España acaba de conmemorar el bicentenario del 2 de
mayo de 1808, fecha en que se inició su guerra de independencia
frente a los franceses. Para Venezuela la ocasión rememora
el punto de partida de su propia independencia.
Hace doscientos años, en efecto, el pueblo madrileño
se alzó espontáneamente contra la ocupación
francesa y contra la convocatoria forzada de los miembros
de la familia real a Bayona, donde se los despojaría
de sus derechos dinásticos sobre la corona española.
Comenzaba allí una lucha feroz en contra del invasor,
que habría de prolongarse por seis años.
El levantamiento generalizado contra los franceses se puso
de manifiesto a través del surgimiento, a todo lo largo
y ancho de la geografía española, de juntas provinciales
protectoras de los derechos de Fernando VII. Frente a la inoperancia
de las instituciones tradicionales de la monarquía, ahora
sometidas al orden napoleónico, estas juntas se transformaban
en expresión de la soberanía popular. Apelando al
derecho natural que emana del pueblo y que con igual carácter
podía ser cedido por éste al Rey, o a las instituciones
que a nombre del monarca fuesen creadas en circunstancias
extraordinarias, las juntas se hacían depositarias de
la voluntad nacional. De hecho, fue éste el punto de
partida del liberalismo español, que en 1812 habría
de plasmarse en la Constitución de Cádiz, una de
las más progresistas de su época.
En septiembre de 1808 las dieciocho juntas provinciales existentes
se fusionan en una sola: la Junta Suprema Central. Constituida
inicialmente en Aranjuez, la misma irá desplazándose
hacia el Sur, a tenor del avance de las tropas napoleónicas.
Finalmente se radicará en Cádiz, único punto
de la geografía del país en manos españolas.
Inaccesible a los franceses por su carácter de istmo,
y gracias a la protección brindada por la Armada británica,
Cádiz se transformará en el último baluarte
de la soberanía española. Desde allí se procurará
mantener la unidad del imperio de ultramar.
A partir de 1808 los mantuanos caraqueños aspirarán
a formar una Junta al estilo de las españolas. Sin embargo,
el gobernador Las Casas, por simpatía a los franceses
o por simple oportunismo político, lo impedirá.
Su sucesor será el célebre Emparan. Aunque inicialmente
designado como Capitán General de Venezuela por los franceses,
huirá a Cádiz donde la Junta Central lo designará
para igual cargo. Muchos en Venezuela verán la ambigüedad
de su comportamiento, como parte de una estratagema para colocar
a la provincia bajo control napoleónico. Eso, y la cesión
del poder detentado por la Junta Central de Cádiz a un
recién creado Consejo de Regencia, desatarán la
rebelión de los caraqueños.
El 19 de abril de 1810 se procede a la creación de una
junta similar a las aparecidas en España en 1808, recurriéndose
para ello a los mismos argumentos justificativos que dieron
nacimiento a aquellas. Al aceptarse la tesis de la soberanía
popular como base de su creación, era inevitable que
la declaratoria de independencia entrase en cuenta regresiva.
El 2 de mayo de 1808 fue así el necesario preámbulo
al 5 de julio de 1811.
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