Exilios
A veces es difícil escribir. Ésta es una de esas
veces. La consecuencia con los lectores obliga a hacerlo,
para escudriñar hacia dónde se mueven los astros,
aunque la brújula tenga los campos magnéticos trastocados.
Hoy da por pensar en los exilios. En tanta gente valiosa desplazada
por la intolerancia de quienes se adueñaron del país.
El exilio de los que se han ido a otras naciones y el exilio
de los que, aun acá, son excluidos porque no comulgan
con la nueva escolástica. Algunas mentes brillantes andan
por allí, excluidas del campo público y también
del privado; del primero, porque el imperio escarlata los
odia; del segundo, porque le temen a la acción oficial.
No es sólo sectarismo. Esta era la práctica de
algunos adecos, copeyanos o masistas, según los casos,
para inclinar la balanza hacia los propios, pero sin que los
otros fuesen completamente excluidos; eran socios menores,
pero socios al fin, porque se necesitaban en el Congreso para
articular políticas, o en otros espacios, para no generar
polarizaciones. El sectarismo es una pésima práctica,
inexcusable, porque implica abusos, ventajismos hacia el otro,
aunque reconoce al otro. La exclusión radical es diferente;
en este caso, es la extirpación del contrario.
En la democracia venezolana hubo sectarismo, pero cuando
comenzó el deterioro, la exclusión selectiva se
inició. El segundo gobierno de Caldera ejerció la
exclusión de aquellos contaminados por el gobierno de
Carlos Andrés Pérez; el recurso para su apartamiento
era que estaban "demasiado identificados". Sin embargo, algunos
de sus ministros y altos funcionarios se permitían ciertas
amplitudes, producto de la vieja escuela democrática
de la cual el propio Caldera había sido cofundador. Fue
el tiempo en que se perdonó a Chávez, de acuerdo
al clamor de la opinión pública, y se mantuvo preso
a Pérez, sobre ese mismo clamor.
Más adelante, la condescendencia nacional encontró
al salvador vestido de militar. Había llegado el tiempo
de la justicia y comenzó la razzia de instituciones,
partidos, grupos e individualidades. "La nueva hegemonía"
se llamaba a la operación de limpieza política y
de pigmentación colorada que se cernía sobre Venezuela.
Ni qué decir la euforia que acompañó los blitzkrieg
sobre el Congreso y la Corte Suprema de Justicia, con el contentamiento
suicida de sus víctimas. El país entero veía
rebanar "al pasado", como las élites de entonces llamaban
a todo lo que, por cierto, las había producido. Pronto
vieron que la candela no se limitaba a los pajonales lejanos,
sino que el calorcito comenzó a pegarles más de
cerca; cuando se percataron, ya sus casas y haciendas eran
brasa. Más tarde, hasta los recintos de algunos de los
piromaníacos comenzaron a incendiarse, bajo la mirada
complacida del Comandante.
La exclusión es una política que apoyó el
país mayoritario cuando votó por Chávez, cuando
lo apoyó para la muerte de las instituciones, cuando
se contentó de los adecos, copeyanos, masistas, independientes,
que ahora eran perseguidos, excluidos, escarnecidos, botados
de sus puestos de trabajo. Ahora la exclusión no tiene
ese apoyo popular; pero, lo tuvo.
Las Listas. La
lista de Russián no es el comienzo de la exclusión.
Es un capítulo, y no es ni el más grave ni el más
doloroso. Ha de recordarse la Lista Tascón. Ha de mantenerse
fijo en la memoria el registro del Comando Maisanta. Hay que
impedir la amnesia con los botados de PDVSA. Y los militares
defenestrados.
La lista Russián es una infamia inaceptable. Allí
hay ciudadanos que son o pueden ser representantes de la voluntad
popular y que se les excluye como la manera del oficialismo
de deslastrarse de competidores; pero, debe tenerse en cuenta
que los de otras listas no fueron o son candidatos, sino ciudadanos
comunes y corrientes que perdieron sus trabajos, sus posibilidades
de vida profesional, y muchos vieron deshacerse sus familias...
El olvido de aquellas exclusiones sembró el camino para
las nuevas, más refinadas y útiles políticamente
al gobierno, en tiempo de elecciones. Uno de los aspectos
más intolerables de haber agarrado con pinzas la discriminación
es que, por ejemplo, aquellos héroes del petróleo,
poco a poco, a la luz de un sector opositor, han pasado a
representar a unos locos que pusieron la torta con el paro
nacional. O la exclusión que hubo con los militares a
los que se les quebró su carrera y apenas alguien levanta
la voz en su defensa, es acusado de golpista por el gobierno
y voces sonoras de la oposición.
Aceptar que a aquellos les dieron su merecido, sembró
el camino para las nuevas exclusiones. Por fortuna, parece
que la conciencia nacional se ha vuelto a despertar y bien
pudiera ser que, dada la debilidad del gobierno, ahora algunas
de las inhabilitaciones de Russián pudieran derrotarse.
La Otra Lista. Hay
más que pertenecen a la misma familia de los discriminados,
pero están en otro rubro. Son aquellos de los cuales
el país prescinde y están afuera de Venezuela porque
no tienen espacio profesional dentro; o siguen en el país,
pero no pueden prestar sus servicios al sector público
porque no son parte de sus dueños, ni tampoco son requeridos
por el sector privado, porque éste no quiere verse comprometido
ni expuesto a acusaciones de ayudar a escuálidos, contrarrevolucionarios.
Detrás de cada excluido hay un drama humano de inmensas
proporciones; pero, desde el punto de vista social hay otro
drama que es el de una nación que se priva de la participación
de mucha de su gente mejor preparada porque no se aviene al
delirio de quienes se cogieron estos pagos. Claro que hay
la esperanza de que la mayor porción de ese capital humano
y social que se acumula, allá afuera o aquí adentro,
servirá para la reconstrucción. Sin embargo, el
tiempo pasa, la nación se recuperará, pero las generaciones
se consumen improductivamente. Para muchos cuarentones de
comienzos de los noventa, el transcurrir de diez o quince
años de exclusión significa un completo desastre
existencial. Esa cuenta está viva y algún día
saldrá a relucir. El apartheid más terrible
es saberse excluido, discriminado, porque se piensa diferente.
Ahora muchos de los propios partidarios del gobierno que antes
practicaron el destierro de los adversarios, corren la misma
suerte. Cuando se pone a andar la máquina del rechazo
a la diferencia, sus engranajes no pueden parar y acaban con
los propios.
Nota Final. Sirva
este reclamo contra la discriminación como un discreto
homenaje a una joven y alegre mujer trágicamente fallecida,
que sin tener participación política alguna, hace
algunos años apareció en una lista elaborada sobre
las simpatías políticas del personal de Fogade.
En esa lista se le señaló como perteneciente a la
"oposición radical" por la simple razón de ser de
la misma sangre de un disidente. Era mi hermana.
carlos.blanco@comcast.net