Fue ostensible la frialdad que reinó en la rueda de
prensa que dieron los presidentes Uribe y Chávez al final
del encuentro que sostuvieron el pasado viernes 11. Ambos
tenían "cara de burro embarcado" y toda la audiencia
parecía estar asistiendo a un velorio.
Chávez dijo que la reunión "terminó bien".
En lenguaje diplomático esta calificación para un
encuentro de jefes de Estado es sumamente baja. Denota que
no hubo cordialidad, que se desarrolló en un ambiente
tenso y difícil y que los resultados han sido muy pobres.
Todo esto quedó constatado con el lenguaje corporal de
los dos jefes de Estado a lo largo de toda la visita y de
la rueda de prensa. También con los esfuerzos que hicieron
para reflejar cierta distensión introduciendo algunos
chistes malos en sus declaraciones. "El almuerzo estuvo
muy bueno. Comimos plátanos que no estaban ni verdes
ni maduros", dijo Chávez. A lo cual respondió
Uribe diciendo "plátano maduro no vuelve a verde". Esto
podría interpretarse como diciendo que lo hecho hecho
está y el daño causado no se puede reparar.
Chávez dijo que la reunión terminó "con optimismo"
y agregó "Comienza una nueva etapa. Hemos decidido retomar
el camino que veníamos construyendo. Vamos a recuperar
el tiempo perdido y ganar tiempo. Vamos a relanzar las relaciones
políticas, humanas, sociales, económicas. Comienza
una nueva etapa". Todo esto lo dijo Chávez con
una cara evidentemente "amarrada", como si estuviera
haciendo un gran esfuerzo para reconocer que es necesario
encaminar las relaciones colombo-venezolanas en el rumbo
de la cooperación constructiva, del cual no han debido
salirse nunca. Pero también denota que no hubo
ningún resultado concreto, sino que todo queda para el
futuro.
Chávez anunció que próximamente habrá
una reunión de los ministros de Relaciones Exteriores
y que ahora le toca a las Cancillerías y a las Embajadas
continuar el esfuerzo de normalizar las relaciones. Esto puede
interpretarse como que no hay la intención de celebrar
una nueva cumbre. Generalmente en cada cumbre se anuncia la
siguiente y en este caso hubo silencio al respecto.
Otro hecho sintomático del ambiente que prevaleció
es que el recorrido por las instalaciones de PDVSA en Amuay,
previsto en el programa oficial, fue suspendido. En
su lugar ambos mandatarios se reunieron en " tête tête
" durante aproximadamente dos horas en las que, al parecer,
acaloradamente se intercambiaron reproches. Lo qué ocurrió
en esa reunión solamente lo saben Chávez y
Uribe. Sin embargo, es evidente que se hicieron reclamos recíprocamente.
Uribe dijo que no podía revelar qué reclamos le
hizo a Chávez, pero sí cuál reclamo le hizo
Chávez a él. Dijo que Chávez le había
reclamado que no lo hubiera llamado por teléfono para
informarle que su papel en la mediación quedaba suspendido.
Uribe agregó: "Yo se lo acepté (el reclamo). Chávez
contó a su vez que Uribe le había reclamado
que lo hubiera llamado como lo llamó y que le había
contestado que se sentía muy herido en lo personal.
Esto último evidencia una vez más que las relaciones
colombo-venezolanas han estado sometidas a los vaivenes
del carácter y los cambios del humor de Chávez.
Es inconcebible que un jefe de Estado haga depender las relaciones
con otro país simplemente porque se "sintió herido
en lo personal". Los asuntos de Estado tienen que estar muy
por encima de los estados de ánimo y de los sentimientos
que en un momento determinado pueda experimentar un gobernante.
Estas dos anécdotas son sólo una traza de
lo que debe haber ocurrido dentro de esas cuatro
paredes donde, por lo que se sabe los dos presidentes
hablaron "a calzón quitao".
No es posible saber si el tema de la documentación
extraída de las computadoras de Raúl Reyes fue tocado
en esa reunión privada. Lo cierto es que durante
la rueda de prensa ni los periodistas ni los presidentes
se refirieron al asunto. Es comprensible que dentro del esfuerzo
por normalizar las relaciones bilaterales los presidentes
hayan decidido no hablar del tema públicamente y que
los periodistas fueron advertidos que ese era un asunto "tabú".
El presidente Uribe está en su derecho de silenciar el
tema a cambio del compromiso de Chávez de abstenerse
de vilipendiarlo como lo ha hecho en el pasado y de no volver
a enturbiar ni perjudicar las relaciones bilaterales. Nuevamente
prevalece el pragmatismo económico, comercial y financiero
sobre los principios y los valores morales.
Pero los venezolanos no podemos permitir que un asunto tan
importante pueda ser metido debajo de la alfombra como si
nada hubiera pasado. Los venezolanos tenemos derecho a saber
qué es lo que dicen los documentos de las computadoras.
Hasta ahora han sido revelados hechos y situaciones que comprometen
seriamente al presidente Chávez con las FARC. Se ha hablado
de cantidades importantes de dinero, de armas, de pertrechos,
alimentos, uniformes, protección, de santuario, de asistencia
médica y muchas cosas más que el gobierno de Chávez
le ha proporcionado a la narco-guerrilla-terrorista colombiana.
También han emanado informaciones según las cuales
la relación con las FARC no se limita al apoyo material
y asistencial sino que persigue objetivos concretos dentro
del proyecto político bolivariano-socialista-fidelista
de Chávez.
A una pregunta que sobre este tema le hicieron hace algunos
días al canciller colombiano, éste se abstuvo de
comentar y alegó que el asunto está en manos del
Ministerio de Justicia de Colombia. Ojalá que en Colombia,
país donde funcionan efectivamente las instituciones,
la justicia llegue a revelar toda la información sobre
las implicaciones de este asunto para que, llegado el momento
se puedan establecer responsabilidades e imponer las sanciones
que correspondan. No hay que olvidar que por una pequeña
ayuda que le brindó a Violeta Chamorro para preservar
la democracia en su país, Carlos Andrés Pérez
fue llevado a la cárcel y hoy soporta en el exilio el
grave trauma que le causó la ignominia de que ha sido
objeto. En el caso de las computadoras, los involucrados no
deben olvidar que a veces la justicia tarda en llegar
pero llega.
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