Haití siempre ha sido un país caótico. Sin
embargo, este mes experimentó un nuevo tipo de violencia:
un disturbio alimenticio provocado por la intención de
los países ricos de combatir el calentamiento global.
Los haitianos se tiraron a las calles demandando que su gobierno
haga algo acerca del alto precio de los alimentos básicos.
Disturbios similares ya se han registrado en el Sudeste Asiático
y África. Es de esperarse que lo mismo ocurra pronto
en América Latina, donde los altos precios de ciertos
granos han llevado a las autoridades a elevar su grito de
protesta ante organismos internacionales.
Los precios de los alimentos están subiendo. Durante
gran parte de los noventa y hasta el 2005, el precio de la
soja en la Junta Comercial de Chicago había permanecido
relativamente estable, ubicándose aproximadamente en
$60 la fanega. Desde entonces se ha disparado en un 150 por
ciento hasta llegar a $156. El maíz se ha duplicado hasta
llegar a $60. Los precios del trigo se han triplicado.
Todo comenzó en Estados Unidos con la Ley de Política
Energética del 2005, la cual establece un aumento en
la cantidad de etanol que debe mezclarse con la gasolina.
Esta ley fue promovida como una manera de reducir la cantidad
de dióxido de carbono que emitimos, disminuyendo así
el temido calentamiento global. Hoy, el 15 por ciento de la
cosecha de maíz está siendo destilada para la producción
de etanol.
La ley requería la producción de 4.000 millones
de galones de etanol para el 2006 y luego un aumento anual
de aproximadamente 700 millones de galones. Peor aún,
el presidente Bush, citando al calentamiento global en su
informe a la nación del 2007, hizo un llamado a producir
35.000 millones de galones de etanol para el 2017, reemplazando
así un 20 por ciento del consumo actual de gasolina con
dicho elixir. Esto es cinco veces la cantidad dictada por
la Ley Energética.
¿Tendrá algún impacto la fiebre por el etanol
en reducir el calentamiento global? Veamos los números.
Estipulemos que de hecho un 20 por ciento del consumo actual
de gasolina en Estados Unidos es reemplazado de alguna manera.
El transporte constituye aproximadamente un tercio de las
emisiones estadounidenses de dióxido de carbono, por
lo que la medida reduciría las emisiones totales en un
6,7 por ciento si el etanol no contribuyese gases de invernadero
adicionales a la atmósfera. Todo el mundo sabe que este
no es el caso y muchos estudios indican que reemplazar la
gasolina con el etanol de hecho libera más dióxido
de carbono en la atmósfera que simplemente quemar la
gasolina.
No obstante, asumamos que se dé un ahorro de 6,7 por
ciento en las emisiones. Basándonos en información
reciente, el número de carros en las calles aumentará
por este mismo porcentaje en aproximadamente cuatro años.
¿Qué significa eso? Que se evitaría 0,01C°
de calentamiento global durante el próximo siglo. Uno
experimenta este cambio de temperatura en el ambiente durante
cada segundo de su vida. Ahora, extienda esta política
a todas las naciones del mundo en los cuales hay un número
considerable de carros (llamados países "Anexo 1" por
las Naciones Unidas) y la cantidad de calentamiento que no
ocurriría sería de 0,03C°. Nadie nunca podrá
lograr detectar estos cambios de temperatura en los registros
mundiales, los cuales varían naturalmente por aproximadamente
0,08C° de año a año.
No obstante, sustituir dicho 20 por ciento es imposible.
EE.UU. produce cerca de la mitad del maíz del mundo y
si convirtiéramos cada grano en etanol todavía nos
faltaría un 40 por ciento para alcanzar el objetivo determinado
por el presidente Bush. Para cumplirlo, necesitaríamos
encontrar una manera económica de hacer etanol de materiales
de plantas más crudas -el denominado etanol "celulósico".
No importa cuánto dinero gasten los gobiernos, a pesar
de décadas de investigación, nadie ha podido descifrar
cómo hacerlo de manera económica.
Por supuesto que no quemaremos por completo nuestra cosecha
maíz. Sin embargo, la tendencia continuará
hasta que la inflación en los precios de los alimentos
sea insostenible. En los países en desarrollo habrá
más protestas, algunas muy violentas, mientras que en
el resto del mundo no se podrá detectar ni un ápice
de cambio en el clima gracias al etanol.
Como Ashock Gulatoi, director del Food Policy Research Institute
en Washington, le dijo al Financial Times hace poco, "En última
instancia hay un costo de oportunidad entre llenar los estómagos
y llenar los tanques de diesel [o etanol] en los carros y
camiones".
El triste hecho es que el caos en Haití es solamente
el comienzo de un terremoto civil masivo que se desencadenará
conforme se establezcan más y más políticas
absurdas en nombre del calentamiento global. Esperen que la
próxima explosión sea en América Latina.
Patrick J. Michaels es miembro del Panel Intergubernamental
sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC)
y académico titular del Cato Institute. (www.elcato.org).