Compartir

Un amor enfermizo y cruel

RICARDO GIL OTAIZA |  EL UNIVERSAL
viernes 28 de diciembre de 2012  12:00 AM
En su extraordinario libro cuasi-filosófico En esto creo (ya referido in extenso en estas mismas páginas), el fallecido escritor mexicano Carlos Fuentes se explaya en su "definición" del amor hasta lo indecible, hasta más allá de nuestros propios requerimientos vitales, para mostrarnos dicho vocablo con una hondura sacrílega digna de un Diderot, quien en sus temidos tiempos logró sacar de sus cabales a la casta sacerdotal dueña del pensamiento y de la voluntad humana y divina de entonces. De esos largos textos en los que Fuentes busca el reencuentro con lo espiritual -sin olvidarse de la carne: único templo posible del espíritu-, rescato un pequeño párrafo que me conmovió hasta las entrañas, y que de alguna manera evidencia nuestra eterna ambivalencia amor-odio: "El elogio del amor como realidad o aspiración suprema del ser humano no puede ni debe olvidar la fraternidad del mal aunque, en esencia, la supera en la mayoría de los casos. La aplaca, pero nunca la vencerá del todo. El amor requiere una nube de duda contra el mal que lo acecha".

Por lo general, cuando hablamos del amor como sentimiento obviamos deliberadamente su estrecho parentesco con el odio, con el mal; con esas fuerzas oscuras que buscan sacrificar nuestro entendimiento y nuestra razón en aras de la ciega pasión. Nos olvidamos de la complejidad del existir, de sus finas argucias, de sus suaves (a veces tormentosos) maquiavelismos, para entregarnos en sus brazos aunque sepamos en lo más hondo de nuestra conciencia que algún día pagaremos muy caro ese "abandono", que nos acerca a las bestias; empero, con sutiles ansias de trascendencia.

Aunque nos resistamos a ello, existe el amor al mal. De eso no hay dudas y la historia de la humanidad se ha encargado de refrendarlo con viles argumentos. El mismo Fuentes nos revela -no sin asombro para quienes lo leemos- que existen formas del mal disfrazadas de amor y nos entregamos inocentes a ellas, hasta que enfermos y destruidos nos percatamos del error y buscamos con desesperación huir de sus certeras dentelladas; pero a veces es demasiado tarde y morimos inexorablemente en sus brazos.  El mal toma rostro amoroso y lentamente no arrebata, nos hunde en sus entrañas, nos muestra el paraíso terrenal y como borregos caemos en la tentación y somos presas fáciles de sus mentiras y engaños.

El mal, vestido con ropaje de amor, ha sido la eterna tragedia para un ser humano terco y obstinado, que jamás aprende la lección. El Marqués de Sade sabía muy bien cómo sustraer a sus potenciales víctimas a una visión sesgada de la pasión de la carne, y logró sus objetivos. El dolor físico (y emocional) asociado al placer orgiástico, se erigió de pronto en ansias, en ventura, en pensamiento idílico de lo anhelado, y se hizo meta para los incautos. El sadomasoquismo como tendencia pervertida del placer ha sido llevado hasta nuestros días de la mano de poderosos líderes que ofrecen castillos de horror a sus pobres víctimas. Para Sade -reflexiona Fuentes- "el amor sadista podrá ser un mal para la víctima, pero es un supremo bien para el verdugo".

Y no se trata tan sólo de la experiencia acotada al espacio íntimo de una pareja, de unos amantes que se mecen entre el placer y el dolor, sino que toma fuerza en otros contextos en los que la admiración rayana en sublimidad de los sentidos, se convierte de pronto en caldo propicio para sus crueles acechanzas. Hitler, por ejemplo, llevó a un pueblo supuestamente elevado como el alemán, al cual "amaba profundamente", hasta el abismo histórico; y al judío (al que odiaba) hasta la inmolación. Así podría hablar de otros personajes que han conducido a sus conciudadanos al paroxismo, a los extremos inicuos de la exaltación nacionalista, patriótica, racial y religiosa, siempre en nombre del amor; pero –entiéndase- de un amor enfermizo y cruel que es capaz de llegar a los extremos de la destrucción y la muerte.

rigilo99@hotmail.com

@GilOtaiza
  
      


Más artículos de esta firma

Compartir
¡Participa!

Envíanos tus comentarios
Para escribir tus comentarios en las notas, necesitas ser usuario registrado
de EL UNIVERSAL. Si no lo eres, Regístrate aquí
correo (obligatorio)
clave (obligatorio)
Ingresar
El Universal respeta y defiende el derecho a la libre expresión, pero también vela por el respeto a la legalidad y a los participantes en este foro. Invitamos a nuestros usuarios a mantener un contenido y vocabulario adecuado y apegado a las leyes.
El Universal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de quién los escribe.
El Universal no permite la publicación de mensajes anónimos o bajo seudónimos.
El Universal se reserva el derecho de editar los textos y de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje no apropiado y/o que vaya en contra de las leyes venezolanas.
Comentarios (1)
Por dario corrales
28.12.2012
10:43 AM
ayer Diosdado decia que todo el mundo queria ser como chavez pero eso es imposible ya que chavez es uno solo y es cierto, aunque en realidad no lo dijo en ese contexto, despues dijo que todos deberiamos ser como chavez aunque sea 5 minutos al día, y yo me pregunto; que clase de ridiculez es esa???
 
ESPACIO PUBLICITARIO