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Constituyente de aire

Pensar que el Presidente estaría dispuesto a ceder sus poderes a una asamblea es sencillamente ridículo

RAFAEL J. CHAVERO GAZDIK |  EL UNIVERSAL
miércoles 21 de noviembre de 2012  12:00 AM
Un comentario del vicepresidente de la República, no sabemos si deliberado, ha desatado una fútil angustia o temor de volver a un proceso constituyente para adecuar la Carta Magna a los nuevos caprichos presidenciales. Esto ha marcado la pauta noticiosa de lo que va de la campaña regional. Si bien puede ser legítima la preocupación por el desmontaje institucional del Estado, no resulta lógico pensar que ello vaya a realizarse a través de una Asamblea Constituyente.

Es ingenuo pensar en una Asamblea Constituyente que no se necesita para nada o que pudiera ser contraproducente para el gobierno. Más aún con el invento de la llamada supraconstitucionalidad, lo que le permitiría a la asamblea asumir todos los poderes del Estado, mientras se elabora el proyecto de Constitución. Pensar que el Presidente estaría dispuesto a ceder sus poderes a una asamblea es sencillamente ridículo.

Es obvio que la voluntad del Presidente se impone por la puerta de atrás de la Constitución. La de papel es muy distinta a la real. En el 2007 se negó una reforma constitucional y lo allí planteado fue obtenido a través de leyes inconstitucionales toleradas por el resto de los poderes del Estado. Nadie puede dudar que el Estado Comunal hace tiempo que está previsto en leyes aprobadas y que la propiedad privada no es más que un concepto retórico que ningún tribunal está dispuesto a defender. El texto de la reforma constitucional se coló sin obstáculos.

Otra muestra es lo sucedido con la Convención Americana de Derechos Humanos. El artículo 23 de la Constitución le da jerarquía y prevalencia constitucional, y una decisión inconsulta del Presidente la deja sin utilidad práctica. Y en otros casos, el gobierno utiliza a su Sala Constitucional para modificar el texto fundamental, tal y como se hizo para quitarle a los Estados el régimen de administración y control de las autopistas, puertos y aeropuertos, sin reparar en el principio constitucional de la descentralización.

Es claro que para el gobierno la Constitución es lo que diga el Presidente, y no hay nadie que lo controle. No es necesaria ninguna Asamblea Constituyente para modificar algo que puede variar al antojo del mandamás. Se trata simplemente de una estrategia electoral, para mantener ilusionado a un pueblo que se conforma con migajas.

Alerta hay que estar si lo que se pretende es modificar la sucesión presidencial en casos de una falta absoluta, para ello sí se requeriría de una enmienda o reforma concreta. Pero entendemos que también el gobierno sabe que esa consulta la perdería, pues esa es la consecuencia de los gobiernos personalistas.

rchavero@hotmail.com



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