CARACAS, martes 18 de noviembre, 2008 | Actualizado hace
Pese a que las leyes que rigen la actividad política
a veces resultan caprichosas, en general los resultados electorales
suelen compadecerse con el sentido común y la racionalidad.
Hace cuatro años existía una matriz de opinión
inclinada rotundamente hacia a los candidatos chavistas paras
las elecciones de alcaldes y gobernadores. Salíamos de
los duros años del paro, del 11 de abril y del triunfo
de Chávez en el referéndum revocatorio. En ese escenario
bastaba con que el presidente le levantara la mano a un espantapájaros
para que éste se convirtiera en líder triunfante
de la revolución.
Con las misiones en pleno apogeo, unas arcas que empezaban
a nutrirse de petrodólares y un gobierno relegitimado
ante una oposición acusada de golpista, injustamente
en la mayoría de los casos, resultaba obvio la consolidación
de un proyecto y un liderazgo que venía ahora a ocupar
y copar el poder regional.
Cuatro años después la situación es muy otra,
la tortilla se volteó y la mayor parte de los indicadores
proyectan un cambio sustancial en la actitud de los votantes.
Primero, el gobierno, que es Chávez, viene de una dolorosa
derrota que lo dejó huérfano de su proyecto y le
quitó, in extremis, el premio mayor del poder
ilimitado e indefinido. Luego, el bloque monolítico de
aquel chavismo del 2004, presenta ahora dos o tres boquetes
por donde se está produciendo una fuga de adhesiones
de la cual insurge una nueva tendencia política disidente
del chavismo. Tercero, ya el portaviones perdió buena
parte de su efectividad y los espantapájaros siguen siéndolo,
así Chávez les alce la mano una y cien veces. Cuarto,
el fracaso de Chávez, que es el de sus gobernadores y
alcaldes, golpea duro a quienes votaron por él y a quienes
no lo hicieron. La magia se difumina, la conexión mística
está fracturada y si buena parte del electorado chavista,
perdida la ilusión, no votará por la oposición
o la disidencia, tampoco lo hará por el chavismo oficial.
Falta ver qué pasa en la otra orilla. Si ese vacío,
generado por las carencias y verrugas del chavismo, puede
ir más allá de la desilusión y convertirse
en una postura afirmativa que trascienda la coyuntura y se
asuma como opción concreta en la obra de los nuevos gobernantes.
En todo caso, la tendencia hacia el cambio resulta tan clara
como lo era hace cuatro años por el chavismo. Pese al
ventajismo descarado, el uso indiscriminado de los recursos
del gobierno, la intervención desaforada de Chávez,
la manipulación emocional, y el intento polarizante,
la matriz de opinión luce, en general, inconmovible.
El sentido común parece imponerse una vez más.
Lo grave, para Chávez, es que la derrota, si ocurre,
no será la de sus candidatos sino la de él y con
ella la cancelación defintiva de su obsesión por
el poder.
rgiusti@eluniversal.com
03:38 PM. Nacional y Política. La Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, realizará la petición porque asegura que los instrumentos jurídicos actuales sólo establecen sanciones administrativas y no tipifican delitos o conductas que puedan ser penalizadas.
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