Caracas sufre una desgracia que le fue impuesta por planificadores,
sin tomar en cuenta su propio desarrollo y que, por otra parte,
ha perjudicado e impedido el desarrollo natural de otras ciudades
y regiones del país: ser el polo de desarrollo más
importante del país. Caracas es centro y vértice,
en todo sentido. Hace mucho se ha debido eliminar esa condición,
descentralizarla. Ahora un gobierno militar o militarizado
y un Presidente guerrero, la han plagado de zonas militares
y de seguridad, que dificultan su propio desenvolvimiento,
el de sus habitantes y su gobernabilidad, convirtiéndola
en el primer objetivo militar, todo un absurdo para una ciudad
que puede ser fácilmente asediada y controlada tomando
sus entradas.
¿Terreno disponible?
Esa condición podemos observarla en La Carlota y en
Tazón en manos militares, que nos muestran lo que puede
hacer un militar cuando tiene a su disposición un terreno
vacío. En La Carlota, agotados los terrenos adyacentes
a la pista para construir caneyes y otros adefesios, hasta
residencias, ¿para quienes?, comenzaron a excavar, con
la intención de cubrir con otros el resto de terreno
disponible. Gracias a la solidaridad de los vecinos y de todos
los caraqueños, parece, sin que pueda asegurarse, que
por ahora no habrá mas terrofagia en lo que debía
ser otro parque, sin lagunas para atracar barcos, sin olas,
sin parque temático y sin construcciones, simple y únicamente
parque, que complementaría al Parque del Este, conectándolos
por medio de túneles que a la vez unirían el sur
con el norte. Nada de "poncheras" para poner barcos de juguete,
lo que fue siempre un gran "dolor de cabeza" para su diseñador,
el célebre Burle-Marx, quien casi lloraba cada vez que
recordaba cómo habían ofendido su bello parque con
ese mamarracho que, en todo caso, debería estar en La
Guaira o en Macuro. Que sean sólo paisajistas verdaderos
y probados, incluso internacionales, los que tengan voz para
intervenir, si es que se resuelve hacer un parque allí.
En el caso de Tazón, basta dar un paseo por allí
para ver una inmensa ciudad militar que comienza a levantarse.
Todo eso está fuera de lugar, como lo están Conejo
Blanco, Fuerte Tiuna, etc.
La militarización de Caracas es una desgracia que debe
ser corregida, sacando de sus límites todos los objetivos
y presencia militares y, por supuesto, eliminando todo ese
horror que son la horrible baranda y las estúpidas vallas
comerciales que han edificado a lo largo de la Autopista del
Este. Caracas debe ser una Ciudad Abierta.
El hijo malquerido
En cuanto al Cerro del Ávila, como se le dice popularmente,
hijo malquerido del Instituto de Parques, apenas podemos contemplarlo
hoy. Hasta hace 60 años, el Ávila no tenía
vegetación boscosa, salvo en las vertientes y cerca de
sus quebradas, solo Capín Melao, que teñía
de morado sus laderas cuando florecía. Así se puede
ver en retratos y en los cuadros de sus pintores Manuel Cabré,
Pedro Ángel González y otros, y así lo podíamos
contemplar desde cualquier parte de la ciudad. Hace años,
el instituto, con un deseo encomiable de reforestarlo, compró
y sembró semillas, se dijo entonces que las "sembró"
desde aviones y hoy podemos verlo tupido de bosques. Hasta
allí todo muy bien, pero muchas de las semillas eran
de eucaliptos, pinos y otras especies foráneas, que arden
fácilmente, que son dañinas y que han proliferado,
incluso fuera de sus límites. Otro dolor de cabeza para
Burle-Marx, defensor a toda costa del ambiente y de la siembra
sólo de plantas autóctonas en el Ávila, que
son muchas.
En Galipán
Por si fuera poco, hoy Galipán está plagado de
eucaliptos plateados, cultivo para flojos, sólo cortar
y cosechar las ramas que brotan del tocón de lo que hubiera
sido un árbol, sin el trabajo de sembrar, cultivar y
cosechar las flores, siembras que pronto desaparecerán,
como desaparecieron por la misma "reforestación" las
siembras de fresas del bosque, que galipaneros voceaban por
las calles de Caracas. Como consecuencia el bello paisaje
de Galipán está haciéndose cada vez más,
de color ceniza, feo, triste.
Comienzan también a proliferar, especialmente hacia
el este, núcleos densos de bambúes, otra planta
extraña y dañina, excepto para los pandas y en China
de donde es originaria, es muy difícil de erradicar y
arde fácilmente. Ojalá su siembra no haya sido ocurrencia
del instituto, aunque parece que sí le ha dado su visto
bueno. En el Country Club había un pedacito de calle
adornado con ellos, una curiosidad, pero alguien decidió
multiplicarlos en más de una de sus calles y ahora en
tiempos de sequía es una horrible mancha para esa bella
arborización, reserva y patrimonio de Caracas.
Frente a mi, la pantalla con las imágenes de la Misa
de Beatificación de la Madre Candelaria de San José,
en la que los caraqueños devotos son parte importante.
Así mismo, con devoción, nos toca defender este
valle y nuestra, una vez, bella ciudad.
ascannone@gmail.com