Las negociaciones de la Ronda de Doha bajo el auspicio de
la Organización Mundial del Comercio (OMC) han muerto
una y otra vez. No obstante, con la excepción de los
burócratas en Ginebra, Bruselas y Washington, son pocos
los que están de duelo.
Esto se debe a que la economía mundial avanza sin un
tratado de la OMC. En los siete años en que se han extendido
las negociaciones de Doha, el flujo anual del comercio mundial
ha aumentado un 70 por ciento, la inversión extranjera
directa anual se ha incrementado un 25 por ciento y la economía
mundial se ha expandido en un 30 por ciento.
Estas tendencias pueden continuar, sobre todo si los gobiernos
aplican más reformas nacionales de "facilitación
del comercio". Así se denomina a la agilización
física y administrativa de los procedimientos necesarios
en el desplazamiento de mercancías a través de fronteras,
reformas que ya han contribuido a un generoso aumento en el
comercio mundial, las inversiones y la producción.
De hecho, experiencias pasadas demuestran que la facilitación
del comercio por sí sola podría contribuir aún
más por aumentar los flujos comerciales mundiales que
nuevas reducciones arancelarias. Por ejemplo, si en América
Latina se redujera el tiempo necesario para que las importaciones
y las exportaciones puedan cumplir con las aduanas y otros
requisitos administrativos al promedio de los países
en la OCDE, el comercio entre la región y el resto del
mundo aumentaría en $122.000 millones por año.
Si bien la reducción de aranceles por mandato ejecutivo
es, en efecto, un componente importante en el aumento del
comercio, el nuevo nivel de aranceles no puede mejorar el
flujo comercial si el procedimiento burocrático de aduanas
y la mala calidad logística y de comunicaciones prevalece.
En los países en desarrollo, la transacción aduanera
promedio implica entre 20 a 30 intermediarios y exige 40 documentos
diferentes para ser completada, según un estudio de la
ONU en el 2004.
Sin embargo, se han llevado a cabo grandes avances en la
facilitación del comercio. En los últimos tres años,
55 países han ejecutado 68 reformas para agilizar los
procedimientos. Colombia recortó en 10 días el tiempo
para exportar al extender los horarios de los puertos e implementar
un proceso selectivo de inspección de carga. Al modernizar
su sistema de declaración en línea, Brasil redujo
en un 50 por ciento los requisitos para el envío de carga.
Costa Rica disminuyó en una semana el tiempo de trámites
al permitir a los comerciantes enviar sus declaraciones electrónicamente.
República Dominicana abolió el requisito de una
factura consular. Si bien estas acciones han alentado una
mayor inversión y flujos comerciales, todavía quedan
mejoras por hacer.
El último informe Haciendo Negocios del Banco Mundial
ofrece la anécdota del exportador de pescado yemenita,
Tarik, quien no puede mejorar su estándar de vida por
la persistencia de procesos burocráticos que limitan
la exportación. Tarik puede vender atún fresco a
Alemania por un valor de $5,20 por kilo o atún congelado
a Pakistán a $1,10 por kilo. Por supuesto, él preferiría
vender todo el pescado fresco a Alemania. Desgraciadamente,
dado que toma en promedio 33 días para obtener el permiso
oficial para la exportación desde Yemen, Tarik sólo
vende 300 toneladas de atún fresco a Alemania y 1.700
toneladas congeladas a Pakistán, a un costo de oportunidad
de cerca de $7 millones de dólares por año.
El comercio aumenta cuando caen las barreras. Los aranceles
son barreras formales, pero también lo son la corrupción,
la incompetencia administrativa, el papeleo superfluo, los
monopolios del transporte y el uso de tecnología anticuada.
Los gobiernos están cada vez más motivados a reducir
estos obstáculos ya que las empresas, el empleo, la inversión
y el crecimiento se ven afectados por las políticas que
el país adopta hacia la facilitación del comercio.
Los acuerdos multilaterales para reducir las barreras formales
al comercio son buenos para todos. Pero, incluso si la tambaleante
Ronda de Doha colapsa, el comercio y el crecimiento económico
podrían seguir creciendo con reformas unilaterales correctas.
Daniel Ikenson es director asociado del Centro de Estudios
de Política Comercial en el Cato Institute (www.elcato.org).
Correo electrónico: dikenson@cato.org