América Latina finalmente fue tema de discusión
en la campaña presidencial estadounidense cuando tanto
John McCain como Barack Obama visitaron Miami recientemente.
Tal como se esperaba, Cuba fue el tema principal de sus discursos,
con ambos candidatos renovando el tradicional llamado a luchar
por la libertad en la isla. Si tan solo sus propuestas no
fueran más de lo mismo.
McCain declaró que él "no esperará pasivamente
a que los cubanos lleguen a disfrutar de la libertad y la
democracia", pero su propuesta fue exactamente esa: esperar
hasta que el régimen castrista repentinamente permita
elecciones libres y la existencia de una oposición. McCain
prometió mantener la política actual hacia Cuba,
como si los casi 50 años de embargo estadounidense hayan
arrojado resultado alguno.
La propuesta de Obama con respecto a Cuba es un poco más
atrevida, pero no llega a romper el status quo. El candidato
demócrata permitiría a los cubano-estadounidenses
viajar y enviar remesas a la isla sin ningún tipo de
restricción. No obstante, también prometió
mantener el embargo y la prohibición de viajes para el
grueso de la población estadounidense. Si bien recibir
más dinero y visitas de sus parientes ricos en EEUU mejorará
las condiciones de vida de muchos cubanos, La Habana continuará
tildando al "bloqueo" (como lo llaman) como un acto de agresión
de Washington.
El embargo y la prohibición de viajes encajan perfectamente
en la estrategia del régimen de los Castro de satanizar
a EEUU, al mantener a sus productos y a su gente lejos de
las costas cubanas. Desafortunadamente, poco cambiará
en este sentido en un gobierno de McCain u Obama.
No obstante, la visión general de McCain sobre América
Latina es mucho mejor que la de Obama. El candidato republicano
recalcó una vez más la importancia de los tratados
de libre comercio como piedra angular de la relación
de Washington con la región. Además, subrayó
el papel que juegan estos acuerdos comerciales en generar
prosperidad y fortalecer las democracias latinoamericanas,
renovando así su llamado a aprobar el TLC con Colombia
lo antes posible.
Por su parte, aunque varias veces habló de no tratar
a la región como un "socio secundario", Obama ofreció
una serie de políticas condescendientes que fortalecen
la imagen arrogante de EEUU que él dice querer erradicar.
Al proponer una "nueva alianza de las Américas" (¿otra?),
Obama ofreció salvar a América Latina de sí
misma. De acuerdo al candidato demócrata, el populismo
y el autoritarismo latinoamericanos son el resultado
del fracaso de EEUU de no involucrarse lo suficiente en la
región. Obama pareciera creer que solamente Washington
puede rescatarnos de nuestras propias fallas.
Obama, quien recientemente prometió "perfeccionar" a
EEUU, parece considerarse igualmente capaz de "atacar cada
fuente de miedo en las Américas" y declarar la
"libertad de la necesidad" en la región. De ahí
su promesa de "aumentar considerablemente" la ayuda externa
para América Latina, a pesar del récord mediocre
del asistencialismo en sacar de la pobreza a los pueblos alrededor
del mundo. Si bien los políticos de la región probablemente
aplaudan el ofrecimiento, darles ayuda externa a los gobiernos
en lugar de promover acuerdos comerciales que benefician directamente
a sus ciudadanos acentúa la percepción de que EEUU
ve a los latinoamericanos como "parientes pobres" en vez de
iguales.
Más preocupante aún es la receta de Obama contra
el tráfico de drogas. El candidato demócrata promete
intensificar la participación estadounidense en la región,
y brindar más recursos a los gobiernos bajo la condición
de "metas claras en cuanto a capturas de droga, procesamientos
de demandas de corrupción, reducción de la delincuencia,
y la cantidad de jefes de carteles capturados". La imposición
de "metas" sobre gobiernos soberanos es inconsistente con
la promesa de Obama de "respeto mutuo" entre EEUU y América
Latina.
Se ha hablado mucho sobre cómo América Latina ha
sido ignorada por la administración Bush y que, por ende,
necesitamos un mayor involucramiento de Washington en la región.
Esto es simplemente falso. La prosperidad y la democracia
dependen en última instancia de los mismos latinoamericanos
y las políticas que implementemos. EEUU puede ayudar
fortaleciendo los lazos comerciales entre ambos lados, no
dando limosnas. McCain parece entender esto. Obama todavía
no.
Coordinador de Proyectos para América Latina en el Cato
Institute
(www.elcato.org). jchidalgo@cato.org