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Los dueños del espectro

SAUL GODOY GÓMEZ |  EL UNIVERSAL
martes 13 de noviembre de 2012  12:00 AM
No son fantasmas, pero para el hombre común son invisibles, viajan por el aire y debido a los adelantos científicos podemos comprender su naturaleza y cómo trabajan. Y, gracias de nuevo, a hombres entregados a la investigación, a empresarios, a civiles, a gente que arriesgó su capital en su desarrollo, es que podemos hoy hablar por teléfono, ver televisión en nuestros hogares, escuchar la radio y navegar por Internet; sería muy difícil concebir el mundo moderno sin esa posibilidad de transmitir data por el aire o por medio de redes seguras, recibir información de nuestros satélites y contar con sistemas de emergencias; gracias al espectro radioeléctrico es que hoy podemos contar con un mundo intercomunicado, llenos de antenas y embobinado de redes de fibra óptica.
Pero, antes del descubrimiento de las ondas hertzianas, nada de esto sucedía, el aire era aire, sin dueños, sin regulaciones, excepto aquellas que existían para quienes podían volar por medio de sus aparatos que desafiaban la gravedad.

Todo empezó gracias a la iniciativa privada, a genios inventores y capitalistas que creyeron en ellos, e invirtieron para conseguir los costosos equipos, para tender los cables y levantar los transmisores, para que la gente tuviera acceso a receptores económicos y pudiera escuchar y comunicarse por ellos; sin ese esfuerzo, el aire seguiría siendo solamente aire.

Estos adelantos trajeron como consecuencia un gran interés de empresarios que vieron en las comunicaciones un negocio, fue así como desarrollaron compañías, muchas de ellas interesadas en obtener un pedazo del pastel del nuevo medio.

Pero había el problema que las frecuencias y sus coberturas eran limitadas, empezaron las señales de radio a encabalgarse unas con otras, las interferencias eran frecuentes, a una determinada frecuencia le aparecían hasta cuatro y cinco dueños, fue un desastre. Por ello el gobierno tuvo que intervenir para poner orden en el ámbito de las frecuencias radioeléctricas; pero, en vez de regular el uso de la tecnología, en vez de hacer respetar la llegada de primero a una frecuencia, en vez de permitir que fueran los empresarios quienes desarrollaran el nuevo medio, algunos gobiernos se adueñaron del espectro, bajo la pretensión de que se trataba de un servicio público, y el éter (el medio por donde viajaban las ondas) era un espacio público, por lo que debería servir al bien público, es decir, en nombre del colectivo ejerce el control absoluto sobre el espectro, prácticamente un robo a mano armada, una vulgar expropiación.

Para los regímenes antidemocráticos y comunistas, la medida iba mucho más allá, se dieron cuenta de que si controlaban el espectro radioeléctrico podían controlar a la opinión pública, restringían la libertad de expresión y podían limitar la libertad de pensamiento; estos gobiernos y sus partidos políticos tendrían el control de la información, el entretenimiento y la cultura que una gran parte de la población recibiría.
Las radios y plantas televisivas fueron cerradas por la policía, sus equipos incautados, sus transmisores apagados, lo que llevó a la quiebra a muchas empresas, le quitó el trabajo a gran número de técnicos, artistas, vendedores, gerentes, pero lo peor, dejó al gran público en manos de los partidos políticos en el poder, quienes empezaron a aplicar la censura y las presiones sobre los pocos empresarios que aún quedaban y a obligarlos a transmitir lo que ellos querían, eliminando así la crítica a su gestión y apropiándose de una poderosa arma para perpetuarse en el poder.

La verdad es que el interés público no existe, es una ficción creada para que los gobiernos controlen parcelas de la actividad social, lo que existe en realidad es una sumatoria de intereses individuales propios de cada ciudadano, y como bien lo dijo Ayn Rand: "Se introduce un cheque en blanco para ejercer el totalitarismo en la industria", para que burócratas, funcionarios y simpatizantes del gobierno participen en comisiones, juntas, veedurías y organismos que supuestamente representan al público, pero cuyo fin es censurar, callar, intimidar y cerrar medios privados e independientes.
Es muy fácil apropiarse de una estación de radio o TV, de una frecuencia y dársela a personas que no tienen ni el interés ni la capacidad para organizar una actividad sustentable en el tiempo; es muy cómodo que sea el gobierno quien los financie y cubra las pérdidas de la estación por falta de audiencia.

Para acceder a  la radio, a la televisión o la telefonía se necesita no sólo de una fuerte inversión de capital y trabajo, sino de una labor constante para ganarse una audiencia, para tener un público que les garantice a sus anunciantes un mercado, que haya un retorno de la inversión para poder en el tiempo mejorar la programación, los servicios y el equipamiento.

Cuando el dueño del espectro es el Estado, nada de esto sucede, debe obligar a las dependencias públicas, a los cuarteles y otras instituciones relacionadas a tenerlos sintonizados.

saulgodoy@gmail.com



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Comentarios (1)
Por Rogelio Perihelio
13.11.2012
10:15 AM
La solución es más que obvia: El Estado no puede ser 'dueño' del espectro. Sus funciones no deben ir más allá de un ente regulador de aspectos técnicos, y nunca como agente punitivo o coercitivo.
 
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