Mi adolescencia transcurrió entre los años finales
de la guerra mundial y la inmediata posguerra. Como siempre,
a toda América Latina y a Venezuela mucho más (y
ni qué hablar de Barquisimeto) llegaban con atraso los
desechos de guerra para la venta: los Jeeps, las chaquetas
de muchos bolsillos y las botas claveteadas. Como lo más
consumido, por ser lo más barato, era el cine, hasta
1950 estuvimos tragando películas de guerra. Al final
nos hartamos de aquellos bodrios donde todos los gringos era
buenazos y todos los japoneses malucos.
Cansados ya del temita, solíamos reunirnos en el cine
los más traviesos para gritar cuando aparecían gringos
gigantes y rubios vestidos con albas túnicas y japoneses
enanos y lívidos (todavía el color no llegaba) de
cuernos y cola dentada, una interjección más bien
críptica: "¡Pp, pp, pp!". Luego explicábamos a quien
nos preguntaba qué cosa queríamos decir con eso
: "¡Pura propaganda!".
Traviesos y alborotadores
Hoy, ya no son unos muchachos traviesos y alborotadores los
únicos en gritar así: cada día aumenta el número
de los gritones, de los que dicen "¡NO!" y no sólo al
meter un boletín de voto. Cada día son más
los venezolanos hartos de tanta mentira que ven, en cada acto,
en cada palabra, en cada respiro del atarantado de Sabaneta,
algo merecedor de la etiqueta y del grito: "¡Pp, pp, pp!".
Y son tantísimas las ocasiones para hacerlo, que uno
no sabe por cuál comenzar, lo cual forma parte del truco:
se trata, como dicen los franceses, de noyer le poisson,
o sea de "ahogar el pez", para confundir y hacer pasar por
muerte natural un increíble asesinato: ¡un pez ahogado,
válgame Dios!
Pero por algún lado hay que comenzar, y en este caso
lo haremos hablando de dos falsas libertades: la de los rehenes
en manos de las FARC y la de los rehenes en manos de Chávez.
En primer lugar, pronto se descubrió la engañifa
de la banda de "Tirofijo" tratando de hacer creer a la opinión
pública internacional que se trataba de un intercambio
de prisioneros de guerra.
Llamarlos como corresponde
Pero pronto, hasta ellos mismos, hasta el propio Chávez
aceptó llamar a los secuestrados por "Tirofijo" como
correspondía: rehenes. Aunque dándoles por
pereza mental un inmerecido barniz político, algunos
periodistas continuarán llamando "guerrilleros" a quienes
eran sólo bandoleros dedicados a lucrar con el secuestro,
el asesinato y el narcotráfico, en manos de una ley que
les ofrecía todas las garantías para su defensa,
y una opinión que cuidaba de sus derechos humanos; derechos
éstos que merece hasta el más endurecido criminal,
pero que la banda de "Tirofijo" ni siquiera ha pretendido
asegurar a sus rehenes. Palabra ésta que ahora
emplea toda la prensa: cuando Chávez se presentó
en Francia, el muy respetado Le Monde precisó
que se estaba frente a lo que la policía llama "una situación
de rehenes". Una situación que hace comprender todas
las concesiones hechas por el presidente Uribe, entre otras
cosas solicitar la mediación de quien él sabía
que era juez y parte, Hugo Chávez: la situación
de rehenes aconseja siempre ceder a todas las peticiones de
los captores, para proteger así la vida de los secuestrados.
Nuestro signo monetario
"Tirofijo" y su pandilla han tratado en los últimos
años de cobijarse bajo la bandera "bolivariana", acaso
pensando más en nuestro signo monetario que en nuestra
Guerra de Independencia. Y ni siquiera han disimulado el apoyo
de que disfrutan (esto en todos los sentidos de la palabra)
por parte del mandón venezolano. Pero por lo visto, su
mano tendida para recibir les ha impedido ver para conocer
quién era Hugo Chávez Frías, su ego desmesurado,
su narcisismo sin medida. Él no podía aceptar que
la FARC estuviesen acaparando con sus malhechurías una
atención que él cree le sea debida a él solo
y a nadie ni nada más, en todo sitio y a toda hora. Además,
estaba pasando por un mal momento, con la ardiente victoria
del NO en el referéndum que debía aprobar su presidencia
vitalicia. Entonces ideó, junto con "Tirofijo", un verdadero
show mediático para, hacer que (como dicen justamente
los colombianos), le "pararan bola" unos mass media
que parecían estarse desinteresando de él: las FARC
entregarían dos rehenes y un niño nacido en cautiverio
como un regalo a Hugo Chávez.
Como el alacrán
Pero como el cuento del alacrán, la mentira y el desprecio
por el dolor ajeno están en la naturaleza misma de la
banda de "Tirofijo", y le mintieron hasta al propio Chávez,
al cual dejaron colgado de la brocha, revelando así ante
el mundo entero que su supuesto dominio sobre sus clientes
era, para decirlo como aquellos liceístas de los años
cuarenta, "Pp, pp, pp": pura propaganda.
De igual manera puede llamarse su decreto de una sediente
amnistía. Jugando (como sus cómplices de la pandilla
forajida de "Tirofijo") con los sentimientos de los familiares
de los presos políticos; intentando tapar su fracaso
en Colombia, Chávez firma un decreto amnistiando no a
personas presas o perseguidas, sino delitos cuya condición
de tales no existe sino en la voluntad de Chávez quien
considera un hecho criminal toda oposición a su persona.
El fulano decreto equivale así a decir que se pondrá
en libertad a todo el mundo, a excepción de los que estén
presos. Algún asesor de Chávez debe haber leído
a Maquiavelo y su consejo al príncipe de mantener en
vilo a su pueblo con acciones espectaculares: así Fernando
el Católico con la expulsión de los moros y las
guerras de Italia. Pero así como el secretario Florentino
olvidó el descubrimiento de América, casi todos
los déspotas suelen olvidar que donde menos se espera
salta la liebre. Un salto que puede volver trizas el más
cuidado aparato de "pura propaganda".
hemeze@cantv.net