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Siempre continúe

CAROLINA GÓMEZ-ÁVILA |  EL UNIVERSAL
miércoles 5 de diciembre de 2012  12:00 AM
A quienes superan cualquier revés les llaman sobrevivientes.

Entre ellos, diferencio a los nacidos en la desgracia que convirtieron su aparente tragedia en triunfo envidiable; a los que fueron felices hasta que un gran infortunio casi los borra, pero se sobrepusieron para lograr su objetivo, y a quienes buscan la adversidad para poner a prueba su orientación al éxito.

Hace años descubrieron que las historias de estos tipos de sobrevivientes son efectivas para motivar a otros. Pareciera que enterarse de cómo alguien -fuera de todo pronóstico- logró superar  la catástrofe, estimulara la secreción de los neurotransmisores que inflaman nuestra pasión sin dilación.

Pero estas historias, ficticias o no, no ejercen efecto con igual intensidad en todos; y en los que más, no siempre por la misma cantidad de tiempo.  Así que el combustible podría durarle un día o dos, de modo que tendría que volverse adicto a fin de almacenar un mínimo de entusiasmo para cuando necesite dar todo de sí.

Por ejemplo, digamos que el objetivo sea recuperar la república. Primero habría que preguntarle si en realidad a usted le interesa para algo la república y qué tan arraigado sea ese deseo. La vehemencia es un gran síntoma, pero convendrá preguntarle si en realidad está dispuesto al esfuerzo que le espera. Y deba usted entender que lo hará a diario y sin fin; que su último aliento podría no bastar y que la perseverancia será compensada, pero nunca en la forma en que soñó.

También requiere madurez eso de seguir luchando por lo que no sabe si verá y, sin embargo, amarlo día tras día. De vez en cuando habrá de dejarse seducir por ese sueño, como si lo enamoraran sin darse cuenta. Y luego, aunque no lo sedujeran por amor, continuar.  Si su entusiasmo pervive después de la decepción, habrá triunfado. Se trata de soportar todos los embates y entender que tiene que darlo todo, todos los días, como si estuviera idílicamente enamorado y fuera correspondido.

O lo que es lo mismo, sintiéndose comprometido. Así votamos. Y si nos decepcionamos, bien de los resultados o bien del ganador, insistimos conscientemente como sólo se puede hacer cuando se ama, sin importar si se hará realidad.

Esa ha sido la receta de todos los sobrevivientes de todas las guerras mundiales y personales. Hicieron lo que tenían que hacer sin contemplar sus propias caídas de ánimo, sin llorar sobre la leche derramada. Una y otra vez.  Enfocados en el resultado deseado, con amor vehemente. Inspirando a otros que para que los imiten en su ejercicio ciudadano.

Recordando a la polémica Margaret Mead: "No dudes jamás de la capacidad de un grupo de ciudadanos conscientes y comprometidos para cambiar el mundo. De hecho, siempre ha sido así."

Aquí tiene un nuevo motivo para continuar.  Y cuando también se decepcione de éste, continúe.  Siempre continúe.

@cgomezavila


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