La semana pasada tanto Chávez, su ministro de Comunicación
e Información y, a los pocos días el Vicepresidente
y la seguidilla de funcionarios repitieron a manera de "eco
adormecido de ese lamento" la "aclaratoria" según la
cual nunca, nunca, nunca, el mandatario venezolano había
ofrecido el territorio de nuestro país para el establecimiento
de una base rusa y, menos aún, se pensaba gastar la cifra
de 30 mil millones de dólares en la compra de armamento
(no dijeron si sería más o si sería menos).
Dicho eso, pensarían que el asunto quedaría en el
ayer. Olvidado. Pasada la página y adiós. Otra anécdota
más de lo que han calificado como una "confabulación
mediática". Ya no sólo de los diarios, televisoras
y emisoras nacionales, ni siquiera de los medios del Imperio,
sino nada más y nada menos que de los propios periodistas
rusos a quienes también les dio por inventar ollas podridas
para perjudicar al carismático líder latinoamericano.
En el mejor de los casos pudo haberse tratado de otro de
los "raptos emocionales" de Chávez, quien suele hablar
más de lo debido y luego vienen los arrepentimientos
y las planas enmendadas. Pero ¿y si no fue así?
¿Y si en algún momento realmente eso ha estado planteado?
¿Y si se trató de un globo de ensayo? ¿Y si
fue una filtración indebida de información? Porque
cuesta creer que los medios rusos se hayan puesto de acuerdo
para publicar un invento sacado de la nada. ¿Una mala
traducción? Todo es posible en la dimensión desconocida.
Pero también es verdad que en la amplia gama de posibilidades
quepa una en la cual en algún momento de esa historia
se esté apelando nuevamente a la tramoya, el "entaparado"
y la falsedad. ¿Por qué tendríamos que admitir
al pie de la letra la versión oficial, mucho más
aún cuando estamos bajo el síndrome de Pedro y el
lobo y ya cuesta creerle hasta la hora a este gobierno?
Este es el mismo régimen que nos dijo que Montesinos
no estaba en nuestro país, Chávez es el hombre que
nos aseguró que se quitaría el nombre si no resolvía
el problema de los niños de la calle. Él fue el
que aquel 13 de abril, luego de retornar al poder, con el
Cristo en la mano pedía perdón y llamaba a la reconciliación
nacional, también el que ha negado su relación con
la guerrilla de las FARC. Este es el gobierno que negó
que algún funcionario estuviera ligado con el caso de
la valija de Antonini Wilson y miren ya por donde va ese cuento.
Hasta el propio periodista mexicano Jorge Ramos, en un artículo
que denominó "Las Tres mentiras de Chávez" y que
publicaron varios medios latinoamericanos dio cuenta de la
falsedad de la palabra del susodicho cuando en medio de la
campaña electoral afirmó que él no aspiraría
la reelección, que no nacionalizaría ningún
medio de comunicación y que no atentaría contra
la empresa privada... Dirán ustedes... ¿Caben dudas?
mariaisabelparraga@gmail.com