La Constitución de 1999 creó un nuevo derecho y
un deber a la vez: invertir en uno mismo y hacerse más
productivo, mediante los gastos en ciencia, tecnología
e innovación. Esta institución jurídica se
suma a los clásicos derechos/deberes que han existido
desde hace siglos, tales como los derechos y deberes a la
educación, al trabajo, a la justicia (jurados o escabinos)
y al voto.
La Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación
("LOCTI") está vigente desde el 3 de agosto de 2005.
El derecho y deber de invertir comenzó a materializarse
desde el 1° de enero de 2006.
La teoría de los derechos humanos de Kant creó
la noción del "deber perfecto" que consiste en afirmar
que "de cada derecho nace un deber". En el presente caso se
trata de un deber nacido hacia el mismo titular del derecho.
Obviamente, surgen otros deberes para el Estado (garantizar
ese derecho/deber, p. Ej.).
El Estado Democrático y Social, surgido de la Constitución
de Weimar se vio fortalecido, luego de la II Guerra Mundial,
en la Constitución alemana de 1947 por el vigor alcanzado
por los derechos/deberes ya dichos. En nuestro país,
se deben mencionar las constituciones de 1947 y 1961, las
cuales plasmaron normas similares. En 1999, con el Título
III constitucional el tema se vio renovado y fortalecido.
Son varios los Tratados Internacionales que le dan respaldo
global.
De otra parte, la Sala Constitucional del TSJ sentenció
que los derechos humanos constitucionalizados son lo mismo
que los derechos fundamentales. O sea, este derecho/deber
es universal, interdependiente, indivisible, inalienable,
inviolable e igual a todos los demás derechos.
La LOCTI tiene una base jurídica que le ha permitido
ser eficaz en la práctica, hasta ahora, como se ve en
la naciente relación entre las empresas, las universidades
y el Estado.
fernando.fernandez@bakernet.com