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¡Hey, Giordani, la economía se fue de rumba!

WILFREDO FRANCO |  EL UNIVERSAL
jueves 27 de diciembre de 2012  12:00 AM
La siempre inmadura Economía Venezolana se soltó el moño y acentuó su ya permanente rumba electorera con el loco Clientelismo Político y el Desaforado Gasto Público, pilares de la plataforma de la revolución, pero dos enemigos mortales de una sana economía. Con tanto dinero que el Gobierno puso en los bolsillos de la gente para que votara rojito, el aparato productor venezolano con las patas quebradas, la cola de barcos full de mercancías importadas en los puertos y la inmensa sed represada de dólares y euros, atizada por la desconfianza y la incertidumbre sembrada por el discurso y las decisiones puramente político-electoreras, recuperar la sindéresis de la economía descarriada va a ser tarea requete-complicada.

Durante el asueto de Navidad y Año Nuevo, y aun en enero con el dilema presidencial, pocos notarán lo que sucede, pero la resaca aparecerá más temprano que tarde, con escasez y la inflación más alta del planeta, una deuda tan inmensa como el tamaño del Estado, y, de ñapa, un escenario político harto complicado e incierto. Maestro, va a ser necesario hacer magia de la buena para medio acomodar esto. De todo corazón de la patria le deseo el mejor de los éxitos para salir del atolladero, pues no bastará con pedir no más regaladera, tampoco se resolverá esto con más endeudamiento chino, ni más estrategia cubana para manipular conciencias y ganar elecciones. En verdad se necesitará mucho, pero mucho más, para enderezar tanto entuerto en esta Venezuela pobre de gobierno súper-rico, mientras PDVSA aguante.

Estimado Giordani, tiene usted una auténtica y mortífera bomba de tiempo en sus manos y, aunque el bombero número uno se recuperara (¿?), no podrán ustedes desactivarla. Recordemos que la bomba que ustedes han estado armando durante 14 años va a explotar inevitablemente y que el retardo ha sido posible solo gracias a los petrodólares en abundancia, que como sabemos, así como han entrado al sistema político-social clientelar (por cierto nada nuevo porque existe desde que Juan Vicente Gómez lo creó por allá en 1926), así se volatilizan, dejando poco sembrado para el mañana.

Sin embargo, hay una solución mágica, única e infalible para evitar el abismo, que en Venezuela será no solo fiscal, que me permito sugerirle a usted y a los agentes políticos y económicos del país, tanto del Gobierno como de la oposición, para reencontrar no solo a la economía descarriada, sino a la propia República de Venezuela, nación que se ha venido desdibujando por décadas y, ahora, está en verdadero peligro de extinción para convertirse en una simple colonia cubana supeditada a los designios de China.  Debo advertir que esa fórmula, a pesar de ser simple e infalible, y de resultados extraordinarios en muchos países, es supremamente difícil y compleja de instrumentar.

Lo primero es el reconocimiento de todos y de cada uno, de que nadie tiene la solución por sí solo y que la construcción de un país requiere el concurso de todos. Ello pasa por descubrir que ganar elecciones y gobernar bien son dos cosas muy diferentes, y que la buena marcha de una nación es el resultado del entendimiento en una agenda mínima común entre gobierno y oposición, administradores y soberano, habida cuenta que el soberano somos todos y no solo los que se visten de rojo con el bolsillo abierto. El restablecimiento del diálogo para la construcción de esa agenda mínima común ni siquiera significa cambiar ciertos paradigmas pesca-votos, como son el cultivo del odio a la oposición, a la cual se adscribe a cualquiera que no sea sumiso y leal al terrible estado actual de las cosas, pero si dejar de lado la meta de destrucción de esa oposición para instaurar la hegemonía total, supuestamente el camino a la felicidad suprema, un fracasado absurdo en Cuba, que ha permitido la consolidación de la pobreza popular crónica y de la buena vida de la casta gobernante durante medio siglo.

Sea usted Maestro, más que ministro, y empuje hacia la vía de la concertación, en lugar de hacia la vía del sometimiento. Como ve, la solución es simple, pero harto complicada como la mente humana y los intereses personales o grupales. Ni gobierno ni oposición, y menos el soberano, pueden aceptar que habiendo tenido tantos ingresos, Venezuela esté transitando un túnel tan oscuro y tan lleno de desconfianza e incertidumbre sobre el futuro inmediato y mediato. Despertar de la pesadilla actual y actuar con responsabilidad de futuro es un asunto de conciencia venezolanista, no cubana, y está por encima del dilema presidencial.

wfranco01@gmail.com


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