En reciente artículo, "CARACAS Y SU GABARITO", me refería
a cómo el concepto de "gabarito electivo" y otros hechos,
consagrados en las ordenanzas respectivas, ha tenido un efecto
pernicioso que ha contribuido al deterioro de Caracas.
Un buen ejemplo de miopía y timidez lo tenemos en la
avenida Francisco de Miranda. Cuando se decretó, se extendía
desde la Plaza Venezuela a Petare, con un ancho de 30 metros,
el máximo que entonces se concebía. Sin embargo,
estaba de por medio Sabana Grande, todavía un pueblo
foráneo, pero que comenzaba a valorizarse, precios todavía
ridículamente bajos, aún para entonces.
Al pensar su costo, sin considerar el futuro, se concluyó
que habría que reducir el ancho a 20 metros en el tramo
que comprendía a Sabana Grande, por lo "oneroso o costoso"
que resultaba expropiar la diferencia, 10 metros en el ancho
por una longitud cercana a un kilómetro.
Así se hizo y como consecuencia se perdió la posibilidad
de una avenida esencial para la ciudad, quizás la que
hubiera sido la más importante y lo que se tiene y se
tendrá siempre, será un "boulevard" que no fue diseñado
como tal sino una consecuencia de no pensar a 100, 200, o
mas años plazo, bulevar que es y será cada día
más, más bien un pasaje ante la importancia del
comercio que allí podía desarrollarse, que estará
siempre amenazado por la buhonería y, lamentablemente
y de modo especial para esos pequeños comerciantes, por
la delincuencia.
No sería extraño que dentro de veinte o treinta
años la avenida se continúe de 30 metros de ancho,
como debería ser, a través de la Plaza Brion y de
Sabana Grande.
Efectos dañinos
En cuanto el "gabarito electivo", sus efectos perniciosos
se pueden observar claramente en los trabajos de remodelación
del tramo de esa avenida que atraviesa al Municipio Chacao,
emprendidos con muy buen tino y que deberían ser ejemplo
de buena administración para otras alcaldías. Se
tienen hoy excelentes pavimento y aceras, y precisamente por
eso, se puede observar más claramente hoy, que no se
puede hablar de fachada en ellas. Hay un pastiche de fachadas,
una completa anarquía, que ha conducido a que, mientras
no se intervengan también todas las fachadas a lo largo
de ese tramo y permanezcan como hasta ahora, un muestrario
de diferentes gabaritos, convertidos en un laberinto de vallas
comerciales y fachadas pésimamente intervenidas por toda
clase de materiales baratos, desechables. Un perfecto mamarracho
y adefesio. Es una lástima que tan buen esfuerzo termine
en una obra inconclusa de lo que podría ser una excelente
obra urbanística, que no consiste sólo en calzada,
aceras e iluminación.
Beneficios
Ojalá los propietarios de esas edificaciones, en donde
me imagino debe radicar la esencia del problema y que deben
ser reacios a cualquier intervención o mejora, aunque
sea beneficiosa, se percataran de cómo sus edificaciones,
comercios y apartamentos podrían beneficiarse si la solicitaran
a la Alcaldía e inclusive contribuyeran económicamente
para la armonización, hasta donde fuera posible, de las
fachadas, lo que podría ser entonces una visión
agradable, casi un paisaje, para los transeúntes, vecinos
y para toda la ciudad. La Alcaldía, por su parte, debería
hacer el esfuerzo de lograrlo.
Mención aparte merece la pobre baranda divisoria, pobre
de diseño y pobre de materiales. Si no se disponía
de recursos era mejor no hacerla y mientras tanto educar a
peatones y choferes.
Bulevares
A propósito de bulevares, los establecidos en el Centro
y en otras parroquias, han sido delirios de alcaldes, sin
ningún estudio previo, hechos a rajatabla, autoritariamente.
Resultados: deterioro de la ciudad, empobrecimiento de las
zonas y de los comerciantes y propietarios, no muy diferente
que Sabana Grande.
En cuanto a avenidas feas, la avenida Libertador. Aunque
uno se acostumbra a todo, aun a los mamarrachos repetidos
en las paredes de la trinchera en la parte del Municipio Libertador.
Con un costo extra relativamente pequeño, esa trinchera
podía haber sido un paso subterráneo de principio
a fin de la avenida, como se hace hoy día en todas las
ciudades que se modernizan.
Hubiéramos tenido además una gran avenida superficial,
no sólo bella sino que trasmitiría sensación
de amplitud, de amplias perspectivas. Es otro aspecto que
los caraqueños van a desear dentro de cincuenta años:
amplitud en vez de encierro.
¿Planificación?
Hasta ahora, todo lo comentado tiene su origen en la falta
de planificación pensada en plazos de siglos. Todo está
sometido a la inmediatez. No hay tiempo para pensar ni para
hacer bien las cosas. Queremos disfrutar todo ya. No se piensa
en el futuro. Es el principal mal que nos afecta y, como consecuencia,
a nuestras ciudades.
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