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Navidad es amor

AGUSTÍN ALBORNOZ S. |  EL UNIVERSAL
viernes 28 de diciembre de 2012  12:00 AM
La Navidad tiene por objeto el amor. Tiene por finalidad la alegría, la generosidad, la risa, el reencuentro de parientes y amigos en medio de luces y adornos multicolores. Pero ante todo la Navidad tiene por objeto el amor.

A continuación quisiera compartir con nuestros amables lectores un relato sencillo que ejemplifica vivamente esta realidad. Se trata de un episodio en la vida de un niño que era avispado, un poco travieso, tenía las mejillas enrojecidas, y que hizo un regalo inesperado pero especial a su maestra durante una Navidad. Juan David era un huérfano de 11 años que vivía con una tía de mediana edad, amargada por tener que haberse hecho cargo del hijo de su hermana cuando ésta murió. Constantemente le recordaba al pequeño Juan David que de no haber sido por la generosidad de ella, él habría terminado abandonado en la calle. Pero a pesar de la frialdad y los continuos regaños de su tía, él era un muchachito encantador y servicial.

Resulta que este niño decidió a partir de cierto momento quedarse todos los días al terminar la clase para ayudar a su maestra a limpiar y poner en orden el aula, a pesar de que esto no le gustaba mucho a su tía. La mayoría del tiempo estaban en silencio arreglando las cosas, y las pocas veces que Juan David hablaba se refería usualmente a su mamá. Aunque era bastante pequeño cuando ella falleció, la recordaba como una señora muy tierna y cariñosa que pasaba mucho tiempo con él.

Cuando faltaba poco para Navidad, Juan David dejó de quedarse después de clase. La maestra siempre esperaba con ilusión ese tiempo, y al ver que pasaron varios días y Juan David no se quedaba como antes, una tarde le preguntó por qué no la ayudaba como solía hacerlo. Además le dijo que lo extrañaba mucho, por lo que se le iluminaron sus ojos mientras le preguntó:

-¿De verdad?

Le explicó que había sido su mejor ayudante.

-Es que le estoy preparando una sorpresa para Navidad -susurró en tono confidencial.

Se ruborizó y salió disparado. No volvió a quedarse más después de clase.

Por fin llegó el último día de escuela antes de las vacaciones navideñas. Hacia el final de la tarde, Juan David entró sigilosamente en el aula. Traía algo oculto a sus espaldas.

-Le traigo su regalo -dijo con voz tímida cuando la maestra alzó la vista-. Espero que le guste.

Alargó las manos hacia ella, y en sus pequeñas palmas sostenía un cofrecito de madera.

-Es precioso, Juan David. ¿Tiene algo dentro? -le preguntó la maestra mientras lo abría para mirar su interior.

-Lo que guarda es invisible -comentó en voz baja-; tampoco se puede tocar, probar ni sentir. Pero mi madre siempre decía que es algo que te hace siempre feliz, te arropa cuando hace frío y te protege cuando estás solo.

Observando el interior del cofre, la maestra preguntó:

-¿Y qué es eso que me hará tan feliz, Juan David?

-Amor -respondió bajito-. Mamá siempre decía que lo mejor es regalarlo.

Y dando media vuelta, salió del aula en silencio.

Desde entonces la maestra de Juan David tiene un cofrecito de madera sobre el piano de la sala de estar de su apartamento, y se limita a sonreír cuando las visitas ponen cara de asombro cuando les explica que contiene amor.

Una reflexión final: para Juan David el cofrecito de madera contenía todo el amor que podía expresar a su maestra, quién sabe cuánto le costó hacer el cofre, o conseguirlo, o limpiarlo para ella, cómo haya sido ese esfuerzo fue parte esencial de ese "amor" invisible que estaba adentro.

Igualmente, para cada uno de nosotros ese amor se puede manifestar de diversas formas en las que el común denominador es dar más de nosotros mismos: por ejemplo, visitando a un amigo que hace tiempo no vemos, o escribiendo a alguien que recordamos con aprecio y que está lejos físicamente, o buscando solucionar un problema que nos ha distanciado de alguien en particular, o visitando a alguien que está enfermo para llevarle ánimo y consuelo, o incluso haciendo algún regalo de tipo material que sepamos que va a contribuir a solventar una necesidad de quien recibe ese regalo; en fin, hay mil maneras en las que cada uno de nosotros podrá manifestar ese amor que, aunque invisible, como decía la mamá de Juan David es algo que te hace siempre feliz, te arropa cuando hace frío y te protege cuando estás solo.

Invito a nuestros amables lectores a reflexionar al respecto y a buscar el "cofrecito de madera" de cada uno, para comprobar que ciertamente la Navidad es tiempo de alegría, de cantares y de buenos regalos. Pero ante todo es un tiempo de amar.

La Navidad es más Navidad que nunca cuando la celebras llevando la luz del amor a quienes más la necesitan.  Ruth Carter Stapleton

agusal77@gmail.com

@agusal77


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Comentarios (1)
Por José Castillo
28.12.2012
11:44 AM
Hermoso. No tengo palabras.
 
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