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Garantías electorales

JOSE ANTONIO GAMEZ ESCALONA |  EL UNIVERSAL
viernes 7 de diciembre de 2012  12:00 AM
Solicitar algún tipo de garantía donde no existe Estado de Derecho es una ingenuidad. Soy de los que sostiene que la ingenuidad es parte de nuestra forma de ser criolla. Una idiosincrasia que presenta grandes defectos, pero que al ser la propia no ofrece posibilidades de intercambio. Sólo es posible mejorarla, mas no cambiarla.

Estamos a escasos 9 días de unas nuevas elecciones. Los datos disponibles muestran claramente que el sistema electoral-clientelista del régimen está engrasado y listo para una nueva muestra de poderío. Cómo será que hasta el ungido por el Tótem para la gobernación de Miranda, hace declaraciones como si fuera gobernador electo. Una muestra más del doble discurso rojo.

Varios dirigentes responsables dentro de la alternativa democrática vienen denunciando, y haciendo pensar sobre lo que significan los abusos del poder electoral. Consignas como votar bajo protesta o voto castigo, han surgido en el discurso opositor. A los ciudadanos de a píe, como un servidor, todo eso suena a jingle publicitario. Adorna el discurso, pero no mejora el producto.

Desde la inquietud que produce ver los escasos recursos con los que contamos para reaccionar ante la violencia electoral del régimen uno se pregunta: ¿habrá algo que realmente podamos hacer para cortar tanto abuso?

Es obvio que no pretendo dar una respuesta unívoca a esa inquietud. Sin embargo, desde los pocos recursos con que contamos, y la cerrazón de la gran mayoría de poderosos chavecistas, creo que todavía podemos hablar fuerte y claro. No con un grito desesperado o histérico propio de los jefes de campaña rojitos. Sino con voz sonora, constante y firme, que recuerde a esos venezolanos que gozan de las mieles del poder que el fin de sus abusos se aproxima.

Al chavecismo hay que hablarle golpeado. Es la forma que utiliza el amado líder, y mire que le ha funcionado. No valen llamados a la unidad, ni formas de fraternizar. No, a esos señores y señoras, hay que recordarles dónde nacieron. Sin caer en el lugar común de que somos hermanos venezolanos –que por demás sí lo somos– sino para que recuerden que hay algo de ellos que siempre estará aquí. No es posible llevárselo a Cuba.

Las lealtades criollas duran lo que dura un mandato. No es que se quedarán sin seguidores, pero la soledad acompaña siempre. La soledad acompaña desde la carencia de conformidad con lo que somos, y sobre todo desde la carencia de compromiso con los que vivimos. El abusar del más débil, del necesitado y del contrario, termina pasando una factura difícil de pagar. El chantaje, por ser una forma de violencia, se revierte en violencia.

Por mucho que se trate de aprovechar la ignorancia de un pueblo para falsificar la historia, la realidad se venga.  El Micomandante presidente no es Perón, ni CK es Evita. Venezuela se independizó hace doscientos años, y nuestros militares no pelean una guerra (a Dios gracias) desde hace más de cien. Al imperio Yankee le importamos tanto como el precio del petróleo, y seguiremos viviendo de lo que da nuestro subsuelo. En este país el que no tira flecha toca –y baila– tambor.

Los sueños de proyección hemisférica vienen fracasando desde nuestra más temprana historia republicana. Las lealtades de nuestros hermanos países, son tan extensas como los ceros del financiamiento petrolero. Rusia, Irán, Bielorrusia y China quedan bastante lejos y tienen sus propios problemas, que por cierto no son los nuestros.

La única garantía electoral que podemos tener es votar, seguir hablando golpeado, protestando y denunciando el chantaje. Recordando también que los que se abstengan de hacerlo no son delincuentes. Puede que sean cómplices de la desgracia, pero es válido quejarse.

Jgamez@alumni.unav.es

@vidavibra


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