La envidia es un sentimiento poco sano y nada santo, es verdad,
pero hay casos de casos y cosas de cosas. Por ejemplo, cuando
se desea lo que no se tiene, pero de paso se es tan mezquino
de querer que esa persona tampoco lo posea, es el colmo de
la ruindad. Pero si, por ejemplo, uno desea algo tan bueno
como lo que tiene el prójimo, pero que él o ellos
lo sigan disfrutando por los siglos de los siglos, lo que
algunos calificarían como "envidia" otros pudieran decir
que se trata de "una aspiración". Algo así como
"¡ay, si yo también pudiera!", o "¡yo también quiero
algo así!". No hay un mal sentimiento ni mucho menos.
Tan sólo unas "ganas", un "querer", un "ojalá"...
Este preámbulo viene al caso para explicar lo que muchos
vivimos la semana pasada con los acontecimientos que rodearon
al rescate de Ingrid Betancourt y los otros secuestrados.
Son muchas las cosas que desearíamos tener por estos
predios: en primer lugar un líder como Uribe. Ante la
estridencia, el show, la "pantallería" con cineasta incluido,
los insultos, la truculencia y el montaje baratón que
vimos con "la liberación" de los rehenes coordinada por
el comandante, el sigilo, la prudencia, la planificación,
la inteligencia, la audacia y el coraje del Presidente colombiano.
En segundo término, una Fuerza Armada y policial tan
bien preparada y coordinada. Sin lemas trasnochados, orientada
hacia un fin. El escuchar el relato de los hechos tanto por
parte de los generales como de los propios efectivos rescatados,
dan cuenta de un nivel que dista mucho de la manera de expresarse
de nuestros dirigentes castrenses, quienes al parecer les
cuesta mucho ir más allá del lema "patria, socialismo
o muerte", mientras los irregulares entran como Pedro por
su casa en nuestro territorio.
En tercer lugar, una conciencia clara de unidad nacional
ante un enemigo común. Algo que llamó poderosamente
la atención fue cómo todo ese país aplaudió
sin mezquindad la acción del gobierno. Los más fuertes
opositores se sumaron al apoyo incondicional. El contraste
es rudo si vemos cómo aquí el asunto de la unidad
es un dolor de cabeza para "tirios y troyanos". Sin ocuparnos
de lo que está sucediendo en el oficialismo porque allí
hay todo un tema de una "dedocracia" irreductible, en el campo
de la lucha democrática los dirigentes se comprometieron
el pasado 23 de enero a constituir candidaturas unitarias,
más aún, en lugares de poder estratégicos.
Lo cierto es que ahora nos vienen con la historia de las candidaturas
múltiples y lo que fue un lema común que generó
tranquilidad en el colectivo, está en riesgo por puras
apetencias personales. Una vez más...
Definitivamente hay muchas cosas que aprender del hermano
país. Tal vez sean los años de guerra que los han
llevado tener muy claros los objetivos comunes... Ojalá
aquí no sea necesario tanto dolor para ponernos de acuerdo.
mariaisabelparraga@gmail.com