CARACAS, martes 02 de septiembre, 2008 | Actualizado hace
El temor que provoca el paquete de las 26 leyes no debería
ubicarse tanto en el lado de quienes adversan a este gobierno
y sus propósitos, sino de quienes las elaboraron y ahora
pretenden imponerlas con algo de disimulo y un frasco de vaselina
vencida.
Un gobierno que se hunde en su propia ineficacia, para no
hablar de la ruina moral, incapaz de recoger la basura, tapar
los huecos de las calles o garantizar el suministro permanente
de electricidad, carece de la autoridad y no se diga del poder
para cerrar el círculo del totalitarismo, presente en
su mentalidad y en sus ambiciones, pero cada vez más
desconectado de la realidad. Una casa es querer y otra poder.
Así como a Pdvsa la engordan asignándole funciones
que originalmente no le corresponden, logrando de esa forma
que ni produzca petróleo, ni transporte gasolina, ni
venda papas, ni forme atletas, así mismo el crecimiento
del estado y con él la magnitud de las responsabilidades
a su cargo auguran un colapso económico, productivo y
de servicios con las inevitables secuelas sociales y políticas
que habrán de derivarse como consecuencia.
En realidad lo de Chávez, en este momento, es una fuga
hacia adelante y la estrategia de polarizar sobre su figura,
que ya le fracasó el 2D, es una demostración de
que no concibe, a estas alturas, la posibilidad de frenar
el impulso que lo arrebata, como lo hizo antes, a la espera
de tiempos mejores. Quizás porque sabe que los tiempos
mejores no volverán, quizás porque, obnubilado por
los triunfos del pasado, haya perdido el rumbo o por tal vez
alguna otra recóndita causa imposible de barruntar aquí,
lo cierto es que así estén escritas y publicadas
en gaceta, las leyes terminan convirtiéndose en papel
mojado.
Otro gallo cantaría si esta mal llamada "radicalización
del proceso" la hubiera intentado hace cinco años, cuando
su palabra era ley, tenía el apoyo del 70% de la población
y los desposeídos ("con hambre y desempleo con Chávez
me resteo") daban la vida por él. Hoy, la tortilla se
volteó y el sentimiento de frustración y el desengaño
tienen el mismo tamaño de las siempre prometidas y nunca
materializadas promesas de redención, justicia social,
inclusión y reivindicación. El hombre que venía
"de las mismas gargantas del pueblo" es visto ahora como un
charlatán que cumplió su compromiso de una mejor
vida, pero sólo para él y para los felicitadores
que lo rodean.
De manera que si por asomo se le ocurre estatizar las panaderías,
inventar una guerra para enviar civiles al matadero o quitarle
la buseta a un chofer con el pretexto del bien común,
los sublimes objetivos del socialismo o la propiedad colectiva
(del estado, es decir, de él), sólo estará
poniendo el pie sobre el acelerador de una crisis terminal
de gobernabilidad que ya está en desarrollo y una de
cuyas expresiones se debe materializar el 23N. Así que
el asustado debe ser él y sólo él.
rgiusti@eluniversal.com
04:04 PM.
Economía.
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