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Un manifiesto en el olvido

Algo está funcionando mal en los cultos predios del oficialismo

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ELÍAS PINO ITURRIETA |  EL UNIVERSAL
domingo 2 de diciembre de 2012  12:00 AM
Se están cumpliendo doscientos años de la aparición del Manifiesto de Cartagena, el primer documento público de Bolívar, y el gobierno no ha abierto la boca. Su autor lo dio a conocer el 15 de diciembre de 1812, cuando era todavía un joven sin presencia pública, cuando apenas era un soldado desconocido y derrotado, y el gobierno lo ha dejado pasar por debajo de la mesa. Es un texto que le viene de perlas a las orientaciones autoritarias del nuevo señor de la memoria colectiva, pero ese Heródoto tropical tan prolífico en otras ocasiones no le ha dedicado ni una solo minuto de cadena para hacer una apología. Lo mismo sucede con los historiadores "nuestro americanos" al servicio del régimen, que podían batear de jonrón la bombita más bomba que jamás les hubiera lanzado el pasado heroico, pero ni siquiera movieron el madero. Los propagandistas del Canal Ocho, tan solícitos en la alabanza del supuesto padre inspirador de la revolución, han preferido otros temas sin detenerse en el histórico documento. Por consiguiente, algo está mal, pero muy mal, por los predios del oficialismo.

En ese documento, el joven exiliado hace un análisis aterrador de la política sucedida en Venezuela hasta la fecha. Deja sin hueso sano la obra realizada a partir de 1810 y no contempla la alternativa de rescatar de su seno elementos positivos, o reminiscencias gracias a las que se pudiera llegar a un sobrio entendimiento del proyecto recién desmantelado. Al contrario, se erige en juez de un tribunal personal que cierra el espacio para un examen equilibrado de los políticos y los hombres de armas derrotados en la víspera; y también, desde luego, para una sentencia que hiciera justicia al esfuerzo llevado a cabo hasta entonces. Es un texto de caída y mesa limpia, un papel de tajantes rupturas, un empeño en alejarse de las raíces del plan republicano para cambiar del todo el rumbo de los negocios públicos. Si los lectores de la actualidad hacen una revisión desapasionada de su contenido, que no es muy extenso y podrán leer en apenas un rato, se darán cuenta de su cometido de abrupta separación de los orígenes republicanos. ¿Por qué no leerlo de nuevo, como me atrevo a sugerir, no sólo para entender lo que significó en su momento sino también para sorprenderse por el inexplicable olvido en el que lo ha arrinconado el oficialismo?

El texto crece en importancia debido a las ideas que presenta Bolívar por primera vez sobre el gobierno de las repúblicas hispanoamericanas visto desde su personal atalaya. Son ideas que no dejan de acompañarlo, juicios que repite en el futuro ante circunstancias diversas, apreciaciones a las que acude cuando debe reflexionar de nuevo sobre la sociedad con el objeto de sujetarla a su opinión, o a su búsqueda del poder supremo. El Manifiesto de Cartagena se puede considerar como pionero de un pensamiento que no abandona, o que sólo retoca o perfecciona en el futuro, según podrán descubrir los investigadores o los lectores comunes y corrientes si siguen la pista de cómo juzga el descalabro de 1812 y de cómo hablará de entuertos y soluciones posteriores hasta los tiempos de su declive y su muerte. Estamos, por lo tanto, frente a un documento de especial relevancia sobre cuyo contenido se puede cortar mucha tela para el entendimiento de quien lo redactó y de los límites del republicanismo que puso en práctica. Realmente nadie puede explicarse la razón por la que el presidente Chávez, tan aficionado a la historia hasta el punto de convertirse en su pontífice, no haya buscado tiempo para darnos lecciones sobre ese capítulo esencial del evangelio que profesa. Lo mismo se debe decir de sus acólitos en el gremio de los historiadores, quienes tenían dorada ocasión de responder a las enseñanzas de su maestro de la actualidad partiendo de lo que dice su inspirador de los tiempos de la Independencia, y han permanecido en insólito silencio.

