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El final de una "revolución"

Cuando las "revoluciones" terminan rápido es porque nunca lo fueron

GUILLERMO A. COCHEZ |  EL UNIVERSAL
viernes 21 de diciembre de 2012  12:00 AM
Hay revoluciones que trascienden con los siglos; "otras" que terminan cuando desaparecen del escenario sus "creadores". Lo vivimos cuando nos independizamos de España, como hizo de Portugal y los norteamericanos de los británicos. Gracias a Bolívar se impidió que España retomase lo perdido y en 1812 cuando los ingleses intentaron recuperar Estados Unidos.

Hay falsas revoluciones: traicionan los principios por los que supuestamente inspiraron su ideario de cambio profundo. Lo vivimos en Panamá en carne propia. En las elecciones de 1968 la clase política reflejaba grave descomposición. Se repartían el poder entre los grupos hegemónicos; la participación popular era un cuento; la marginación social agobiante. La fuerza pública servía de protector de los intereses que hacían y deshacían del Poder Público. Ese año, la oligarquía se dividió: los militares, hartos de estar en el medio como silentes árbitros, tomaron el control del Estado.

La llamada "Revolución de Octubre" que duró 21 años optó por el camino de "no alineados": "ni con la izquierda ni con la derecha: con Panamá". La mayoría apoyaba lo que se oía: alto a la compra de votos, fin de los políticos corruptos, transparencia en el manejo público, retornó una auténtica democracia en breve tiempo. Por tiempo duró; la "revolución" se transformó en "robolución": se entronizó en el país un populismo nunca antes visto; se multiplicaron los subsidios. Los militares fueron los "papás" de la población; sus redentores; así los someterían mejor. Se tomaron el Poder Judicial y el Electoral; desinstitucionalizaron el país. Se acabó el mérito en los empleados públicos; proliferó el amiguismo y el nepotismo.

Expropiaron grandes porciones de tierra; al llegar a la democracia hubo que pagar indemnizaciones a sus originales dueños. Se hicieron grandes obras, pero costaban dos y tres veces de su precio regular: se enriquecieron los cercanos a la cúpula. Se hacían elecciones pero sólo para escoger al llamado "Poder Popular", algo parecido a lo que existía en Cuba. Desapareció el corrupto órgano legislativo: ellos mismos dictaban las leyes.

Viví todo ese período, siempre oponiéndome al régimen militar; en más de una ocasión me encarcelaron. Sí es cierto que hubo algunos cambios positivos, como la reversión del Canal y el permitir el acceso de las clases marginadas a la educación y a ventajas sociales que antes desconocían. Todo ello a un gran precio: falta de controles y democracia. La deuda pública se aumentó en forma desorbitante. Los nuevos ricos se multiplicaron. Toda esta agonía duró 21 años y todavía seguimos pagando el precio que la privación de democracia auténtica nos causó.

Cuando las "revoluciones" terminan rápido es porque nunca lo fueron. El término fue usado para justificar la toma total de poder para usufructuarlo a sus enteras anchas, algunos haciéndose "no alineados" como los militares panameños, otros haciéndose pasar por "socialistas", repartiendo las migajas a un esperanzado pueblo que, al igual que en Panamá, por todos lados clama por justicia y libertad.

Embajador de Panamá ante la OEA

gcochez@covad.net



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Comentarios (1)
Por José R Pirela
21.12.2012
11:43 AM
La única diferencia entre Panamá y Venezuela es que los militares, asociados con las élites civiles, además del Poder Público, disponen de la renta petrolera, o sea, disponen de financiamiento propio, dándole autonomía propia, solo necesitan de la sociedad civil para que voten y legalicen la corrupción, despotismo y nepotismo. Pueden subsidiar a la clientela mientras el petróleo aguante.
 
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