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El resto de mi vida

Su vida estaba trucada por el paso del tiempo. Aquella mujer no parecía interesada en nada...

MANUEL ZAPATERO |  EL UNIVERSAL
miércoles 26 de diciembre de 2012  12:00 AM
El tipo recordaba su último encuentro en un bar de copas, con una bella mujer que con un rictus de tristeza en la boca y tras un par de tragos le dijo: «Tengo treinta años desde hace por lo menos doce. Aprovecha esta noche mi belleza antes de que amanezca, encanto, antes de que tenga cincuenta años el resto de mi vida». En un gesto de compromiso le abrió la causa de su tristeza, confesando lo cansada que se veía cada vez que se arreglaba por la noche frente al espejo del baño, sabiendo que la madrugada traería sus riesgos y que en cualquier momento descubriría la prisa voraz con la que estaba pasando el tiempo por su vida. Y llegará esa madrugada en la que cualquier mujer se da cuenta que, en cuestión de segundos, la belleza se desvanece y en cualquier rostro la partida de nacimiento deja paso sin remedio a la realidad de una juventud pasada. Por ello debe resultar terrible enfrentarse a ese momento en el que una mujer comprende que de su vejez ya no es culpable ni el espejo ni el fotógrafo.

Respecto a su relación con las mujeres, le consumía el principio que cada vez que desentrañaba un misterio, destruía al mismo tiempo una emoción y ese encuentro le hizo meditar nuevamente en la frase de aquella mujer: "el resto de mi vida". Le parecía el colmo de la desesperanza. No había otra salida. Su vida estaba trucada por el paso del tiempo. Aquella mujer no parecía interesada en nada. Solo buscaba un poco de su esplendor pasado. Confundido, el tipo acabó por aceptar, que cada vez que los hombres decimos que las mujeres son interesadas, probablemente lo hacemos sólo para no reconocer que en realidad son inteligentes.

¿Qué significado podía tener para él la frase "por el resto de mi vida?" ¿En qué parte de su vida podría ubicarla? Nunca se lo había planteado y por ello meditó buscando alguna razón, alguna causa, algún desencuentro en el cual pudiera encajar la citada frase. Afortunadamente, todavía no había llegado ese momento. Por ello pensó que quizás debería pedir lo imposible para retrasar lo inevitable.

mzapatero21@gmail.com



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