Las inhabilitaciones producirán sorpresas de lado y
lado. Ya es visible el efecto que ella está causando
en el bando opositor, en donde la medida del Contralor ha
perturbado gravemente el diseño del esquema unitario.
Aunque las consecuencias negativas ya lucen inevitables, todavía
es una incógnita la profundidad del daño que ellas
le acarrearán al oficialismo. En el campo revolucionario
el dispositivo no lleva la firma de Russián: ha sido
el propio Chávez quien -mediante el "dedazo"- dictó
sentencia contra muchos de sus aliados, a quienes les prohibió
aspirar a cargos regionales y locales. El asunto tendrá
un costo y ni el propio Chávez está en condiciones
de adivinar su envergadura...
El caso es que el método de escogencia de los candidatos
revolucionarios lleva implícito un mecanismo de inhabilitación
tan demoledor como el que el Presidente le ha aplicado a sus
enemigos. No hay diferencias sustanciales entre el tratamiento
que se le otorga a unos y a otros: Chávez quiere decidir
quiénes son sus competidores y quiénes sus aliados.
Su pretensión de regular al máximo la dinámica
política lo arrastrará justo hacia el escenario
que trata de impedir. Son muchos los inhabilitados de la oposición,
pero sin duda muchos más los de su propio campo. Ellos,
los rojos, no tuvieron siquiera el derecho de presentar sus
nombres para probar suerte. Fueron reducidos a través
de las técnicas cuartelarias del mandatario.
A los aspirantes revolucionarios les fue impuesto un estado
de sitio, sin derecho a pataleo: Chávez le dio vigencia
a la reforma constitucional para poner bajo control a quienes
han sido sus fieles colaboradores. Los seguidores del proceso,
quienes han trabajado de sol a sombra por él, tienen
proscrito el ejercicio de sus derechos políticos. Pensar
que esto no traerá secuelas significa desconocer los
cambios ocurridos en la población bolivariana. El 2D
fue el corolario de un distanciamiento que terminará
acentuándose una vez se conozcan los nombres de los abanderados
de Chávez.
El chavismo no tendrá candidatos: ellos serán encomendados
del presidente, cuya suerte es una incógnita.
Las bases del PSUV se quejan porque sus votos no contaron
en el proceso de escogencia de sus autoridades. La queja ante
la farsa puede transformarse en cólera y la cólera,
en división y voto castigo. El juego de Chávez es
peligroso. El Presidente desconoce cuál será la
dimensión de las consecuencias del "dedazo", de las inhabilitaciones
rojas. El cacareo que vincula a las elecciones con el separatismo
busca una nueva polarización, y en caso de emergencia,
una treta para suspender los comicios.
Por ahora, sólo sabe el efecto que las inhabilitaciones
están causando en el mundo de la disidencia. El caso
de Leopoldo López es emblemático. Ha perdido la
serenidad para administrar su situación. Lo mismo podría
suceder en el chavismo.
Argelia.rios@gmail.com