba que una de las características más definitorias de la mentalidad de los ciudadanos de los países avanzados es el respeto por las normas establecidas. Obvio y sencillo. Porque para nadie es un secreto que para que un grupo de personas realice un trabajo en conjunto primero tiene que ponerse de acuerdo en qué es lo que se quiere hacer, y luego cómo es que lo tiene que hacer. El qué y el cómo, y después, claro, respetarlo. Tan sencillo como que un grupo de niños se encuentra para jugar una partida de beisbol y todo el mundo sabe cuáles son las normas y las reglas. A nadie se le ocurre en la mitad del juego ponerse a patear la pelota o a jugar básquet. Tan simple como que un grupo de amigos se reúne en una casa para jugar dominó y a nadie se le pasa por la cabeza ponerse a jugar, así de repente, porque le da la gana, truco o ajiley.

Obvio y sencillo. Respetar las normas es necesario, imprescindible más bien. Es la condición mínima para que un grupo de personas alcance su cometido. No es cuestión de moral ni de idealismo, es cuestión del más puro y duro pragmatismo. Si no respetamos nuestros propios acuerdos y compromisos, simplemente no vamos a ninguna parte, y por supuesto nadie va a respetarnos. Se trata de una verdad que, no por el hecho de ser estudiada por sociólogos y juristas, escapa a cada momento de nuestra vida más cotidiana. Y sin embargo, qué difícil es que en nuestra Venezuela se respetan las normas. Basta con salir un momento a la calle, tres minutos son suficientes, para ver por todos lados todo tipo de infracciones y transgresiones. Las normas, para el venezolano, parecen ser una formalidad absolutamente prescindible, divorciada de lo que creemos que es "el mundo real", de las que solo echamos mano circunstancialmente cuando sospechamos que nos podrían convenir. Y si no me cree, estimado lector, fíjese un momento cuando esté parado en un semáforo. Podrá deprimirse, pero de seguro no se aburrirá contando las infracciones. Doble discurso y doble moral ciudadana, pura hipocresía aquello de "la ley respetando" que tan inspirados cantamos en el himno.

Ojalá que la cultura del desacato y la infracción en Venezuela se quedara tan solo en las menudencias del tráfico, en el "vivo" que "se hace el loco" para no respetar la cola en el banco, en el "pana" que le pasa "algo ahí" al empleado de la aerolínea en Maiquetía para que le dé el cupo de otro pasajero que sí había hecho correctamente su reserva. Más bien se trata, lamentablemente, de una constante que alcanza la praxis política de nuestro país (uno de los más corruptos del mundo, conviene recordar), y por tanto de un factor definitorio, una mancha fatal que domina nuestra corta y atribulada historia. Y en este sentido, el nuevo episodio de la sucesión presidencial no podía ser una excepción.

  En Venezuela todas o casi todas las circunstancias que atañen a la alternabilidad del poder están previstas en la Constitución, y esto porque obviamente se trata de un asunto de Estado de la mayor importancia que no se puede dejar al azar o a la improvisación, menos aún a la ambición insensata de algún aventurero llegado al poder. Si hay un ideal al que aspira todo Estado moderno es a la estabilidad, y ello solo se consigue por medio de la regularidad en la alternancia del poder. Por fortuna quedan excelentes juristas y constitucionalistas que han explicado todo esto mucho mejor de lo que yo podría. Sin embargo, cuánta angustia podrían ahorrarle los políticos al país si respetaran rectamente, sin triquiñuelas jurídicas ni extrañas interpretaciones, las normas establecidas en la Constitución, que son las reglas del juego que los venezolanos aceptamos y aprobamos en 1999. Cuánto inútil desgaste nos ahorraríamos si los políticos estuvieran dispuestos a traspasarse el poder limpiamente y sin traumas, civilizadamente, tal y como lo establecen las normas del juego democrático en las que ya hace rato nos pusimos de acuerdo todos los venezolanos. Ésta y no otra es la reflexión que quiero dejar.

marianonava@gmail.com


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Comentarios (1)
Por José R Pirela
04.01.2013
1:21 PM
Si desde el gobierno se violan las normas democráticas ¿Qué se puede esperar de los habitantes? Pero debemos preguntarnos ¿Cuáles son las condiciones que impulsan la permanente violación? En un juego de niños ¿quién se siente con el derecho a violar las reglas e imponer las suyas?
 
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