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Texto sin hilo

El viaje por el estado Miranda da cuenta de lo que no se puede contar

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ELÍAS PINO ITURRIETA |  EL UNIVERSAL
domingo 30 de diciembre de 2012  12:00 AM
El viaje por el estado Miranda da cuenta de lo que no se puede contar. Infinitos afiches de Elías Jaua incorporados al paisaje, el erario dilapidado a la vista del viajante, postes, fachadas de casas humildes y rincones campestres con la efigie del candidato derrotado. Plata perdida, pero plata del pueblo, porque nadie puede afirmar que el PSUV hizo colectas para pagar la propaganda y le pidió después a sus voluntarios que la convirtieran en compañera de itinerario.

Hubo un choque que demoró el viaje durante un par de horas, mientras la calma chicha de las autoridades despejaba la vía. Aproveché la obstrucción para continuar la lectura de El requetemuerto, la reciente novela de José Pulido que narra la historia de un hombre que merecía morir, no una, sino varias veces. El nuevo Conferry es nuevo de veras. No venden café, solo funciona una poceta en el baño de las mujeres, según las quejas de las mujeres, y muchos asientos han perdido sus cojines, pero un dúo de cantantes tropicales anima el trayecto con su música mientras en las pantallas desfila publicidad de los ministerios populares. Seguí leyendo El requetemuerto, y llevé a una niñita al baño de caballeros para que calmara sus urgencias.

Al día siguiente fui hasta el aeropuerto a esperar el vuelo de Laser. Terminé el libro en los pasillos, porque el vuelo tuvo tres horas de atraso. Otra dilación de cincuenta minutos se produjo porque no salían las maletas. Los pasajeros aplaudieron cuando comenzó a salir el equipaje, en lugar de protestar ante la escandalosa ineficacia de un transporte que, si se cuentan la cola y la espera de Maiquetía, casi gasta desde allá hasta Margarita lo que dura un viaje para Portugal. No sé por qué aplaudieron los pasajeros, pero justo cuando sonaban las ovaciones terminé El requetemuerto. Se los recomiendo. El libro, no el avión de la mentada aerolínea.

El socialismo del siglo XXI ha dado óptimos frutos en la isla. Abrieron nuevas tiendas de delicatesses, da gusto pasear por los centros comerciales, si usted logra encontrar puesto en los estacionamientos, güisqui de dieciocho de variadas marcas. Los clientes exigentes se quejan de la oferta, pero yo veo todo muy socialista del siglo XXI.

Unas señoras discutían en Playa El Agua sobre la inutilidad de los políticos de la oposición. Hablaron pestes de la MUD. Quieren soluciones para el año entrante, a más tardar. Que no es verdad que jaquearon el tuiter de Ramos Allup y que los muchachos de Copei hicieron una cuña muy buena. Raro que no les diera resultados. Que las tipas del CNE son muy ordinarias .Que Capriles hizo bien cuando vino a la basílica, pero que no debió aceptar la compañía de ese Morel tan gastado. Son devociones distintas, aseguró una de las señoras.

Misa de Gallo en la iglesia de Pampatar. Se apagó la luz y la capilla quedó en tinieblas, pero no fue una falla del servicio de energía como creyeron los creyentes al principio. El cura dispuso la oscurana, mientras bajaba del techo con una cuerda la imagen del Niño Dios. Bajo lentamente la imagen, mientras volvía la iluminación y los feligreses aplaudían llenos de regocijo. Un coro de aguinaldos margariteños sonó de maravilla. Después los feligreses le tomaron fotos al cura con la imagen del recién nacido. Después soltaron unos globos multicolores, animados con candela. Me acordé de mi niñez pueblerina.

Me entero de que Mandela salió bien de sus dolencias, después de una breve estada en el hospital. Salió como entró, sin misterios ni mentiras, sin llantos exagerados ni oraciones promovidas por un partido político. En Sudáfrica no hay apartheid en el caso de las informaciones sobre la salud del político más reverenciado de la nación.

Fui a dos librerías a comprar la novela más reciente de Francisco Suniaga, pero me dijeron que estaba agotada en el territorio insular, palabras textuales de los libreros. Suniaga se ha convertido en el personaje más importante del contorno, después de Jóvito Villalba, y sus escritos se venden como pan caliente. No sucede lo mismo en mi caso con los paisanos de Boconó. Cosas de Esta gente, pero también de las excelencias de la pluma y de la imaginación de Suniaga.

A los afiches de Mata Figueroa les fue mejor que a los de Jaua, pues el personaje a quien representaban ganó las elecciones en Nueva Esparta. La imagen sonriente del general está en todas partes, como sucede en Miranda con la del otro, aunque menos sonriente el mirandino, dicho sea de paso, y con resultados distintos. Sigue pendiente la pregunta sobre la procedencia de los reales que pagaron ese afichero ubícuo, pero derrotó a Morel. Tal vez no hubiera sido necesario tanto gasto para librarse de un continuismo parroquial.

Un señor preguntó mi opinión sobre la decisión de dejar a Casillas en el banco, tomada por Mourinho. Como no le supe responder se salió de sus casillas, y quedé como un ignorante. Creo que el puntilloso preguntador reaccionó adecuadamente cuando me miró con desprecio y se alejó veloz.

No se ha ido la luz en Margarita en la última semana. Mientras persisten las penumbras intermitentes en numerosas partes de la tierra firme, en la isla todo es claridad .A lo mejor empavo la cosa y comienzan los apagones, pero refiero el suceso porque me ha permitido leer sin interrupciones un libro luminoso que traía Rosalba en su caleta. Se trata de Los incurables, la novela más reciente de Federico Vegas, quien ofrece en sus páginas un perfil inédito de Armando Reverón. Anécdotas impresionantes del gran pintor de Macuto, hechas por un extraordinario narrador. También la voy a recomendar, y así tal vez tengan de veras utilidad estas líneas.

eliaspinoitu@hotmail.com



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Comentarios (2)
páginas:
1 |
Por Danilo Tortosa
30.12.2012
2:18 PM
Definitivamente con humor la vida se vive mejor.
 
Por José R Pirela
30.12.2012
9:36 AM
Los venezolanos no se quejan de los malos servicios porque la rentabilidad no figura en sus ingresos ¿Qué significa esto? No es parte de su valor. Por una parte, el ingreso no respalda la inversión de un patrimonio y, en consecuencia, el tiempo tampoco significa valor. El único patrimonio existente en Venezuela, el petróleo, al ser de todos, no es patrimonio de nadie. Y lo que agrava la situación, es que el gobierno tiene el privilegio de ser el administrador del patrimonio nacional. Con esta condición, el presidente se convierte en depositario del patrimonio y en tutor de una sociedad incapacitada para tomar decisiones. ¿Es extraño que la sociedad venezolana sea la más feliz del mundo? ¿Qué valora el venezolano, la presidencia o al que ocupa la presidencia? ¿Al que reparta más, o al que reparta menos? ¿Al que exija más, o al que exija menos?
 
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