Estoy convencido de que el ignorante es ofensivo en su percepción
de la vida y el mundo, y sólo encuentra perfección
al mirarse al espejo. Si Cristo bajara, seguramente lo crucificaría
de nuevo; si apareciera Galileo Galilei, lo volvería
a sapear a la "Santa Inquisición"; ello, puesto que el
ignorante es inculto y está completamente desinformado
del desempeño de la humanidad.. Considera como propia,
y producto de su solo desempeño, cualquier información
que al azar encuentra del devenir histórico, obviamente
desconocida para él y, por consiguiente, nueva en su
patológica apreciación. Es decir, siente que con
él nació el mundo, pues él es el Adán
del planeta Tierra.
El ignorante es atrevido y no le teme al ridículo. Siempre
quiere dar la impresión de ser erudito en todos los campos
del saber humano. Por supuesto, en este punto empieza a jugar
el refrán popular que reza que "en el mundo de los ciegos,
el tuerto es rey", en el sentido de que el ignorante sólo
se rodea de seres más ignorantes que él, quienes
lo vitorean y halagan públicamente, aunque seguramente
se mofan en privado, aceptando gloriosamente el sacrificio
de ser observados a su lado, a cambio de unas monedas. En
poquísimas ocasiones, el ignorante no sopesa adecuadamente
las cualidades intelectuales de sus compinches, lo que lo
lleva a regodearse con seres inteligentes. Indefectiblemente,
éstos tienen dos destinos: la expulsión o la imbecilidad.
Todo lo que toca, el ignorante lo destruye; y el único
tiempo que sabe conjugar es el futuro: haré, construiré.
El ignorante ha desempolvado al intempestivo comunismo. Siente
que lo inventó, no obstante algunos osan mencionarle
que está comprobado que el comunismo conduce fatalmente
a la miseria humana y al retraso social, económico y
tecnológico. Nunca se enteró, a pesar de que aconteció
durante su vida, que todos los países comunistas se convirtieron
al capitalismo y ahora son prósperos. De alguna manera,
localizó figuras nefastas como Stalin y Mao, odiadas
y rechazadas fuertemente por las sociedades que sufrieron
sus desmanes tiránicos. Su ignorancia es tan grande que
lo hace impermeable a las críticas que desatan sus alabanzas
hacia tales personas en las visitas hechas a los países
que sufrieron los agravios de estos monstruos sociales.
Quizás recientemente leyó, en algún panfleto
amarillento de la "Alianza para el Progreso", algunas ideas
vetustas acerca del cooperativismo y la centralización
del poder, pasando por primitivas formas endógenas de
producción de bienes y servicios. Tan magno descubrimiento
lo impulsa a desconocer los avances científicos, tecnológicos
y comunicacionales existentes, que permiten hablar de la globalización
planetaria. Para él, no hay tal cosa como la aldea global,
donde la información fluye a velocidades nunca imaginables,
poniendo a los seres humanos en contacto virtual, y en tiempo
real, unos con otros y con los de más allá de las
fronteras naturales de los propios países. Jamás
el ignorante aceptaría tal reto, pues su mundo se circunscribe
a su propia ignorancia, siendo un ábaco el artefacto
más refinado que ha podido tener en sus manos.
Triste es vivir con un ignorante; estúpido es consentir
que un ignorante nos viva. ¿Por qué se permite a
ignorantes destruir naciones? Para los desafortunados que
vivencian esto en sus países, les recomiendo que hagan
suyo el extraordinario artículo 350 constitucional venezolano.
Abogado
romerromero@intercable.net.ve