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Pasemos la página

El país reclama nuevas voces, nuevos modos, ¡hasta otra forma de vestir!

ORLANDO VIERA-BLANCO |  EL UNIVERSAL
domingo 4 de noviembre de 2012  12:00 AM
Michel Maffesoli, sociólogo francés fundador de la sociología de lo cotidiano, conocido por sus análisis sobre la posmodernidad, ha defendido enfáticamente la idea de un cambio epocal. Para él los tres grandes pivotes de la modernidad (trabajo, razón y futuro), han quedado "en lo medieval". De lo que hoy se trata es de evitar dualismos e imperativos grupales, promoviendo una nueva dinámica emocional espontánea, del presente, creativa y sin disimulos éticos.

Para los posmodernistas una sociedad cabecea, cuando es incapaz de reconocer nuevos valores culturales. Michel Foucault mostró cómo todas las instituciones del siglo XIX se diseñaron sobre la base de la jerarquización ciudadana, relegando lo tradicional por lo político. Hoy nuevas formas de organización social permutan lo oficial por lo privado; el cálculo por calidad de vida; lo político por mí, y la temporalidad por un carpe diem (vivir el momento), donde la muletilla del contrato social y Estado soberano ceden ante lo personal. El deber ser ya no lo construye una leyenda humana, sino una urbana, más cercana a mí. Y esta leyenda se la perdió Capriles... El futuro era hoy, amigo mío.

En Venezuela hemos reducido la esperanza y la responsabilidad a un "paroxismo electoral". Un imperativo moral kantiano (y nietzscheano) donde lo bueno o lo malo, lo imponen dos polos de la sociedad. Chávez es la patria y Bolívar y Capriles un vagón de progreso. Un abstraccionismo que Heidegger califica como la inducción formal a un "no hay más que" (... ) lo que diga la revolución o lo que estipule su detractor. Perdimos la capacidad de improvisar y labrar nuevas identidades; de explorar otros caminos.

La lógica impuesta por voces eruditas valiéndose de un dominio aparente de conceptos y mayorías (¿?), satura la comprensión y la unidad. Hablar alto y fuerte a quienes creen que el 7-O hubo fraude, crea más quiebre e inmovilización. Periodistas, universitarios, empresarios, políticos, viejos y jóvenes, debemos ponernos de acuerdo y dejar lo exotérico, lo corriente de lado. Lamentarse es inútil, pero no aceptar críticas, es medieval. El conformismo intelectual por el voto, en un país cuyo gobierno ha hecho de él una herramienta artificiosa de legitimación, es caer en lo que Céline llamó, un esquema "sloganizado y blablatizado" que oculta la verdad: un régimen, un autócrata.

La impronta de un pensamiento meditativo, dizque moral y asertivo, que se excita por votar, nos divide a la oposición más que con el propio Chávez. Pasemos la página. El país reclama nuevas voces, nuevos modos, ¡hasta otra forma de vestir! El debate Chávez-oposición se agotó, por lo que urge un nuevo actor entre sociedad civil y pueblo... Maffesoli habla del reencantamiento del mundo. ¿Lo hace la oposición?

vierablanco@gmail.com T: @ovierablanco



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