Compartir

La cultura de los valores

AGUSTÍN ALBORNOZ S. |  EL UNIVERSAL
viernes 30 de noviembre de 2012  12:00 AM
Las diferencias raciales y culturales existen. No se pueden resolver simplemente siendo amplio de miras, sino adaptándonos y formando relaciones profundas con la gente que es diferente a nosotros.  Timothy Keller

Un amable lector hacía una referencia muy interesante sobre el último artículo que escribimos, según la cual los valores en una sociedad están sujetos a la cuestión cultural que predomine en dicha sociedad, al punto de que dependiendo de cuál sea la cultura que prevalezca en ella los valores van a tener o no influencia en los individuos que  la conforman. De acuerdo a la Real Academia Española existe una definición de cultura que es la siguiente: Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. Según esta descripción, efectivamente podríamos concluir que los modos de vida y las costumbres de las personas que constituyen una colectividad sí inciden en su proceder tanto individual como colectivamente. Hasta podríamos llegar a hablar de una cultura de valores y una de antivalores, que, sin duda, va a influir en cada persona que conforma una comunidad, sea ésta local o global.

Pero, como ya hemos mencionado en otras oportunidades, esta conclusión no anula la responsabilidad que tenemos cada uno de nosotros de acuerdo a las decisiones que tomamos en nuestro diario vivir. Nos ha sido dado el libre albedrío de escoger entre opciones diferentes a cada instante en nuestras vidas, y es aquí donde los valores cobran una gran importancia como marco de referencia para la toma de nuestras decisiones. Es decir, puede haber en una sociedad una cultura que abiertamente favorezca los antivalores, pero en definitiva somos cada uno de nosotros, los individuos que formamos esa sociedad, los responsables de decidir actuar de acuerdo a esa cultura o no. En este momento recuerdo un ejemplo de algo que ocurrió recientemente y que ilustra lo que estamos queriendo decir: en un momento en que había una seria escasez de leche, un amigo personal estaba en un supermercado y presenció que una señora llegó al lugar, cuando entró vio a un señor en la caja con varias latas de leche, en ese momento comentó en voz alta "gracias a Dios que aquí hay leche, he estado buscando para mi niño y no conseguía", al dirigirse al estante correspondiente no había nada, regresó a la caja y preguntó si había leche y le contestaron que no, entonces dijo con un acento más de tristeza que de reclamo que entonces por qué esa persona llevaba tantas latas de leche, y alguien le dijo que como trabajaba allí el dueño del negocio le autorizaba a llevar todas esas latas. La señora, una vez más con un tono de tristeza, aseveró "quiere decir que el niño de esta persona tiene más derecho que mi hijo...", y se fue.

Ahora bien, en este caso existía un problema real que era la severa escasez de leche, el cual se puede atribuir a muchos factores, económicos, especulativos, etc., lo cierto es que debe haber alguna explicación cierta para el origen de ese problema; sin embargo, el punto que queremos resaltar de acuerdo a lo que comentábamos es que indistintamente del origen del problema, en este caso la persona que estaba llevando varias latas de leche tomó la decisión de hacerlo sin pensar en las necesidades de otras personas, especialmente tratándose de un producto de primera necesidad para la población infantil, es decir, actuó egoístamente sin pensar en los demás niños. Si en vez de proceder así hubiese actuado en base al valor solidaridad, otros niños hubiesen recibido su muy necesario alimento en esa oportunidad.

Este es solo un ejemplo sencillo que muestra que sí podría haber una gran diferencia en nuestras vidas cuando resolvemos utilizar el poder de libre escogencia que nos ha sido dado para tomar decisiones más acertadas. En realidad y crudamente hablando no tenemos más opciones, ya que independientemente de las circunstancias que nos rodean, si dejamos que las cosas sigan así y no buscamos cambios importantes en nuestros hábitos de conducta, la situación actual se va a volver peor a medida que pase el tiempo; más aún, con actitudes negativas como la descrita estaremos contribuyendo a fortalecer una cultura ciudadana  cada vez más egoísta y agresiva, la cual estamos seguros que no es la que queremos para nosotros ni para las futuras generaciones. Y es por todo esto que renovamos la invitación a nuestros apreciados lectores para buscar aprender, paso a paso y con paciencia, a hacer de los valores nuestro modo de vida cotidiano.

agusal77@gmail.com

@agusal77


Más artículos de esta firma

Compartir
¡Participa!

Envíanos tus comentarios
Para escribir tus comentarios en las notas, necesitas ser usuario registrado
de EL UNIVERSAL. Si no lo eres, Regístrate aquí
correo (obligatorio)
clave (obligatorio)
Ingresar
El Universal respeta y defiende el derecho a la libre expresión, pero también vela por el respeto a la legalidad y a los participantes en este foro. Invitamos a nuestros usuarios a mantener un contenido y vocabulario adecuado y apegado a las leyes.
El Universal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de quién los escribe.
El Universal no permite la publicación de mensajes anónimos o bajo seudónimos.
El Universal se reserva el derecho de editar los textos y de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje no apropiado y/o que vaya en contra de las leyes venezolanas.
Comentarios (1)
Por José R Pirela
30.11.2012
10:21 AM
La manifestación circunstancial de la virtud de una sola persona no influencia en los valores de una nación. Pero la presión de la opinión pública sí puede influir en cambiar los antivalores provocados por la organización política del Estado Petrolero Rentista.
 
ESPACIO PUBLICITARIO
ESPACIO PUBLICITARIO
fotter clasificados.eluniversal.com Estampas
Alianzas
fotter clasificados.eluniversal.com Estampas
cerrar