Horizontes imprecisos
Uno de los misterios insolubles de este tiempo es el de las
ignotas razones por las cuales los partidos de la oposición
no se acuestan en el piso para que el CNE entregue los resultados
del referendo del 2D. Tal vez no lo hagan por la tesis de
que no importa de qué color sea el gato, con tal de que
cace ratones y podría parecer ocioso indagar lo que pasó;
pero, lo que es ininteligible es que no lo hagan sabiendo
que los resultados del 2D son indispensables para saber no
lo que pasó, sino lo que puede pasar. Si no se reclaman
los resultados del referendo, ¿qué autoridad habría
para reclamarlos en próximas elecciones que podrían
ser -o parecer- disputadas? ¿Por qué pasar agachados?
Las Estrategias.El
movimiento opositor obtuvo un clamoroso triunfo el 2D. La
mayor parte de la sociedad se inclinó hacia la votación
(en contra de la abstención) y tuvo un éxito indesmentible.
Sin embargo, el esclarecimiento del tema de los resultados
es vital para saber las razones de la derrota del Gobierno.
Porque, como dicen en Barinas, una cosa es con guitarra y
otra cosa es con bandola.
Supóngase que la victoria opositora del 2D fue porque
la oposición estaba preparada y tenía cubierta la
mayor parte (70%) de las mesas, además de estar alerta
y unida; en este caso podría decirse que ni que el Gobierno
hubiese querido, habría logrado alterar el resultado
final. Pero, por vía de hacer más claros los argumentos,
supóngase que el Gobierno perdió porque se confió
mucho; se entregó en manos de la mágica figura de
Chávez y del efecto del realero, y cuando quiso activar
algún fraude no pudo. En el primer caso, la victoria
habría descansado de las destrezas de la oposición,
las cuales podrían mejorar cada vez más; pero, en
el segundo caso, la victoria habría dependido de las
torpezas de un gobierno demasiado corrompido y cansado que,
eventualmente, podría disponerse a no perder de ninguna
manera en 2008, porque asomaría la "guerra civil", según
insiste el Comandante. En el primer caso, existiría una
barrera moral o política que el Gobierno no querría
o podría traspasar; en el segundo caso, sólo habría
habido simple inadvertencia del oficialismo, a corregir en
noviembre.
Amputaciones.Los
partidos, poco a poco, han dejado de lado instrumentos estratégicos
que juzgan fracasados. La sociedad opositora fue a una insurrección
que tuvo mucho de espontáneo y que al final fue confiscada
por un grupito en abril de 2002; más adelante, se lanzó
al paro cívico al final de ese año. Como esos eventos
no concluyeron en la salida permanente de Chávez del
poder y fueron evaluados como fracasos, entonces lo fundamental
de la dirigencia opositora se persigna cuando le mencionan
insurrecciones o paros, no vaya a ser que la estén oyendo.
En 2003-2004 la sociedad civil se lanzó a la idea de
eyectar al Presidente por la vía del referendo; dado
que no se logró, entonces la idea de sacarlo del poder
antes de 2013 se ha vuelto anatema. En 2005 se impuso la estrategia
de la abstención de más de 80% de los votantes,
pero como los partidos -todos los cuales fueron abstencionistas
entonces- juzgan que fue una metida de pata, le cogieron alergia
a la idea de que la abstención pueda volver a rozar sus
cabecitas de estrategas.
El resultado de todas las evaluaciones que ha hecho el núcleo
dominante de la oposición partidista es que no puede
haber paros ni huelgas, tampoco abstenciones ni fuerte agitación
callejera, mucho menos plantearse la renuncia del Presidente;
al final el resultado es una política que sólo puede
proponerse la concurrencia a elecciones como única forma
de acción política.
Debe insistirse en que los paros, las huelgas, la abstención
y las peticiones o trámites para la renuncia presidencial
no implican golpismo alguno, sino el ejercicio de métodos
de lucha que los demócratas utilizan desde siempre. Es
a estos métodos diferentes a los electorales a los cuales
la dirección opositora ha renunciado, por lo cual no
hay mucho más que la concurrencia a los eventos electorales
y sólo atina a decir que Chávez estará en el
poder hasta 2013, con ocasión de la próxima elección
presidencial. Chávez, entonces, puede dormir tranquilo
porque nadie osará pensar que su carrera hacia la gloria
debe concluir más temprano. El súmmum de
esta postura puede observarse cuando ciertos dirigentes opositores
se hacen ascos con la consigna de hace algunos años:
"¡Chávez, vete ya!"
Lo Que Viene.
La única estrategia opositora que queda es la de la concurrencia
a la jornada electoral, lo cual no está mal si se observan
los resultados del 2D, pero parece insuficiente cuando se
ve que el país vive una crisis de gigantescas proporciones,
y los partidos, en vez de estar articulando políticas
sobre estos temas, están absortos en la disputa por las
candidaturas. El tema electoral no atraviesa la crisis sino
que se desenvuelve en sus márgenes más apartados.
Un ejemplo es lo que ocurre con la disposición oficial
de inhabilitar a Leopoldo López y a Enrique Mendoza como
candidatos. Ambos podrían ser los abanderados unitarios
y ganadores -si no hay fraude- en Caracas y Miranda, respectivamente.
Para evitar la inhabilitación sólo hay dos caminos:
las apelaciones tribunalicias, lo cual luce cuesta arriba,
porque coloca en las manos del Gobierno la decisión;
o un fuerte movimiento popular de calle contra la maniobra,
lo cual llevaría a confrontar la treta oficialista, a
no aceptarla y eventualmente a descalificar un proceso electoral
en que estos candidatos -ilegalmente- no pudieran participar.
Sin embargo, como la oposición se ha amputado las posibilidades
de agitar las aguas, no la vayan a acusar de golpista, no
parece tener más remedio que moverse entre el Tribunal
Supremo y la Corte Celestial. Otros candidatos deberán
suplir a los inhabilitados si esta prohibición persiste.
Complementos.Los
añadidos a esta situación no pueden ser más
lamentables. En el caso de Leopoldo López, parece más
o menos claro que si no es el candidato, Antonio Ledezma podría
ser la alternativa. Inmediatamente han saltado los que descalifican
a Ledezma; igual ocurre con los críticos de Hermann Escarrá
que se ha postulado en Anzoátegui. Quien esto escribe
no sabe cuáles son las posibilidades de los mencionados,
pero lo que es claro es que la mentalidad chavista hace estragos
dentro de los partidos opositores y, especialmente, de algunos
dirigentes que excluyen y discriminan, con los mismos argumentos
de Chávez. No falta quien busque apartar a Ledezma y
a Escarrá, y también a los de Podemos, a Baduel
y a Marisabel Rodríguez, porque éstos no tienen
el certificado de pureza antichavista que otorgan los estados
mayores de la oposición, algunos de los cuales han estado
bastante blanditos con el Gobierno. ¿Sustituir a un dueño
de la verdad por otros tan intolerantes como aquél? ¡Mal
negocio!
carlos.blanco@comcast.net