No es aquí el lugar para un análisis pormenorizado del documento. De allí que sugiera que lo vean, para que se conmuevan con sus letras y para que piensen en el sospechoso mutis del gobierno ante lo que dijo Bolívar hace doscientos años. Para animarlos, aseguro que las afirmaciones de Cartagena son un prólogo de la Guerra a Muerte que el autor proclamará en el cuartel de Trujillo, en 1813, y de la dictadura personal que ejercerá de inmediato cuando se establezca en Caracas. De acuerdo con lo que afirma Bolívar en el Manifiesto, la república sólo se puede restablecer a través de un régimen que olvide el imperio de las regulaciones y los valores de la Carta Magna, debido a que los ciudadanos sólo congeniarán con el espíritu republicano cuando se les obligue. Pero, ¿cómo se les obligará a ser republicanos? No lo dice en el documento, pero lo hace más tarde: mediante un ejercicio férreo del poder concentrado en las manos de una sola persona, sin consultar a nadie sino en ocasiones especiales. Por allí van los tiros de una pieza fundamental del pensamiento bolivariano, que ha pasado por un desolado bicentenario. Apenas un grupo de historiadores sin relaciones con el régimen hizo su análisis en días pasados. Un documento como el que se ha comentado importa por sí solo, pero la manipulación de la historia que ha realizado el chavismo obliga a preguntarse por las razones de una inesperada indiferencia. Algo está funcionando mal en los cultos predios del oficialismo.

eliaspinoitu@hotmail.com



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Comentarios (5)
páginas:
1 |
Por Alfredo Augusto Galarraga
02.12.2012
2:59 PM
Nosotros tenemos que guardas distancias evaluar y meditar, y procurar nuestras propias soluciones a los problemas, nuestras propias formas. Tambien evaluar quienes se han prestado de caballos de trolla para sabotear nuestro desarrollo. Hace poco vi la entrevista al Amirante Carratu, todo lo que dice es cierto, pero le falto decir que Perez andaba jugando a democratizador de Cuba, cosa que no es ni era problema nuestro, y pienso que eso lo quemo. Y Castro esta detras de su caida. Hay cosas que no son casualidad.
 
Por José R Pirela
02.12.2012
12:18 PM
El Bolívar circunstancial del Manifiesto de Cartagena no tiene nada de ver con la república aberrante que hoy tenemos. Es más, criticó los mismos vicios de ahora. Aquel Bolívar luchaba la independencia de nuestro territorio; la República estaba aún en papel; y el colonizador y sus costumbres con nosotros. Por eso precisaba de la unificación de fuerzas militares y de ideas independentistas. Es la lógica del militar frente a la dispersión de fuerzas militares y la fortaleza del enemigo apertrechado en Caracas.
 
Por Alfredo Augusto Galarraga
02.12.2012
11:49 AM
Es verdad que un Bolivariano no puede ser Marxista, ademas que para un Americano del Sur, del Centro o El Caribe, es hacerla de tarado mental, ya que segun Engels, pueblos como los nuestros son inferiores y por los tanto deben ser diezmados...La izquierda en el continente se niega a ver y reconocer, que el Marxismo apesta. Nosotro tenemos nuestras propias fotalezas. Si queremos una verdadera independencia debemos romper la dependencia cultural y politica, no solo la economica.
 
Por Alfredo Augusto Galarraga
02.12.2012
11:13 AM
El fusilamiento de Piar no fue injusto,,,,Piar era un asesino y masacro a unos monjes y saqueo un monasterio eso determino su fusilamiento. En Venezuela, hay la perversa costumbre, de contar la historia, segun el propio punto de vista muy particular o que me simpatize. La historia no se puede manejar asi.Entiendo que se ha desatado una rabia contra Bolivar por la utilizacion sesgada de su imagen. Simon Bolivar pago ya su traicion a Miranda, no es bueno escupir para arriba, eso es lo que quisieran los realistas, que desafortunadamente estan vivitos y coleando. Y para colmo los tenemos entre nosotros.
 
Por jose paez
02.12.2012
7:04 AM
Por cosas así es que Marx despreciaba a Bolivar calificándolo de tirano, el ansia de poder llevó a Bolivar a traicionar a Miranda al entregarlo a los españoles, este es un episodio oscuro que los adoradores de Bolivar quisieran ocultar asi como también el injusto fusilamiento de Piar
 
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