Mi reclamo
Buena parte de los ciudadanos se exime de reclamar aun teniendo el derecho de hacerlo
ARGENIS ANGULO
| EL UNIVERSAL
sábado 15 de diciembre de 2012 12:00 AM
Aunque aparentemente la comunidad en general desearía que todo funcione, y que funcione bien, la verdad evidente es que no es así.
A pesar de la voluntad de muchos, con frecuencia se impone la de otros tantos, ya sea por los inevitables intereses particulares, ya por indolencia, ya por inconsciencia.
O en el mejor de los casos, por error o descuido. De allí que como ciudadanos, legítimamente podamos sentirnos inconformes por una promesa incumplida o cubierta a medias, por la prestación inadecuada de un servicio o incluso por la carencia de información clave oportunamente.
Sin embargo, como en lo personal, buena parte de los ciudadanos se exime de reclamar aun teniendo el derecho de hacerlo. Valga decir que el ejercicio y defensa de los derechos es regularmente un deber, de manera que quien tiene el derecho de reclamar, tiene a su vez el mismo deber, entendiéndose como partícipe de un sistema que desea mejorar y del cual forma parte.
Claro está, hacer uso de la palabra para manifestar una inconformidad exige del individuo firmeza y respeto a la vez.
Ha de ser lo suficientemente asertivo tanto para no quedarse egoístamente con una mirada que al no ser compartida no sirve para nada, como para hacerlo desde la necesidad de construir y mejorar, y no de destruir y empeorar. A tal fenómeno, en términos ideales lo denominamos "asertividad ciudadana"; y pudiésemos describirlo como la madurez necesaria para comunicar las inconformidades y molestias con el interés de ser partícipe de la mejora de algo que no está funcionando como debería funcionar, sin necesidad de ofender o maltratar.
Mi reclamo: nos falta comprender que si clamar es exigir, reclamar es exigir con respeto.
argenisangulo@gmail.com
@argenisangulo
A pesar de la voluntad de muchos, con frecuencia se impone la de otros tantos, ya sea por los inevitables intereses particulares, ya por indolencia, ya por inconsciencia.
O en el mejor de los casos, por error o descuido. De allí que como ciudadanos, legítimamente podamos sentirnos inconformes por una promesa incumplida o cubierta a medias, por la prestación inadecuada de un servicio o incluso por la carencia de información clave oportunamente.
Sin embargo, como en lo personal, buena parte de los ciudadanos se exime de reclamar aun teniendo el derecho de hacerlo. Valga decir que el ejercicio y defensa de los derechos es regularmente un deber, de manera que quien tiene el derecho de reclamar, tiene a su vez el mismo deber, entendiéndose como partícipe de un sistema que desea mejorar y del cual forma parte.
Claro está, hacer uso de la palabra para manifestar una inconformidad exige del individuo firmeza y respeto a la vez.
Ha de ser lo suficientemente asertivo tanto para no quedarse egoístamente con una mirada que al no ser compartida no sirve para nada, como para hacerlo desde la necesidad de construir y mejorar, y no de destruir y empeorar. A tal fenómeno, en términos ideales lo denominamos "asertividad ciudadana"; y pudiésemos describirlo como la madurez necesaria para comunicar las inconformidades y molestias con el interés de ser partícipe de la mejora de algo que no está funcionando como debería funcionar, sin necesidad de ofender o maltratar.
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