Un punto de partida -¡no tan abstruso!- para "repensar a
Occidente" podría ser precisar bien la diferencia entre
la Matemática, la Naturaleza y lo Humano. Porque en realidad,
"Repensar a Occidente" es en lo esencial repensar al hombre;
precisar, hasta donde se pueda, ¿qué es el Espíritu?
La pregunta clave ante la que ha venido fracasando nuestra
Civilización. Una cultura que ha triunfado radicalmente
en la comprensión de todo lo demás: la matemática,
la naturaleza, la lógica, la citología, biología,
química, física cuántica, astronomía y
cibernética. Absolutamente en todo, menos en la captación
de lo humano. Es el salto tecnológico abismal entre el
hacha o la lanza y los arsenales nucleares como armas de guerra.
¡¡Sin que hayamos avanzado demasiado en el plano de la ética
en los últimos 10.000 años!!
Platón funda a Occidente, es decir, al pensamiento racional,
a partir de la matemática: ese conocimiento absolutamente
necesario e incontrovertible, frente al cual las opiniones
de los hombres no tienen ningún valor o sentido. Frente
al cual no caben para nada los "yo creo", "a mí me parece"
o "en mi opinión". Todas las creencias, los mitos y las
interpretaciones quedan sin efecto. La realidad matemática
¡¡es así!! Como la enuncia el teorema. Había nacido
la razón; el "Milagro Griego" que ponía a todas
las mentes de todos los hombres a funcionar de manera absolutamente
idéntica, ¡¡sin el menor espacio para la disensión!!
Platón funda (endeblemente) a Occidente al intentar
trasladar al plano de lo humano esta radical identificación
entre los hombres que se da en la matemática. Si pudiésemos
lograr en la esfera de la Justicia, la Piedad o la Dignidad
aunque sólo fuese una parte de la incontrovertibilidad
que la geometría nos proporciona ¡¡"estaríamos hechos"!!
Si existiese una (sola) Idea del Bien, la Belleza,
el Alma, el Ser, la Amistad o el Deber, la república
y la humanidad podrían funcionar armónicamente:
todas las diferencias entre los hombres se resolverían
razonando. Sin guerras, holocaustos o genocidios.
Aristóteles tuvo un segundo chance: él refunda
a Occidente, es decir, al pensamiento racional, a partir de
la Naturaleza. En esta esfera -aunque con menos rigurosidad-
hay también un conocimiento que es, hasta cierto punto,
incontrovertible y necesario. Buena parte de lo que los poetas
trágicos y el pensamiento mítico llamaban "el Destino",
se asume ahora como la realidad ineludible que el conocimiento
científico de la Naturaleza nos proporciona. Y, de nuevo,
Occidente se llenó de ilusiones: si tuviésemos del
Ser Humano, la Ética y los Valores, un saber parecido
al de la Physis, esto es, ¡¡si el alma fuese un ente
natural!!, si existiese -como se creyó hasta el siglo
XVIII- algo así como una Naturaleza Humana, otra
vez ¡¡"estaríamos hechos"!! Sin guerras, holocaustos
o genocidios.
Occidente necesitó de 2000 años -de Aristóteles
a Hegel- para comprender que ni la Matemática, ni la
Naturaleza, la Lógica, la Ciencia o la Razón, sirven
para comprender nada de lo Humano. Dos mil años
a la deriva, tratando de cuadrar una definición que nos
permitiese captar la supuesta ¡¡o inexistente!! "esencia"
del hombre. Dos milenios -desde el "Animal Racional" de Aristóteles,
hasta la "Imagen y Semejanza de Dios" del Cristianismo- para
aterrizar en Heidegger y en esa idea aterradora del hombre
como "Pura posibilidad de Ser". Es decir, 2000 años para
comprender que no tenemos ninguna posibilidad de conocernos
racionalmente... ¡¡Porque decir que somos una "Pura posibilidad
de Ser" no es mucho decir!!
emeteriog@cantv.net